Gregorio de Nisa, abolicionista de la esclavitud en tiempos del Imperio romano
Posición filosófica y religiosa en su época
El apóstol Pablo indicaba en la Epístola a los gálatas (Gálatas 3:28) que Cristo no hacía distinción entre libres y esclavos, una indiferencia o adiaforía estoica que mostraba en su Epístola a Filemón (Filemón 1:20-26), donde le devuelve a Onésimo, su esclavo, señalándole de manera ambigua que lo libere (Filemón 1:16). A pesar de ello, en la Primera epístola a los corintios (1 Corintios 7:20-24) indicaba a los esclavos a mantener su condición, pues no observaba esta como indeseable, pues no era una virtud ni un vicio.
Fuera cual fuese la postura de Pablo, la posesión y el maltrato de esclavos persistió entre los cristianos, pues en el ámbito jurídico no eran sus iguales. Lo mismo ocurría en el ámbito filosófico. Aunque Diógenes Laercio afirmaba que los estoicos consideraban fávli (φαύλη, "moralmente despreciable, estúpido") al dominio, refiriéndose al sometimiento de un ser humano, el filósofo estoico Séneca poseía muchos, a pesar de abogar por un trato humano. Por su parte, los tratados filosóficos se enfocaban en controlar la ira en lugar de mejorar el bienestar de los esclavos. Como ocurría con el apóstol Pablo, la repudia se dirigía a la esclavitud moral.
Llevar a la práctica el rechazo a la esclavitud era posible. Los judíos esenios y terapeutas rechazaban la posesión de esclavos y la institución de la esclavitud al considerarla injusta, al creer que todos los humanos nacen y crecen iguales. Aunque fueran sectas judías, desde el cristianismo las señalaron como propias. Dión Crisóstomo (c.40-c.120) se basó en las doctrinas de los esenios y la autarquía cínica y estoica para condenar la esclavitud como injusta.
Rechazo minoritario cristiano a la esclavitud
Agustín de Hipona (354-430) es la posición más extrema a favor de la esclavitud al razonar que Dios mismo decidía (divino indicio) quién debía ser esclavo o prisionero de guerra, siendo esta situación un castigo por los pecados personales, no por el pecado original. Apoyándose en los filósofos griegos, aseguró que la esclavitud moral a las pasiones era peor que la esclavitud legal, aunque invitaba a los amos a la humanidad y a los esclavos a la sumisión. Por eso se oponía a la manumisión, es decir, la liberación de los esclavos.Basilio de Cesarea (330-379) y Teodoreto de Ciro (393-458/466) aluden a la maldición de Cam (Génesis 9:20-27), donde Noé condenó a la descendencia de Canaán a ser esclavos. Teodoreto defendía el status quo, tanto entre ricos y pobres como maridos y esposas y amos y esclavos, pues hasta los ángeles tenían una jerarquía y la esclavitud era útil. No era una posición designada por Dios, que es justo, pues surgió del pecado a partir de la maldición proferida por Noé. Por ello Dios dividió la humanidad en razas para reducir mediante el miedo los pecados en las gentes que prevalecía la pasión sobre la razón. Concluye que la esclavitud es un mal necesario para corregir la corrupción moral y que los amos tienen preocupaciones que no atormentan las mentes de los esclavos. Basilio reconoce que ningún humano es naturalmente esclavo, pero que la guerra, la pobreza y la voluntad divina de que los peores y menos dotados se beneficien de servir a los mejores
Cipriano de Cartago (200-258) recordaba que los amos también tenían un Señor, criticando que un amo, nacido con la misma carne y alma que un esclavo, maltrate con hambre, desnudez, violencia y prisión a quien le sirve. Clemente de Alejandría (150-215/217) citaba a Pablo en la Epístola a los gálatas, pero también indicaba a los esclavos a acatar con nobleza (Colosenses 3:22) y con respeto (1 Timoteo 6:1-2). Compartía la opinión de que la esclavitud provenía del pecado, pero refiriéndose a la esclavitud a Satán.
Orígenes de Alejandría (185-253) no apoya la esclavitud y la interpreta en el sentido espiritual al asegurar que todos somos esclavos del pecado. Diferencia entre ser esclavo de un humano, que condena, y serlo de Dios, pues es voluntaria y se recibe la salvación en lugar de perder la dignidad. Cristo habría sido un siervo para liberarnos de la muerte.
Los ascetas Juan Crisóstomo (347-407) y Gregorio Nacianceno (329-389) eran opuestos a la postura de Agustín. Juan Crisóstomo argumentó que no había necesidad de esclavos, pues Dios nos hizo autárquicos para servirnos a nosotros y a nuestros vecinos. Añadió que Pablo no tuvo esclavos; que es un pecado e innecesario; que la posesión de muchos esclavos, más de uno o dos, violaba el principio de falta de tierras (ἀκτημοσύνη, aktimosýni) y que la esclavitud es un castigo por el pecado original del que Cristo liberó a la humanidad. Por ello abogaba por adquirir esclavos, enseñarles un oficio y liberarlos. Gregorio Nacianceno liberó a esclavos, reflexionando que la única esclavitud es la de todas las criaturas hacia Dios, siendo aquella entre humanos como un acto no natural derivado de la pobreza y la tiranía.
Liberación de los esclavos
En el año 321, el emperador Constantino otorgó a las iglesias el derecho de manumisión (manumissio in ecclesia). La iglesia poseía a muchos esclavos (servi) en sus propiedades, recibiendo limitaciones para liberarlos para convertirlos en clérigos (clerici). Cada año, estas liberaciones solían realizarse durante la Pascua.
Gregorio de Nisa (330/335-394-400) aludía a la Pascua como una fiesta de liberación, tanto por aquellos que obtenían la libertad dignamente como por aquellos que, aun no liberados, evitaban el castigo de sus amos en estas fechas. Como hacían Filón (20-45) y Orígenes de Alejandría comparándolo con el mal, asimiló a los amos con el faraón que esclavizó a los hebreos y les negaba la libertad. La huida de Egipto y la apatheia, la liberación de las pasiones, supuso la emancipación del alma de la tiranía del mal, en la que cayó tras la caída de Adán.
Al comparar a los amos con el faraón, cobraba más sentido que los animara a liberar a todos los esclavos en la Pascua sin excepción. Para Gregorio de Nisa, el fin de la esclavitud supondría el fin de servidumbre al mal, a los castigos, consecuencia de este, y coincidiría con la apocatástasis, una restauración universal a la perfección donde se sería uno con Dios. Al vincular esta con la anástasis o resurrección de Cristo, equipara la esclavitud con la muerte y la privación de la parresia o de hablar con franqueza. Argumentaba que si los prisioneros y esclavos eran liberados cuando nacía un nuevo miembro de la familia imperial o ante un triunfo bélico, la liberación debía ser mayor ante la victoria de Cristo sobre la muerte. En cambio, aquellos que elegían el mal, como poseer esclavos, no tenían la esperanza de resucitar y tan solo esperaban disfrutar del presente.
Califica al humano que presume de dominar a otro de impío, pues es un acto ilegítimo contra la voluntad de Dios y un robo, pues los humanos le pertenecen. Él los liberó y les proporcionó libre albedrío. Otorgó a todos los humanos el dominio sobre la creación, incluyendo a las criaturas irracionales (Génesis 1:26), no de uno sobre los otros, pues los humanos fueron hechos a su imagen, que es libre, y recibieron el logos, que es Cristo y no tiene precio. Por lo tanto, es la arrogancia humana la que divide a la humanidad.
En definitiva, ni Dios mismo esclavizaría a la humanidad pues el propio Cristo se convirtió en siervo (Filipenses 2:7) para liberarla cuando esta se sometió al pecado. Solo lo creerían aquellos engañados por el diablo. Del mismo modo que Dios es uno y trino, donde el Hijo no está subordinado al Padre, al menos no en condición de inferioridad (1 Corintios 15:28), la divinidad también vive en toda la humanidad y no debe ser sometida. La única esclavitud que admite es la de los santos hacia Dios, como Pablo (1 Corintios 4:1), Moisés y Gregorio Taumaturgo (213-270).
Estos argumentos también los usaba contra la pobreza y la enfermedad, que no eran un castigo divino, criticando a los pocos codiciosos que acumulan más de lo que necesitan, como esclavistas y usureros, provocando las penurias de muchos, comparándolos con los ladrones y con Judas Iscariote y, por lo tanto, también con el faraón y el diablo.
Vida ejemplar
En su vida fue consecuente con sus creencias. Su hermana Macrina (324-379) compartía su vida en el monasterio con sus antiguas esclavas, a los que animaba a ingresar en la comunidad monástica, convenciendo a su madre Emelia de vivir con ellas como ascetas con igual dignidad, convirtiéndolas en sus hermanas y renunciando a que les sirvieran. Gregorio elogia a su hermano Naucracio por despojarse de sus posesiones, rechazar un cargo eclesiástico, aceptando llevar una vida asceta y pobre con su antiguo esclavo Crisapio sirviendo a los pobres viejos y enfermos. Su otro hermano, Pedro de Sebaste (349-391/394), también abrazó el ascetismo en su juventud. Sobre el propio Gregorio, hay distintas posiciones sobre si poseía o no esclavos. Gregorio Nacianceno lo criticó por no seguir el camino del sacerdocio. Pudo haber estado casado, pero su esposa habría muerto joven en un parto, por lo que se fue a vivir con su propia hermana Teosebia, que fue sacerdotisa y alcanzó el cargo de obispa.
Fuente
- Ramelli, I. (2012). Gregory of Nyssa's Position in Late Antique Debates on Slavery and Poverty, and the Role of Asceticism. Journal of Late Antiquity, 5(1), 87-118.

_-_The_Four_Doctors_of_the_Western_Church,_Saint_Augustine_of_Hippo_(354%E2%80%93430).jpg)

