El primer intento de desviar la lava de un volcán

Fresco del flujo de lava llegando a la costa y a Catania.

El Etna ruge con frecuencia y sin descanso pero, tras la erupción de 1654 a 1656, se tomó un largo descanso. Los niños crecieron sin oír al volcán, pero todo cambió el 11 de marzo de 1669. Tras una serie de terremotos, despertaría con la erupción más catastrófica de los últimos cuatro siglos y su mayor erupción lateral conocida. A pesar de ello, por primera vez se intentaría contener la colada de lava.

Avance imparable 

Erupción del Etna, por Lambert van den Bos.

Su chimenea principal estuvo en el cono del monte Salazara, donde se formó el monte de la Ruina, rebautizado posteriormente como Monti Rossi. Durante el primer mes, los fragmentos piroclásticos (lapilli) destrozaron los tejados de las casas de Pedara, Trecastagni y Viagrande, mientras la ceniza llegó a Calabria y el sureste de la isla. Al encontrarse con el cono de escoria de Mompilieri, el flujo de lava se bifurcó a este y oeste. En el segundo día, ya había destruido los pueblos de Levuli, Guardia y la ciudad de Malopasso, cubriendo por la noche la iglesia de la Anunciación a 2 km del cráter y también Mompilieri. El 14 de marzo, el brazo occidental llegó a San Pietro y Camporotondo. Entre el 15 y 17, mientras se formaba un nuevo brazo, el oriental destruyó parcialmente San Giovanni Galermo, deteniéndose, con 8,8 km de longitud, en los cultivos de Gravina, en la zona de Torre del Grifo, al norte de Mascalucia. Mientras tanto, el brazo occidental alcanzó los 10 km llegando a la marisma de Valcorrente, junto a las colinas Terreforti. El brazo sureste se dividió, llegando a Carcarazza, al norte de Misterbianco.

En los brazos oeste y sureste se formaron tubos de lava, permitiendo que el segundo alcanzara los 17 km de longitud. En el primero surgieron nuevos flujos de lava entre el 26 y 29 de marzo que se adentraron en la marisma de Valcorrente, mientras el segundo sepultó Misterbianco el 30 de marzo. Aunque los flujos disminuyeron, los tubos de lava permitieron al brazo suroriental cubrir un pantano a mediados de abril y, por primera vez desde el 122 a.C., amenazar a Catania.

El 16 de abril, llegó al lienzo de muralla entre los baluartes de Infetti y Tindaro. Aunque sus puertas quedaron tapiadas, la muralla desvió la lava, que llegó a la costa el 23 de abril, cubriendo los restos romanos. 

Estrategias de contención

Francisco Fernández de la Cueva (1619-1676), VIII duque de Albuquerque y virrey de Sicilia, designó a Stefano Riggio di Campofranco (1610-1678), príncipe de Campofiorito, como vicario general para enfrentarse al incendio de Mongibello. Evidentemente, no podía ignorar al volcán. Así que construyó un campamento en Ognina para los evacuados, incluyendo al obispo y senadores, y para llevar las provisiones, la artillería, las reliquias y el mobiliario sagrado.

El 30 de abril, la presión de la lava derrumbó 57 metros del lienzo de muralla entre los baluartes de Infetti y Tindaro. Entre el 1 y 5 de mayo, la lava se extendió al monasterio de San Nicolò l'Arena. Mientras se planteaba la evacuación, se llevaron varios planes para contener la lava. El doctor Saverio Musumeci y Giacinto Platania, procedentes de Aci Reale ofrecieron dos alternativas: contenerlo mediante la construcción de un gran muro de piedra o usar fuertes ganchos de hierro para romper su corteza y desviar su curso. Los muros se utilizaron en el interior de Catania, donde avanzaba lentamente y la colada estaba alimentada por chimeneas efímeras.

Diego Pappalardo.

El sacerdote Diego Pappalardo, que tuvo que abandonar su pueblo de Pedara, cerca de Nicolosi, tenía otro plan. Su idea era que, en lugar de dejar avanzar a la lava, forzarla a desviarse capa a capa sobre el mismo terreno. De esta manera, se engrosaría y frenaría su avance. El 6 de mayo, llevó a 50 hombres, financiados por Stefano Riggio y el senado de Catania, cerca de Malpasso, en la zona occidental del flujo. La lava se había endurecido en una fina capa de roca. Turnándose, cubiertos con pieles empapadas y usando mazas, palancas de hierro y ganchos, bloquearon los canales de lava y realizaron una zanja para desviar el flujo de lava fundida al oeste. Al principio no era una gran colada, pero lo aumentaron bloqueando con piedras el brazo principal.

Su plan fue un éxito relativo, pues el desvío llevaba la lava a Paternò. Sus vecinos amenazaron a Pappalardo y a sus hombres, por lo que tuvieron que detener su trabajo. Este flujo se coaguló y el brazo principal llegó a Catania por el oeste. A pesar de todo, se enfrentaban a un enemigo demasiado grande, pues ni las bombas pueden parar a un volcán. En 1983, se intentó de nuevo, pero aún era técnicamente difícil de lograr.  No se logró desviar con éxito la colada de lava hasta 1992.

Cambio permanente del paisaje 

Catania después de 1575 en Civitates Orbis Terrarum.

El 8 de mayo, se detuvo uno de las coladas que había destruido iglesias, palacios nobiliarios y casas. En la zona de sotto al Castello, en la zona sur de la muralla, seguía acumulándose. El 16 de mayo, la lava sobrepasó estas murallas, cerca del baluarte de San Giorgio, y desembocó sobre el foso del castillo Ursino junto al mar. El castillo se abandonó, pues, el 9 de junio, la lava se acercaba a sus ventanas, que fueron tapiadas. La zona sur de la ciudad fue destruida y la lava formó un delta al mar durante los siguientes meses.

La erupción acabó el 11 de julio. Su colada aisló a Catania de las tierras fértiles llenas de cultivos del valle del río Simeto, de los 36 Canales que distribuían las aguas del Amenano y separó la fortaleza de Federico II del mar. Afortunadamente, los daños fueron tan solo materiales, pues gracias a la organización de las autoridades locales no se informa de muertes. Un gran logro teniendo en cuenta  que, en la erupción de 1645, a pesar de que lava no llegó a la ciudad, los derrumbes mataron al 63% de sus entonces 19000 habitantes. Como entonces, Catania sería reconstruida en el mismo lugar, recibiendo la autorización del virrey en septiembre. 

Fuentes

  • Scarth, A. (1999). Vulcan's fury: man against the volcano. Yale University Press.
  • Branca, S. (2020). L’ERUZIONE DEL 1669 TRA VULCANOLOGIA E STORIA. Etna 1669 Storie di lava a 350 anni dalla grande eruzione
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No os diré "No donéis", pues no todos los gastos son amargos