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El desarrollo de Satán y la fragmentación de Dios

En el principio, Dios trabajaba solo. Aunque estuvo acompañado de otros dioses, su papel era irrelevante porque era omnipotente. Pero si fuera así, ¿por qué le ocurrían cosas malas a los humanos, sin importar lo devotos y fieles que fueran? Para ello surgieron unos agentes en quienes Dios delegaba el trabajo sucio, como el ángel de la muerte o destructor (Mashḥit). Entre ellos estaba Satán (hassatan, "adversario").

Apariciones bíblicas

Antiguo Testamento

En la Biblia, la palabra hassatan tiene varios usos diferentes, pues se usa para referirse a un adversario mortal (p.ej. 1 Samuel 29:4, 2 Samuel 19:17–24, 1 Reyes 5:4, etc) o uno angelical (Números 22:22-35, libros de Job y Zacarías, 1 Crónicas 21). Un detalle importante de 1 Crónicas 21 es que cuenta de nuevo la historia del censo de Israel que hizo David (2 Samuel 24) con una pequeña diferencia, no es Dios quien le anima a hacer el censo, sino Satán, ahora como nombre propio, sin artículo definido:
Y volvió el furor de Jehová á encenderse contra Israel, é incitó á David contra ellos á que dijese: Ve, cuenta á Israel y á Judá.
2 Samuel 24:1
Mas Satanás se levantó contra Israel, é incitó á David á que contase á Israel.
1 Crónicas 21:1
Ahora bien, podréis estar pensando que he ignorado la aparición más destacada de Satán o el diablo, aunque no lo haga en forma humana o angelical. Me refiero a la serpiente del jardín del Edén que entregó la manzana a Adán y Eva (Génesis 3). Pues bien, ni hubo manzana ni hubo diablo. El texto simplemente se refiere a una fruta, pero la similitud en latín entre malus ("mal") y malum ("manzana") hizo el resto del trabajo. ¿Y la serpiente? Simplemente era una serpiente de creación divina que hablaba. Los animales hablan ocasionalmente en la Biblia, como podréis ver si consultáis Números 22:22-35.

Entonces, ¿por qué se suele decir que la serpiente era el diablo? Por la interpretación del periodo intertestamentario (200 a.C.- 200 d.C.). En la Biblia hebrea no hay menciones que conecten a la serpiente con el diablo. Esta interpretación pudo tener influencia externa, como en la Epopeya de Gilgamesh, donde una traicionera serpiente le roba la planta de la inmortalidad al protagonista mientras se baña. Además, en Vida de Adán y Eva o Apocalipsis de Moisés (s. I d.C.), Eva responde: "El diablo me respondió a través de la boca de la serpiente" (17:4). Igualmente, en Sabiduría de Salomón se le conecta indirectamente: "A través de la envidia del diablo se introdujo la muerte en el mundo" (2:24). El Nuevo Testamento eliminaría toda duda en Apocalipsis 12:9 y 20:2.

Resumiendo, en el Antiguo Testamento, Satán no era el epítome del mal.

Periodo intertestamentario

El libro de Daniel (s. II a.C.) habla de Gabriel y Miguel, pero no de Satán como tal. En su lugar, habla de los vigilantes (Daniel 4:17) o vigilante (Daniel 4:13, 23), pero volverán a aparecer a continuación. El primer libro de Enoc (200-60 a.C.) habla de ellos del capítulo 6 al 36 (Libro de los vigilantes o Caída de los ángeles) donde los "hijos de Dios" (benay elohim) lujuriosos, liderados por Semyazza, descienden de sus posiciones divinas en las corte celestial y engendran descendencia con las mujeres humanas. A diferencia de Génesis 6:1-4, su descendencia no son héroes, sino gigantes llamados nephilim que a su vez engendran espíritus demoniacos. Dios manda a los ángeles para acabar con ellos y, tras setenta generaciones, los demonios son desterrados y condenados al tormento eterno.

Entre esos ángeles caídos estaba Azazel, quien además de copular, enseñaría a los humanos el arte de la magia, a crear armas y a maquillarse (1 Enoc 8:1). Azazel es la fuente de todo pecado (1 Enoc 9:6; 10:8). Sin embargo, para cuando se escribieron los últimos capítulos, Azazel desaparece y Satán se queda con el papel de malo malísimo (1 Enoc 37-71).

El libro de los Jubileos (160-140 a.C.) reescribe los relatos del Génesis y el Éxodo, incluyendo el descenso de los vigilantes que, aunque descienden para enseñar justicia y rectitud a los humanos, acaban cediendo a la lujuria y producen las mismas consecuencias descritas. Las acciones negativas de Dios son atribuidas a otro. Así, la orden de matar a Isaac o el intento de matar a Moisés no fueron obra de Dios, sino de Mastema. Mastema, o Belial en una ocasión, es el líder de los ángeles rebeldes. Sin embargo, a diferencia de Enoc, los rebeldes no son condenados, sino que a petición de Mastema, este se queda con una décima parte de ellos a sus órdenes. En este caso, no se aclara si Mastema es la fuente del mal o simplemente se aprovecha de las inclinaciones malignas de los humanos.

En el libro de los Jubileos, se menciona a Satán, pero no sustituye a nadie. Dos de sus cuatro menciones dicen que llegará el día en el que no tendrá poder y en la última mención se le equipara con Mastema (Jubileos 10:11).

Los Pergaminos del Mar Muerto muestran a Satán como líder de una legión de seguidores terrenales y celestes enzarzados en una batalla cósmica con Dios. La ocupación extranjera de Palestina era considerada prueba de ello, pero también pensaban que el dominio de Satán tenía los días contados. Esta época es muy prolífica en textos religiosos y Satán recibe numerosos nombres: Azazel, Mastema, Belial, Samael o Belcebú. Esos nombres podían tener orígenes distintos, pero estaban unidos bajo el título de príncipe de los demonios.

En Vida de Adán y Eva, además de aparecer como serpiente, Satán se niega a arrodillarse ante un ser inferior como Adán, por lo que sería expulsado por su orgullo. Esta historia también se contaría en la tradición musulmana. En el segundo libro de Enoc, Satán pecaría también de orgullo, no de lujuria, tras ser expulsado por un "golpe de estado". Por ello vuela sin cesar sobre el abismo (2 Enoc 29:5-6). Entonces, con la reinterpretación de Isaías 14:3-23, donde se mofa del rey de Babilonia diciendo que cayó como el lucero del alba, fue entonces cuando se conectó a Lucifer y Satán. Su pecado de orgullo pudo ser una reinterpretación de Ezequiel 28:17-18, donde originalmente se refiere a un rey de Tiro.

Nuevo Testamento

En el Nuevo Testamento, Satán aparece en 568 ocasiones, pero sigue siendo el adversario. Actúa como la antítesis de Jesús, su enemigo, que actuará cada vez con más osadía hasta ser arrojados a un lago de fuego y azufre para ser atormentados eternamente (Apocalipsis 20:10).

Cada evangelio es producto de su tiempo y revela las preocupaciones de sus autores. El evangelio de Marcos, escrito probablemente al final de la primera guerra judeo-romana, tiene un tono apocalíptico y muestra la intención de acabar con el dominio de Satán sobre la humanidad. El evangelio de Mateo, una década posterior, muestra a Jesús como un maestro supremo, ofreciendo a sus discípulos entre el bien y el mal, la luz y la oscuridad. En esta época, su comunidad está opuesta por los fariseos, a quienes se muestra como "hijos de la oscuridad". Sin embargo, Lucas no se muestra tan crítico y no mete a todos los fariseos en el mismo saco. Lo que sí consigue es ofrecer a un Satán más insidioso y oportunista, que tras las tentaciones del desierto se retira temporalmente hasta que entró en Judas (Lucas 22:3). En Hechos de los apóstoles, al compartir autoría con Lucas, se nos muestra a un Satán similar, autoproclamado dueño del mundo (Lucas 4:6; Hechos 26:18).

El evangelio de Juan es más metafórico, representando el conflicto entre la luz y la oscuridad y su desafección con los judíos, ya que su comunidad fue expulsada de las sinagogas. Para Juan, Satán aparece como cualquiera que se oponga a Jesús. De esta manera, mientras Satán tienta en el desierto de manera similar que en Job y Zacarías, en Juan es la gente quien tienta a Jesús.

En las epístolas paulinas, Satán es usado para referirse a los adversarios o tentadores. Finalmente, en el Apocalipsis, dirigida a las iglesias perseguidas en Asia menor por no adorar a Domiciano, Satán es la congregación de todas sus manifestaciones. Aquí Satán no es más que eufemismo del imperio romano que amenaza a los fieles cristianos, siendo condenado como en el relato de Enoc. Desde entonces, el infierno será la morada de Satán.

Influencias externas

La Biblia es una muestra de las tendencias de su época y no es ajena a los elementos y el estilo de otros pueblos. De esta forma, el desarrolló de Satán y del infierno tienen elementos comunes con varias fuentes contemporáneas. La imagen diabólica de Satán pudo verse influida por el tipo de personaje representado por Humbaba, el terrible gigante guardián del bosque de cedros de Enlil a quienes se enfrentaron Gilgamesh y Enkidu. Este tipo de guardián divino también pudo estar representado por los querubines de espadas flamígeras que impedían el retorno al jardín del Edén (Génesis 3:24). La función del dios Enki/Ea, que advierte del diluvio a los humanos en contra de la voluntad divina, también es un elemento común. La lucha cósmica entre el bien y el mal vista en los libros de Daniel, Apocalipsis y obras apócrifas como el primer libro de Enoc y Jubileos sigue la plantilla de Gilgamesh, con un héroe que intenta traer un bien a su pueblo.

Habayu pudo contribuir al aspecto cornudo y con cola de Satán. Habayu es un demonio del inframundo que se le aparece al dios cananita El en una visión etílica tras un banquete, donde lo empapa con orina y excrementos.

El cananita Mot, dios de la muerte, hijo de El y habitante de su reino tenebroso, también influyó en la imagen de Satán. En El ciclo de Baal, Baal se convierte en líder de los dioses, puesto que le cedió su padre El. Para celebrarlo, invita a Mot a un banquete, pero Mot no le reconoce como rey y lo devora, produciendo una duradera sequía. Abreviándolo, Anat lo mata y posteriormente es resucitado. Por ello, la batalla entre Baal y Mot continuaría. De esta manera, en Satán también resuena la batalla del bien contra el mal, su reino lúgubre, su consideración como hijo de El (Job 1:6) y la necesidad de que lo derrote el dios bueno.
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Esta lucha también recuerda a la presente entre los egipcios Horus y Set. No obstante, la influencia donde hay una diferenciación clara entre el bien y el mal es el zoroastrismo. En esta, Ahura Mazda y Ahriman son entidades independientes entre sí pero totalmente opuestas. Uno representa la luz y la bondad y el otro la oscuridad y la maldad. En la lucha mútua, Ahrimán se sirve de súbditos para llevar a los humanos por el mal camino. En el libro de Arda Viraf (c. 226-641 d.C.), Arda Viraf es guíado por el cielo, el infierno y el Hammistagan ("lugar de los inmóviles", equivalente al limbo). En la descripción del infierno se cuentan las torturas que sufren los injustos.

Conceptos como este y el juicio de los muertos en la Duat egipcia pudieron incitar el desarrollo del Sheol judío a un lugar del más allá donde se juzgaría a los muertos como la Gehena. Esta acabaría equiparándose en algunas religiones con el infierno. La dualidad entre cuerpo y alma del orfismo y dioses griegos como Hermes, Pan y Hades también pudieron ser elementos clave.

Continuará

Hemos visto el desarrollo de Satán desde un agente de Dios a una entidad independiente totalmente opuesta a él que es arrojado al infierno. Ahora bien, solemos pensar en Satán como quien gobierna el infierno, el responsable máximo de los castigos. Si es la fuente del mal, ¿no sería un paraíso para él? Si fue para sufrir, ¿quién lo puso al mando? Todo eso y mucho más lo veremos en la próxima entrada.

Fuentes

  • Wray, T. J., & Mobley, G. (2014). The birth of Satan: tracing the devil's biblical roots. St. Martin's Press.

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