¿Un cirujano saboreó la santidad del prepucio de Cristo?

Dibujo de la catedral de San Esteban en Châlons-sur-Marne.

El prepucio de Jesucristo era una reliquia codiciada, pero afortunadamente era lo suficientemente grande para repartirse en decenas de iglesias y cubrir de anillos a Saturno. Para demostrar que se tenía una reliquia genuina, se suele contar que se ponía a prueba su sabor genuino a santidad pero, ¿qué tiene de cierta esta historia? 

El trabajo del croque-prépuce

Gaston-Louis de Noailles.
En la catedral de San Esteban en la diócesis de Châlons-sur-Marne, el obispo Gaston-Louis de Noailles (1669-1720), hermano del cardenal Louis Antoine de Noailles, entregó a un cirujano la reliquia envuelta en terciopelo rojo que veneraban las feligresas para comprobar si era santa. Este la degustó y concluyó que el prepucio era simple arena. Así, el cirujano fue denominado el croque-prépuce.

Así lo cuenta Jacques Collin de Plancy en su Dictionnaire critique des reliques et des images miraculeuse (1821). Según la segunda parte del primer volumen de Essais historiques sur la ville de Reims (1823) de Nicolas-René Camus-Daras, ocurrió en 1702, pero no se trataba de un prepucio, como indica Collin de Plancy, sino de un ombligo, coincidiendo con Voltaire en El siglo de Luis XIV (1751) y Tratado sobre la tolerancia (1763). El filósofo francés relató que el obispo lo arrojó al fuego y, cuando el pueblo emprendió acciones legales contra él, alegó que a Cristo podía ser venerado en espíritu sin tener su ombligo en la iglesia. Antoine Banier, Jean-Baptiste Le Mascrier y Bernard Picart también mencionarían dicho ombligo en el segundo volumen de Histoire générale des cérémonies (1741). Explican que se llevaba en procesión bajo un dosel y se le bendecían con las mismas ceremonias que si se tratara del cuerpo de Cristo. También añaden que, según un guardián de los recoletos de París, autor de los Anales eclesiásticos de la diócesis de Châlons, afirmó haber demostrado su autenticidad. 

Por ello, todas las referencias al prepucio y al "triturador de prepucios" parten de Collin de Plancy, quien no tiene fama precisamente por su fiabilidad. La práctica parece aludir al metzitzah b'peh, la succión en el ritual judío de circuncisión pero, aunque hay historias de experiencias sagradas saboreando el prepucio divino, ninguna como método de comprobación de reliquias.

Fuente 

  • Seth, C. (2013). À la recherche du Saint Prépuce. Littérature, 169(1), 5-18.
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