La arrogancia que hizo caer a un imperio

Ánfora ática de figuras áticas con Creso en la pira.

La riqueza y el poder nublan el entendimiento y alimentan la arrogancia. De esta manera, según nos cuenta Heródoto en su primer volumen de Historias, Creso de Lidia decidió enfrentarse al creciente imperio aqueménida de Ciro II el Grande. El resultado fue una lección que sigue vigente.

El enfrentamiento de Creso de Lidia contra Persia 

Creso (r. 561-547 a.C.) era el rey mermnada de Lidia, reino que comprendía casi la mitad occidental de la península de Anatolia o Asia menor. Para Heródoto, Creso fue el punto de inflexión con el que los griegos perdieron la libertad. Mientras tanto, en Persia, Ciro II el Grande (r. 559-530 a.C.), hijo de Cambises, destronó al rey medo Astiages y fundó la dinastía aqueménida, incrementando el poder de su imperio. Ante la amenaza, Creso rompió el luto por su hijo y decidió poner a prueba a los oráculos de Delfos y Abas en tierras de fóceos; de Dodona, Anfiareo, Trofonio y Branchidas, este en tierras de Mileto, así como el templo de Amón en Libia.

A los comisionados les indicó que el 100º día, contando desde que saliesen de Sardes, les hicieran la consulta "¿Qué está haciendo en este momento el rey de los lidios, Creso, hijo de Aliates?" y trajesen por escrito la respuesta. La única respuesta conservada fue la del oráculo de Delfos: 

Sé del mar la medida y de su arena el número contar. No hay sordo alguno a quien no entienda; y oigo al que no habla. Percibo la fragancia que despide la tortuga cocida en la vasija de bronce, con la carne de cordero, teniendo bronce abajo y bronce arriba (1).

De esta manera, acertó que estaba haciendo, qué cocinaba y cómo. En lugar de meditar la respuesta, la recibió con júbilo, pues satisfacía sus deseos. Para procurarse el favor de Apolo, sacrificó oro, plata y ropas púrpuras en una pira, elaborando lingotes y un león de oro. Se los envió con grandes tazas de oro y plata. La respuesta del oráculo de Anfiareo, aunque no se registró, debió ser igualmente veraz, pues le hizo una ofrenda votiva (2) de un escudo (3) y lanza, ambos de oro macizo, que Heródoto contempló en el santuario de Apolo Ismenio en Tebas (4)

Habiendo descartado aquellos imprecisos y entregando sus obsequios, realizó una segunda consulta en los oráculos de Delfos y Anfiareo: "Creso, monarca de los lidios y otros pueblos, confiando en que vuestros oráculos son los únicos verídicos en el mundo, os ofrece estas dádivas, debidas a vuestra divinidad y numen profético, y os pregunta de nuevo, si será bien emprender la guerra contra los persas y juntar para ella algún ejército confederado". Ambos oráculos pronosticaron que, si Creso desplazaba las tropas contra los persas, caería un gran imperio, aconsejándole informarse de qué pueblo griego era el más poderoso para aliarse con ellos. Agradecido, les pagó con creseidas de oro, obteniendo a cambio privilegios políticos y comerciales en Delfos.

En su tercera consulta en Delfos, Creso preguntó si tendría un reinado largo. La respuesta que obtuvo fue:

"Cuando el rey de los medos fuere un mulo, huye entonces al hernio pedregoso, oh lidio delicado; y no te quedes a mostrarte cobarde y sin vergüenza". 

Esto le convenció que su dinastía mermnada gobernaría sus tierras durante mucho tiempo. En cuanto a la advertencia, se informó que los atenienses y lacedemonios eran los pueblos griegos más poderosos, aliándose con Esparta.

Creso ante Ciro II.

El sabio Sandamís advirtió a Creso de la posibilidad de la derrota por aquellos que, no conociendo los lujos de los lidios, no quieran abandonarlos si saliesen victoriosos, pero el rey lo ignoró. Creso marchó a la Capadocia, luchando con Ciro II en Pteria y, tras una batalla indecisiva, se retiró a Sardis. Después de un asedio de dos semanas, la ciudad cayó, Creso fue derrotado y quemado en la pira. De esta manera, Heródoto recuerda una consulta al oráculo de Delfos respecto a un remedio para su hijo mudo:

Oh, Creso, rey de Lidia y muchos pueblos, no con ardor pretendas en tu casa, necio, escuchar la voz del hijo amado. Mejor sin ella está; porque si hablare, comenzarán entonces tus desdichas. 

Así, llegado su momento final, el hijo habló, cumpliendo la profecía y demostrando que el imperio que caería sería el propio.

Notas

  1. No era extraño que se pusiera a prueba a varios oráculos, pero, en este caso, Creso invierte la relación entre consultante y el dios, pues él mismo conoce la respuesta de antemano. Por ello, antes de responderle directamente, el oráculo le precisa que sus conocimientos superan las capacidades del propio monarca.
  2. Es posible que Heródoto se encontrara una ofrenda postmortem, pero no del rey, sino de un joven guerrero homónimo de la familia de los alcmeónidas que moriría en torno al 530-520 a.C. Su padre Alcmeón habría sido amigo e invitado del rey Creso. Dado que el oráculo de Anfiareo se menciona de pasada, parece probable que Heródoto intentara integrarlo en su relato.
  3. El escudo sería descubierto por un thespistas y rededicado en dicho templo, dejando una inscripción en una columna del siglo V a.C. que lo menciona.
  4. Según Estrabón, el oráculo de Anfiareo estaba en Cnopia, cerca de Tebas, pero posteriormente se trasladó a Oropos. 

Fuentes

  • Kindt, J. (2006). Delphic oracle stories and the beginning of historiography: Herodotus’ Croesus logos. Classical Philology, 101(1), 34-51.
  • Thonemann, P. (2016). Croesus and the Oracles. The Journal of Hellenic Studies, 136, 152-167. 
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No os diré "No donéis", pues no todos los gastos son amargos