La guerra es un chanchullo (1935)

Butler en 1912 como mayor.

El siguiente texto es de Smedley Darlington Butler (1881-1940), mayor general, el oficial más activo en las guerras bananeras y quien informó del intento de golpe de estado en 1933 contra el presidente Franklin D. Roosevelt, por parte de ricos industrialistas americanos, que pretendía instaurarlo a él como dictador.

Capítulo 1 - La guerra es un latrocinio 

La guerra es un chanchullo. Siempre lo ha sido

Es posiblemente el más antiguo, fácilmente el más rentable, con seguridad el más despiadado. Es el único de alcance internacional. Es el único cuyos beneficios se calculan en dólares y las pérdidas en vidas.

Un chanchullo se describe mejor, creo, como algo que no es lo que parece para la mayoría de la gente. Solo un pequeño grupo "interno" sabe de qué va. Se gestiona para el beneficio de unos pocos al coste de muchos. De la guerra, unas cuantas personas hacen grandes fortunas.

En la Guerra Mundial, tan solo un puñado recogió los beneficios del conflicto. Al menos 21000 nuevos millonarios y milmillonarios surgieron en los Estados Unidos durante la Guerra Mundial. Todos esos admitieron sus enormes ganancias en sangre en sus declaraciones de impuestos. Nadie sabe cuántos millonarios de guerra falsificaron sus declaraciones de impuestos.

¿Cuántos de estos millonarios de guerra empuñaron un rifle? ¿Cuántos cavaron una trinchera? ¿Cuántos de ellos sabían lo que significaba pasar hambre en refugios subterráneos plagados de ratas? ¿Cuántos pasaron noches aterrados, insomnes, esquivando proyectiles y metralla y balas de ametralladora? ¿Cuántos bloquearon el ataque de bayoneta de un enemigo? ¿Cuántos fueron heridos o muertos en batalla?

Las naciones adquieren tierras en la guerra si son victoriosas. Ellos simplemente las toman. Este territorio recién adquirido es rápidamente explotado por unos pocos - los mismos que exprimieron dólares de la sangre en la guerra. El público general paga la factura.

¿Y qué es esta factura?

Esta factura presenta un balance desastroso. Lápidas recién colocadas. Cuerpos mutilados. Mentes desmenuzadas. Corazones y hogares rotos. Inestabilidad económica. Depresión y todas sus miserias. Impuestos extenuantes durante generaciones.

Durante muchísimos años, como soldado, sospechaba que la guerra era un chanchullo; hasta que no me retiré a la vida civil me percaté por completo. Ahora que veo las nubes de guerra internacional reuniéndose como lo están hoy, debo afrontarlo y alzar la voz.

De nuevo eligen bando. Francia y Rusia se reunieron y acordaron apoyarse. Italia y Austria se apresuraron en hacer un acuerdo similar. Polonia y Alemania se miraron con ojitos tiernos entre sí, olvidando por el momento [una sola vez], su disputa sobre el corredor polaco.

El asesinato del rey Alejandro de Yugoslavia complicó el asunto. Yugoslavia y Hungría, enemigos acérrimos desde hace mucho, estaban a punto de enfrentarse. Italia estaba lista para actuar. Pero Francia estaba espectante. Igual que Checoslovaquia. Todos ellos miran hacia la guerra. No la gente - no aquellos que luchan y pagan y mueren - solo aquellos que fomentan la guerra y se quedan seguros en casa para beneficiarse.

Hay 40 000 000 soldados actualmente en el mundo, y nuestros estadistas y diplomáticos tienen la temeridad de decir que no se está gestando una guerra.

¡Campanas de guerra! ¿Están entrenando a esos 40 000 000 hombres para ser bailarines?

No en Italia, eso está seguro. El líder Mussolini sabe para qué están siendo entrenados. Él, al menos, es lo suficientemente franco para manifestarlo. Justo el otro día, Il Duce en "International Conciliation", la publicación de Fondo Carnegie para la Paz Internacional, dijo:

Y por encima de todo. El fascismo, cuanto más considera y observa el futuro y el desarrollo de la humanidad al margen de las consideraciones políticas del momento, no cree ni en la posibilidad y en la utilidad de la paz perpetua...tan solo la guerra lleva a la máxima tensión toda la energía humana y pone el sello de la nobleza sobre la gente que tiene el valor de alcanzarla.

Sin duda, Mussolini cree exactamente lo que dice. Su ejército bien entrenado, su gran flota de aviones, e incluso su marina está preparada para la guerra -- ansiosa por ella, aparentemente. Su postura reciente apoyando a Hungría en la última disputa de este con Yugoslavia lo mostró. Y la movilización apresurada de sus tropas a la frontera austriaca tras el asesinato de Dollfus también lo mostró. También hay otros en Europa cuyo ruido de sables presagia la guerra, tarde o temprano.

Herr Hitler, con su rearme de Alemania y su constante demanda de más y más armas, es una amenaza igual, si no mayor, para la paz. Francia aumentó hace poco la duración del servicio militar de su juventud de un año a dieciocho meses.

Sí, por todas partes, las naciones están preparando las armas. Los perros rabiosos de Europa andan sueltos. En el Oriente, las maniobras son más diestras. En 1903, cuando combatieron Rusia y Japón, expulsamos a nuestros viejos amigos los rusos y apoyamos a Japón. Entonces, nuestros tan generosos banqueros internacionales estaban financiando a Japón. Ahora, la tendencia es intoxicarnos contra los japoneses. ¿Qué significa para nosotros la política de "puertas abiertas" de China? Nuestro comercio con China oscila los 90 000 000$ al año. ¿O las islas Filipinas? Nos hemos gastado 600 000 000$ en las Filipinas en treinta y cinco años y nosotros (nuestros banqueros e industrialistas y especuladores) tienen inversiones privadas allí de menos de 200 000 000$.

Entonces, para salvar el comercio de China de 90 000 000$, o para proteger las inversiones privadas de menos de 200 000 000$ en las Filipinas, debemos provocarnos para odiar a Japón e ir al a guerra - una guerra que bien podría costarnos decenas de miles de millones de dólares, cientos de miles de vidas de americanos, y muchos cientos de miles de hombres físicamente mutilados o mentalmente desequilibrados.

Por supuesta, por esta pérdida, habría un beneficio compensatorio - se harían fortunas. Millones y miles de millones de dólares se acumularían. Solo por unos pocos. Fabricantes de munición. Banqueros. Constructores de barcos. Fabricantes. Empacadores de carne. Especuladores. A todos les iría bien. 

Sí, están preparando para otra guerra. ¿Por qué no deberían hacerlo? Paga altos dividendos.

¿Pero en qué beneficia a los hombres que son asesinados? ¿En qué beneficia a sus madres y hermanas, sus esposas y novias? ¿En qué beneficia a sus hijos?

¿En qué beneficia a nadie excepto a quienes los pocos para los que la guerra supone grandes beneficios?

Sí, ¿y en qué beneficia a la nación?

Tomemos nuestro propio ejemplo. Hasta 1898, no poseíamos ni una pizca de territorio fuera de la norteamérica continental. Y entonces nuestra deuda nacional era poco más de 1 000 000 000$. Entonces adquirimos "mentalidad internacional". Olvidamos, o hicimos a un lado, el consejo del Padre de nuestro país. Olvidamos la advertencia de George Washington sobre "alianzas enredadas". Fuimos a la guerra. Adquirimos territorio externo. Al final de la Guerra Mundial, como resultado directo de nuestras chapuzas en asuntos internacionales, nuestra deuda nacional se ha disparado por encima de los 25 000 000 000. Nuestra balanza comercial favorable total durante el periodo de veinticinco años fue unos 24 000 000$. Por lo tanto, desde un punto puramente contable, nos quedamos rezagados año tras año, y ese comercio externo pudo haber sido nuestro sin las guerras.

Podría haber sido más barato (y no decir, seguro) para el americano promedio que paga facturas el mantenerse fuera de los enredos internacionales. Para muy pocos, este chanchullo, como el contrabando y otros negocios clandestinos, trae beneficios elevados, pero el coste de las operaciones siempre se transfiere al pueblo -- pero no se benefician.

Capítulo 2 - ¿Quién se lleva los beneficios? 

La Guerra Mundial, o, mejor dicho, nuestra breve participación en ella, costó a los Estados Unidos unos 52 000 000 000$. Imagínatelo. Eso significa 400$ por cada hombre, mujer y niño americano. Y aún no hemos pagado la deuda. Lo estamos pagando, nuestros hijos la pagarán y los hijos de nuestros hijos probablemente seguirán pagando el coste de esa guerra.

Los beneficios habituales de un negocio en los Estados Unidos son del seis, ocho, diez, y a veces doce por ciento. Pero los beneficios de la guerra -- ¡ah! eso es otra historia -- veinte, sesenta, cien, tres cientos, e incluso ochocientos por ciento -- el cielo es el límite. Todo el tráfico que soportará. El Tío Sam tiene el dinero. Vamos a conseguirlo.

Por supuesto, no se expresa tan toscamente en tiempos de guerra. Se adorna en discursos sobre patriotismo, amor por el país, y arrimar el hombro, pero los beneficios se disparan y se alzan y despegan -- y se embolsillan tranquilamente. Tomemos algunos ejemplos: 

Tomemos a nuestros amigos los du Ponts, los de la pólvora -- ¿no testificó uno de ellos ante el comité del Senado hace poco de que su pólvora ganó la guerra? ¿O salvó al mundo por la democracia? ¿O algo? ¿Cómo lo hicieron en la guerra? Eran una compañía patriótica. Bueno, las ganancias promedio de los du Ponts durante el periodo de 1910 a 1914 fueron 6 000 000$ al año. No era mucho, pero los du Ponts lograron arreglárselas con ello. Ahora miremos a sus beneficios anuales promedios durante los años de guerra, de 1914 a 1918. ¡Encontramos cincuenta y ocho millones de dólares al año! Casi diez veces más que en tiempos normales, y los beneficios en tiempos normales estaban bastante bien. Un incremento en beneficios de más del 950 por ciento.

Toma nuestras pequeñas siderúrgicas que patrióticamente dejaron de lado hacer raíles y vigas y puentes para fabricar materiales de guerra. Bueno, sus ganancias en 1910-1914 promediaban 6 000 000$. Entonces llegó la guerra. Y, como leales ciudadanos, Bethlehem Steel se dedicó rauda a fabricar munición. ¿Saltaron sus beneficios -- o le dejó un chollo al Tío Sam? Bueno, el promedio de 1914-1918 fue de 49 000 000$ ¡al año!

O, tomemos United States Steel. Las ganancias normales durante el lustro anterior al a guerra fueron 105 000 000$ al año. No está mal. Entonces llegó la guerra y subieron los beneficios. Los beneficios anuales promedios del  periodo 1914-1918 fueron 240 000 000$. No está mal.

Ahí tienes las ganancias del acero y la pólvora. Miremos a algo más. Un poco de cobre, quizás. Eso siempre rinde en tiempos de guerra. 

Anaconda, por ejemplo. Las ganancias anuales promedio durante los años de pre-guerra 1910-1914 de 10 000 000$. Durante los años de guerra 1914-1918, los beneficios se lanzaron hasta los 34 000 000 por año.

O Utah Copper. Promedio de 5 000 000$ al año durante el periodo 1910-1914. Saltó a un promedio de 21 000 000$ anuales durante la guerra. 

Agrupemos estos cinco, con tres pequeñas compañías. Los beneficios anuales promedios totales del periodo pre-guerra 1910-1914 fueron 137 480 000$. Entonces llegó la guerra. Los beneficios promedios anuales para este grupo saltó a 408 300 000$.

Un pequeño incremento en beneficios de aproximadamente el 200 por ciento. 

¿La guerra es rentable? Lo es para ellos. Pero no son los únicos. Aún hay otros. Tomemos el cuero.

Para el periodo de tres años antes de la guerra, los beneficios totales de Central Leather Company fueron de 3 500 000$. Eso es aproximadamente 1 167 000$ al año. Bien, en 1916, Central Leather obtuvo un beneficio de 15 000 000$, un pequeño aumento del 1100 por ciento. Eso es todo. La General Chemical Company promediaba un beneficio en los tres años anteriores de la guerra de unos 800 000$ al año. Vino la guerra, y los beneficios se dispararon a 12 000 000$., un salto del 1400 por ciento.

La International Nickel Company - y no puedes tener una guerra sin un níquel [moneda de 5 centavos] - mostró un aumento en beneficios de un simple promedio de 4 000 000$ al año a 73 000 00$ anuales. ¿No está mal?  Un aumento de más del 1700 por ciento.

La American Sugar Refining Company promediaba 2 000 000$ al año para los tres años previos a la guerra. En 1916 se registró un beneficio de 6 000 000$. 

Escucha el Documento del Senado nº 259. El Sexagésimo Quinto Congreso, informa sobre ganancias corporativas e ingresos del gobierno. Considerando los beneficios de 122 empacadores de carne, 143 productoras de algodón, 299 creadoras de ropas, 49 siderúrgicas y 340 productoras de carbón durante la guerra. Los beneficios inferiores al 25 por ciento eran excepcionales. Por ejemplo, las compañías de carbón hicieron entre el 100 por ciento y el 7856 por ciento de su capital social durante la guerra. Los empacadores de Chicago doblaron y triplicaron sus ganancias.

Y no olvidemos a los banqueros que financiaron la gran guerra. Si alguien se lleva la flor y nata de los beneficios eran los banqueros. Siendo sociedades en lugar de corporaciones, no tienen que informar a los accionistas. Y sus beneficios eran tan secretos como inmensos. Cómo hicieron los banqueros sus millones y miles de millones, no lo sé, porque esos pequeños secretos nunca se hacen públicos - ni ante una comisión de investigación del Senado.

Pero así es como los otros empresarios industriales y especuladores patrióticos cincelaron su camino hacia los beneficios de guerra.

Toma a los zapateros. Les gusta la guerra. Trae a sus negocios beneficios anormales. Hacen grandes beneficios en las ventas internacionales a nuestros aliados. Quizás, como los fabricantes de munición y armas, también están vendidos al enemigo. Un dólar es un dólar, venga de Francia o de Alemania. Pero también les fue bien con el Tío Sam. Eran solo 4 000 000 soldados. Ocho pares, y más, por soldado. Mi regimiento durante la guerra solo tenía un par por soldado. Algunos de esos zapatos probablemente siguen existiendo. Eran buenos soldados. Pero cuando acabó la guerra, al Tío Sam le sobraron 25 000 000 pares de sobra. Comprados -- y pagados. Los beneficios registrados y embolsados.

Aún quedaba mucho cuero. Por lo que la gente del cuero le vendió al Tío Sam cientos de miles de monturas McClellan para la caballería. ¡Pero no había ninguna caballería americana de ultramar! Sin embargo, alguien tenía que librarse de ese cuero. Alguien tenía que beneficiarse de ello -- por lo que tuvimos muchas monturas McClellan. Y probablemente seguimos teniéndolas.

Y alguien probablemente tenga muchas redes de mosquitos. Le vendieron al Tío Sam 20 000 000$ redes de mosquitos para el uso de los soldados en el extranjero. Supongo que los chicos esperaban que nos las pusieramos encima mientras intentábamos dormir en las trincheras embarradas -- una mano rascando piojos en sus espaldas y la otra partando a las ratas que correteaban. Pues bien, ¡ninguna de las redes de mosquitos llegaron a Francia! 

De cualquier forma, estos fabricantes tan corteses debían querer asegurarse de que ningún soldado se quedaba sin su red de mosquito, por lo que se vendieron 40 000 000 yardas adicionales de redes de mosquito al Tío Sam.

Hubo beneficios bastante buenos en redes de mosquitos en esos días, incluso si no había mosquitos en Francia. Supongo que, si la guerra hubiera durado un poco más, los emprendedores fabricantes de redes de mosquitos habrían vendido a tu Tío Sam un par de remesas de mosquitos que plantar en Francia para que se encargaran más redes de mosquitos.

Los fabricantes de motores y aviones sintieron que ellos, también, debían obtener sus beneficios de esta guerra. ¿Por qué no? Todos se estaban llevando los suyos. Por lo que 1 000 000 000$ -- cuéntalos si vives lo suficiente -- fueron gastados por el Tío Sam en construir motores de avión que nunca despegaron de suelo. No un avión, o motor, de los mil millones de dólares que se ordenó llegó a luchar en Francia. Tan solo los fabricantes hicieron sus pequeños beneficios del 30, 100 o quizás el 300 por ciento. 

Cuesta 14¢ fabricar las camisetas interior de los soldados y el Tío Sam paga 30¢ a 40¢ por cada una -- un buen beneficio para el fabricante de camisetas interiores. Y el fabricante de calcetas y el fabricante de uniformes y el fabricante de gorros y el fabricante de cascos de acero -- todos tienen el suyo.

Por qué, cuando la guerra se había acabado, 4 000 000 conjuntos de equipamiento --  alforjas y las cosas que las rellenan -- se acumulaban en los almacenes de esta parte. Ahora se están desechando porque las regulaciones han cambiado sus contenidos. Pero los fabricantes han recogido sus beneficios bélicos en ellos -- y lo harán de nuevo la próxima vez.

Hubo muchas ideas brillantes para hacer beneficios durante la guerra.

Un patriota muy versátil vendió al Tío Sam una docena de llaves de 48 pulgadas. Oh, eran buenas llaves. El único problema es que solo una tuerca fabricada era lo suficientemente grande para esas llaves. Es la que contiene las turbinas en las cataratas del Niágara. Bueno, después de que el Tío Sam las comprara y el fabricante se quedara el beneficio, las llaves se pusieron en vagones de carga y apartaron por todos los Estados Unidos en un esfuerzo de encontrarles un uso. Cuando se firmó el Armisticio, fue realmente un duro golpe para el fabricante de llaves. Estaba a punto de hacer unas tuercas que encajaran en las llaves. Entonces planeaba vender estas, también, a tu Tío Sam.

Otra brillante idea fue que los coroneles no debían montar en automóviles, ni cabalgar a caballo. Alguno probablemente vio una imagen de Andy Jackson montando en calesa. Bien, ¡se vendieron 6000 calesas al Tío Sam para uso de los coroneles! No se usó ni una. Pero el fabricante de calesas obtuvo su beneficio de guerra.

Los constructores navales sintieron que también debían venir a por una parte. Construyeron muchos barcos que hicieron muchos beneficios. Un valor superior a 3 000 000 000$. Algunos de esos barcos estaban bien. ¡Pero 635 000 000$ de ellos estaban hechos de madera y no podían flotar! Las juntas se abrieron -- y se hundieron. Pagamos por ellos, no obstante. Y alguien se embolsó los beneficios.

Los estadísticos y economistas e investigadores han estimado que la guerra le cuesta a tu Tío Sam 52 000 000 000$. De esta suma, 39 000 000 00$ se gasta en la propia guerra. Este gasto produjo 16 000 000 000$ en beneficios. Así es como los 21000 se hicieron millonarios y milmillonarios. Estos 16 000 000 000$ de beneficio no son despreciables. Es una suma considerable. Y fue a unos pocos. 

La investigación del comité del Senado (Nye) de beneficios bélicos y de la industria de munición, a pesar de sus revelaciones sensacionalista, apenas ha rascado la superficie. 

Incluso así, ha tenido cierto efecto. El Departamento de Guerra ha estado estudiando "por un tiempo" métodos para mantenerse fuera de la guerra. El Departamento de Guerra súbitamente decide que tiene un plan maravilloso que iniciar. La Administración nombra un comité -- con los Departamentos de Guerra y Marina hábilmente representados bajo la presidencia de un especulador de Wall Street -- para limitar los beneficios en tiempos de guerra. No se sugiere hasta qué límite. Hmmm. Posiblemente los beneficios de 300 y 600 y 1600 por ciento de aquellos que convirtieron la sangre en oro en la Guerra Mundial se limitarían a una cifra más pequeña. 

Aparentemente, sin embargo, el plan no pide la limitación de las pérdidas -- es decir, las pérdidas de aquellos que luchan la guerra. Por lo que he podido averiguar, no hay ningún plan para limitar al soldado la pérdida de tan solo un ojo, o un brazo, o limitar sus heridas a una o dos o tres. O limitar la pérdida de vidas. 

No hay nada en ese plan, aparentemente, que dice que no más del 12 por ciento del regimiento debe ser herido en batalla, o que no más del 7 por ciento de la división debe ser asesinada. 

Por supuesto, el comité no puede molestar con asuntos tan insignificantes.

Capítulo 3 - ¿Quién paga las facturas?

¿Quién proporciona los beneficios -- estos incluyen buenos beneficios del 20, 100, 300, 1500 y 1800 por ciento? Todos los pagamos -- con los impuestos. Pagamos a los banqueros sus beneficios cuando compramos Liberty Bonds a 100,00$ y los vendimos de vuelta a 84$ u 86$ a los banqueros. Estos banqueros recogieron 100$ más. Era una simple manipulación. Los banqueros controlan los mercados de valores. Era fácil para ellos reducir el precio de estos bonos. Entonces todos nosotros -- el pueblo -- nos asustamos y vendimos los bonos a 84$ u 86$. Los banqueros los compraron. Entonces estos banqueros estimularon un auge y los bonos del gobierno restauraron su valor -- y lo superaron. Entonces los banqueros recuperaron sus beneficios. 

Pero los soldados pagan la mayor parte de la factura. 

Si no crees esto, visita los cementerios americanos en los campos de batalla en el extranjero. O visita alguno de los hospitales de veteranos en los Estados Unidos. En un viaje por el país, en el que estoy mientras escribo esto, he visitado dieciocho hospitales del gobierno para veteranos. En ellos hay un total de unos 50000 hombres destrozados -- hombres que fueron la elección de la nación hace dieciocho años. El talentoso cirujano jefe en el hospital del gobierno; en Milwaukee, donde había 3800 de los muertos vivientes, me dijo que la mortalidad entre veteranos es tres veces mayor que en aquellos que se quedaron en casa. 

Chicos con un punto de vista normal fueron sacados de los campos y oficios y fábricas y clases y puestos en las filas. Fueron remodelados; fueron transformados; los hicieron "dar media vuelta"; a considerar el asesinato como la orden del día. Los pusieron hombro con hombro y, a través de la psicología de masas, fueron cambiados completamente. Los usamos un par de años y los entrenamos para no pensar en nada más que matar o ser matados. 

¡Entonces, de repente, los licenciaron y les dijeron que hicieran "otra media vuelta"! Esta vez tenía que hacer su propio reajuste, sans [sic] psicología de masas, sans [sic] ayuda y consejo de los oficiales y sans [sic] propaganda por toda la nación. Ya no los necesitábamos más. Por lo que los repartimos sin ningún discurso o desfile de "tres minutos" o "Liberty Loan". Muchos, demasiados, de estos buenos chicos acabaron destrozados, mentalmente, porque no fueron capaces de hacer solos esa "media vuelta". 

En el hospital del gobierno en Marion, Indiana, ¡1800 de estos chicos están en rediles! Quinientos de ellos en barracas con barras de acero y alambres en torno al exterior de los edificios y en los pórticos. Estos ya han sido destrozados mentalmente. Estos chicos ni siquiera parecen seres humanos. ¡Oh, la mirada de sus caras! Físicamente, están en buena forma; mentalmente, están idos.

Hay miles y miles de estos casos, y más y más llegan todo el tiempo. La tremenda emoción de la guerra, y el corte repentino de esa emoción -- los jóvenes no podían soportarlo. 

Esa es una parte de la factura. En cuanto a los muertos -- han pagado su parte de los beneficios de guerra. En cuanto a los heridos mental y físicamente -- están pagando ahora su parte de los beneficios de guerra. Pero los otros también han pagado -- pagaron con congoja al apartarse de sus hogares y sus familias para vestirse el uniforme del Tío Sam -- del cual se ha hecho un beneficio. Pagaron otra parte en los campos de entrenamiento donde fueron reglamentados y entrenados mientras otros tomaban sus trabajos y sus lugares en sus comunidades. Pagaron por ello en las trincheras donde dispararon y fueron disparados; donde pasaron hambre durante días; donde durmieron en el barro y el frío de la lluvia -- con los gemidos y alaridos de los moribundos como una horrible nana.

Pero no olvides -- el soldado ha pagado su parte de los dólares y centavos de la factura. 

Hasta la guerra guerra hispano-estadounidense incluida, tuvimos un sistema de botines, y los soldados y marineros luchaban por dinero. Durante la Guerra Civil  se pagaban primas, en muchos casos, antes de entrar en servicio. El gobierno o los estados pagaban hasta 1200$ por el alistamiento. En la guerra hispano-estadounidense daban botín de presas. Cuando capturabamos cualquier embarcación, los soldados se llevaban su parte - al menos, se supone que debían. Entonces se descubrió que podía reducirse el coste de las guerras tomando todo el botín de presas y quedándoselo, pero llamando a filas a los soldados igualmente. Entonces los soldados no podían negociar su labor. Todos los demás podían, pero los soldados no. 

Napoleón dijo una vez,

Todos los hombres se enamoran de las condecoraciones...las desean con locura.

Por lo que desarrollando un sistema napoleónico - el negocio de las medallas - el gobierno aprendió que podía obtener soldados por menos dinero, pues a los chicos les gusta ser condecorados. Hasta la Guerra Civil no había medallas. Entonces se entregó la Medalla de Honor del Congreso. Facilitó los alistamientos. Tras la Guerra Civil no hubo nuevas medallas hasta la guerra hispano-estadounidense. 

En la Guerra Mundial, usamos propaganda para hacer a los chicos aceptar el reclutamiento. Les hicieron sentirse avergonzados si no se unían al ejército. 

Tan agresiva fue la propaganda bélica que incluso implicaron a Dios. Con pocas excepciones, nuestros clérigos se unieron en el clamor de matar, matar, matar. Matar a los alemanes. Dios está de nuestra parte...es Su voluntad que los alemanes sean asesinados.

Y en Alemania, los buenos pastores llamaron a los alemanes a matar a los aliados...para satisfacer al mismo Dios. Eso era parte de la propaganda general, construida para hacer a la gente consciente de la guerra y consciente del asesinato. 

Se pintaron bellos ideales para nuestros chicos que fueron enviados a morir. Esta era la "guerra para acabar todas las guerras". Esta era la "guerra para hacer el mundo seguro para la democracia". Nadie les mencionó, mientras marchaban, que su ida y muerte significarían enormes beneficios de guerra. Nadie les contó a estos soldados americanos que podrían ser disparados por balas hechas aquí por sus propios hermanos. Nadie les contó que los barcos en los que iban a navegar podían ser torpedeados por submarinos construidos con patentes de los Estados Unidos. Solo le contaron que era una "aventura gloriosa". 

Por lo que, atragantándolos con patriotismo por sus gaznates, decidieron también hacerles pagar por la guerra. Así, les dimos un gran salario de 30$ al mes. 

Todos los que tenían que hacer por esta dadivosa suma era dejar atrás a sus seres queridos, abandonar sus trabajos, yacer en trincheras pantanosas, comer ternera en conserva enlatada (cuando podían conseguirla) y matar y matar y matar...y ser matados. 

¡Pero espera!

La mitad de ese salario (un poco más de los que ganaban diariamente un remachador en un astillero o un trabajador en una fábrica de municiones en la seguridad de su hogar) se le arrebataba inmediatamente para apoyar a sus dependientes, para que no se convirtieran en una carga para su comunidad. Entonces le hicimos pagar un seguro de accidentes -- algo que el empleador paga en un estado ilustrado - y que le cuesta 6$ al mes. Le quedan menos de 9$ al mes. 

Entonces, la insolencia suprema -- era virtualmente coaccionado en pagar su propia munición, ropa y alimento comprando Liberty Bonds. La mayoría de los soldados no tenían nada de dinero en los días de paga. Les hicimos comprar Liberty Bonds a 100$ y luego los compramos de nuevo - cuando volvían de la guerra y no podían encontrar trabajo - a 84$ y 86$. ¡Y los soldados compraron una cuantía de 2 000 000 00$ de estos bonos! 

Sí, el soldado paga la mayor parte de la factura. Su familia también la paga. Entonces pagan en el mismo sufrimiento que él. Mientras él sufren, ellos sufren. Por las noches, mientras yace en las trincheras y veía la metralla estalla a su alrededor, ellos yacían en sus camas y se revolvían insomnes -- su padre, su madre, su esposa, sus hermanas, sus hermanos, sus hijos y sus hijas. 

Cuando volvía a casa sin un ojo, o sin una pierna, o con su mente rota, también sufrían -- tanto e incluso a veces más que él. Sí, y ellos, también, contribuyeron sus dólares al beneficio de los fabricantes de munición y banqueros y constructores navales y los fabricantes y especuladores. Ellos, también, compraron Libery Bonds y contribuyeron al beneficio de los banqueros tras el Armisticio en el truco de los precios manipulados de Liberty Bonds. 

E incluso ahora, las familias de los hombres heridos y los mentalmente rotos y aquellos que nunca pudieron reajustarse siguen sufriendo y pagando.

Capítulo 4 - ¡Cómo aplastar este chanchullo!

Bueno, es un chanchullo, ¿de acuerdo? 

Unos pocos se benefician -- y muchos pagan. Pero hay una manera de detenerlo. No puedes detenerlo con conferencia sobre desarme. No puedes eliminarlo con discusiones de paz en Ginebra. Los grupos bienintencionados pero imprácticos no pueden eliminarlo mediante resoluciones. Tan solo puede ser aplastado efectivamente sacando el beneficio de la guerra.

La única manera de aplastar este chanchullo es reclutar el capital e industria y fuerza laboral antes de reclutar a los hombres. Un mes antes de que el Gobierno pueda reclutar a los jóvenes de la nación -- debe reclutar el capital e industria y fuerza laboral. Que los oficiales y directores y los ejecutivos poderosos de nuestras fábricas de armamentos y nuestros fabricantes de munición y nuestros fabricantes navales y nuestros constructores de aviones y fabricantes de todo aquello que proporciona beneficios en tiempos de guerra, así como los banqueros y especuladores, sean reclutados para obtener 30$ al mes, el mismo salario que obtienen los chavales en las trincheras. 

¡Dejad que los trabajadores en esas plantas obtengan los mismos salarios --- todos los trabajadores, todos los presidentes, todos los ejecutivos, todos los directores, todos los gestores, todos los banqueros -- sí, y todos los generales y todos los almirantes y todos los oficiales y todos los políticos y todos los titulares de cargos gubernamentales -- todos en la nación restringidos a un ingreso mensual total que no exceda el pagado al soldado en las trincheras!

Dejad a estos reyes y magnates y maestros de los negocios y todos aquellos trabajadores en la industria y todos nuestros senadores y gobernadores y alcaldes pagar la mitad de su salario de 30$ a sus familias y pagar el segundo contra riesgos de guerra y comprar Liberty Bonds. 

¿Por qué no deberían? 

No tienen ningún riesgo de que les maten o de que mutilen sus cuerpos o desmenucen sus mentes. No están durmiendo en trincheras enlodadas. No están hambrientos. ¡Los soldados lo están!

Dad al capital e industria y fuerza laboral treinta días para pensárselo y descubrirás que, para entonces, no habrá guerra. Eso aplastará el chanchullo de la guerra -- eso y nada más. 

Quizás estoy siendo demasiado optimista. El capital aún tiene algo que decir. Por lo que el capital no permitirá que le aparten los beneficios de la guerra hasta que el pueblo - aquellos que sufren y aún así pagan el precio - decida que aquellos que elijan al poder cumplan sus órdenes y no las de los especuladores.

Otro paso necesario en esta lucha para aplastar el chanchullo bélico es el plesbicito limitado para determinar si una guerra debe ser declarada. Un plesbicito no de todos los votantes, sino simplemente de aquellos que serían llamados a luchar y morir. No tendría mucho sentido tener a un presidente de 76 años con una fábrica de municiones o un director con pie plano de una entidad bancaria internacional o el gestor bizco de una planta de fabricación de uniformes - todos los que ven visiones de beneficios tremendos en el caso de guerra - votando si la nación debería ir o no a la guerra. Nunca serían llamados a armas - a dormir en una trinchera y ser disparado. Solo aquellos en ser llamados a arriesgar sus vidas por el país deberían tener el privilegio de votar para determinar si la nación debería ir a la guerra. 

Hay un amplio precedente para restringir la votación a aquellos afectados. Muchos de nuestros estados tienen restricciones en aquellos con permiso para votar. En la mayoría, es necesario ser capaz de leer y escribir antes de poder votar. En algunos, debes poseer propiedad. Debería ser un asunto sencillo que cada año, aquellos hombres que alcancen edad militar, se registren en sus comunidades como hicieron en el reclutamiento durante la Guerra Mundial, y sean examinados físicamente. Aquellos que pudiera ser admitidos y por ello ser llamados a portar armas en caso de guerra, serían eligibles para votar en un plesbicito limitado. Deberían ser aquellos con el poder de decidir - y no un congreso con unos pocos miembros dentro del límite de edad y menos aún en condición física para portar armas. Solo aquellos que deben sufrir deben tener el derecho a votar. 

Un tercer paso en este asunto de aplastar el chanchullo bélico es asegurar que las fuerzas militares sean verdaderamente fuerzas únicamente de defensa. 

En cada sesión del Congreso se plantea la cuestión de asignaciones presupuestarias adicionales a la marina. Los almirantes de silla giratoria de Washington (y hay muchos de ellos) son lobistas muy hábiles. Y son inteligentes. No gritan que "Necesitamos muchos acorazados para guerrear con esta nación o esta otra nación". Oh, no. Antes de nada, hacen saber que América está amenazada por un gran poder naval. En cualquier día, estos almirantes te dirán, el supuesto enemigo de la gran flota atacará de repente y aniquilará a 125 000 000 personas. Tal que así. Entonces comenzarán a suplicar por una marina más grande. ¿Para qué? ¿Para luchar contra el enemigo? Ay, no. Oh, no. Tan solo por cuestiones de defensa. 

Entonces, casualmente, anuncian maniobras en el Pacífico. Para la defensa. Uh, huh.

El Pacífico es un gran océano. Tenemos una tremenda costa en el Pacífico. ¿Las maniobras serán frente a la costa, a unas dos o trescientas millas? Oh, no. Las maniobras serán a dos mil, sí, quizás tres mil quinientas millas, frente a la costa. 

A los japoneses, un pueblo orgulloso, por supuesto, les satisfará en sobremanera ver la flota de los Estados Unidos tan cerca de las costas niponas. Incluso quizás tanto como si los residentes de California fueran a discernir vagamente a través de la bruma matutina al a flota japonesa jugando a juegos de guerra junto a Los Ángeles. 

Los barcos de nuestra marina, puede verse, deberían limitarse específicamente, por ley, a 200 millas de nuestra costa. Si hubiera sido la ley en 1898, el Maine nunca se habría acercado al puerto de la Habana. Nunca habría explotado. No habría habido guerra con España con la consiguiente pérdidas de vidas de sus tripulantes. Doscientas millas sobran, en la opinión de los expertos, para propósitos defensivos. Nuestra nación no puede comenzar una guerra ofensiva si sus barcos no pueden alejarse más de 200 millas de su costa. Los aviones podrían tener permitido ir hasta a 500 millas de la costa por cuestiones de reconocimiento. Y el ejército nunca debería abandonar los límites de nuestra nación.

Para resumir: Tres pasos deben tomarse para aplastar el chanchullo bélico.

  1. Debemos obtener beneficios de la guerra.
  2. Debemos permitir a los jóvenes de la tierra que puedan portar armas decidir si debe haber o no una guerra.
  3. Debemos limitar nuestras fuerzas militares únicamente a propósitos de defensa doméstica. 

Capítulo 5 - ¡Al infierno con la guerra!

No soy un tonto que crea que la guerra es algo del pasado. Sé que la gente no quiere guerra, pero es inútil decir que nos pueden empujar a otra guerra. 

Echando atrás la vista, Woodrow Wilson fue reelegido como presidente en 1916 con el programa que tenía "mantenednos fuera de la guerra" y con la promesa implicada de que nos "mantendría fuera de la guerra". Aún así, cinco meses después, pidió al Congreso declarar la guerra a Alemania. 

En un intervalo de cinco meses no preguntaron al pueblo si habían cambiado de idea. A los 4 000 000 jóvenes que se pusieron el uniforme y marcharon o navegaron no les preguntaron si querían a sufrir y morir. 

Entonces, ¿qué hizo que nuestro gobierno cambiara de idea tan súbitamente? 

Dinero.

Cabe recordarse que una comisión aliada vino poco antes de la declaración de guerra y visitó al Presidente. El Presidente llamó a un grupo de consejeros. El líder de la comisión habló. Despojado de su lenguaje diplomático, esto fue lo que le contó al Presidente y a su grupo: 

No tiene sentido que nos engañemos más tiempo. La causa de los aliados está perdida. Ahora os debemos (banqueros americanos, fabricantes de municiones americanos, fabricantes americanos, especuladores americanos, exportadores americanos) cinco o seis mil millones de dólares. 

Si perdemos (y sin la ayuda de los Estados Unidos debemos perder) nosotros, Inglaterra, Francia e Italia, no podemos devolver este dinero...y Alemania no lo hará. 

Por lo que...

Si se hubiera prohibido el secretismo en las negociaciones en lo que trata a negociaciones de guerra, y si la prensa hubiera sido invitada para estar presente en la conferencia, o hubiera estado disponible la radio para retransmitir los actos, América nunca habría entrado en la Guerra Mundial. Pero esta conferencia, como todas las discusiones bélicas, estuvo envuelta en el mayor secretismo. Cuando nuestros chicos fueron enviados a la guerra, todo lo que le contaron fue "una guerra para hacer el mundo seguro para la democracia" y una "guerra para acabar con todas las guerras". Bueno, dieciocho años después, el mundo tiene menos democracia que entonces. Aparte, ¿qué nos importa a nosotros si Rusia o Alemania o Inglaterra o Francia o Italia o Austria viven bajo democracias o monarquías? ¿Si son fascistas o comunistas? Nuestro problema es conservar nuestra propia democracia. 

Y muy poco, si acaso algo, se ha logrado para asegurar que la Guerra Mundial era realmente la guerra que acabaría con todas las guerras. 

Sí, ha habido conferencias de desarme y conferencias de limitaciones de armas. No significan nada. Una ha fracasado; los resultados de otra se han anulado. Enviamos a nuestros a nuestros soldados y nuestros marineros profesionales y nuestros políticos y nuestros diplomáticos a estas conferencias. ¿Y qué ocurren? 

Que los soldados y marineros profesionales no quieren el desarme. Ningún almirante quiere quedarse sin barco. Ningún general quiere quedarse sin mando. En ambos casos implican hombres sin trabajo. No desean el desarme. No apoyan la limitación de armas. Y en todas estas conferencias, acechando en el fondo pero todopoderosos, se encuentran los siniestros agentes de aquellos que se benefician de la guerra. Ven que estas conferencias no desarman ni limitan seriamente el armamento. 

El principal objetivo de cualquier poder en cualquiera de estas conferencias no ha sido lograr el desarme para evitar la guerra sino conseguir más armamento para sí mismo y menos para cualquier enemigo potencial. 

Tan solo son una manera de desarmar sin ningún apariencia de practicabilidad. Es para que se reúnan las naciones para juntarse y desguazar todo barco, toda pistola, todo rifle, todo tanque, todo avión de guerra. Incluso así, si fuera posible, no sería suficiente. 

La siguiente guerra, según los expertos, no se librará con acorazados ni artillería, ni con rifles o ametralladoras. Se luchará con químicos letales y gases. En secreto, cada nación está estudiando y perfeccionando medios nuevos y abominables de aniquilar a sus enemigos por completo. Sí, se seguirán construyendo barcos, para que los fabricantes navales tengan sus beneficios. Y seguirán fabricándose pistolas y pólvora y rifles, pues los fabricantes de munición deben lograr sus grandes beneficios. Y los soldados, por supuesto, deben vestir uniformes, para que los fabricantes obtengan sus beneficios de guerra. 

Pero la victoria o derrota será determinada por la habilidad e ingenuidad de nuestros científicos. 

Si los ponemos a trabajar haciendo gas venenoso e instrumentos de destrucción más mecánicos y explosivos, no tendrán tiempo para la labor constructiva de mayor prosperidad para todas las personas. Empleándolos en este trabajo útil, podemos obtener más dinero de la paz que de la guerra -- incluso los fabricantes de munición.

Así...digo, 

¡AL INFIERNO CON LA GUERRA!

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No os diré "No donéis", pues no todos los gastos son amargos