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Adam Worth, la inspiración de Moriarty

Su nombre es Adam Worth, surgió en las calles de Cambridge, Massachusetts, y se convirtió en exitoso ladrón de cajas fuertes y bancos en Nueva York. En 1865 ya contaba con 53.000 crímenes con violencia. Insatisfecho con una mera notoriedad local y buscando escapar de la atención de los detectives Pinkerton, en 1869 junto con Charles Bullard adoptaron una nueva identidad y se embarcaron a Inglaterra. Él robó el nombre de Henry J. Raymond, fallecido editor del New York Times,  mientras se transformaba en un caballero inglés, con un piso en Piccadilly, un yate a vapor, caballos de carreras y un sindicato internacional de ladrones y falsificadores, mientras que Charles Bullard. usó el de Charles H. Wells, un petrolero texano. Durante años, distrajeron la atención de la policía de todo el mundo con crímenes bien planeados y sin derramamiento de sangre hasta Port Elizabeth en Sudáfrica, donde robó $500.000 en diamantes en bruto, sin dejar ninguna prueba incriminatoria.

Juntos empezaron a competir por los favores de la camarera Kitty Flynn, a quien le revelaron sus identidades. Aunque se convirtió en la esposa de Bullard, tampoco le hacía ascos a Worth. Años después tendrían dos hijas, aunque no se supo nunca exactamente quien de los dos era el padre de ambas. Mientras el matrimonio estaba de Luna de miel, Worth robó casas de empeños, repartiendo el botín con la pareja a su vuelta y trasladándose a París.


Después de la Comuna Francesa, la policía de París se encontraba muy desorganizada. Allí fundaron el American Bar, que sería un bar en la planta baja y un cuarto de apuestas en el piso superior. Las mesas podían plegarse en la pared y el suelo cuando el timbre del piso inferior avisara de una incursión policial. Dos años después, el fundador de la agencia Pinkerton llegaría a París y decidieron cerrar el local por el número de incursiones policiales, volviendo a Londres.

De nuevo en Londres, adquirió una mansión georgiana y un apartamento en Mayfair, a la vez que formaba su red criminal. De esta manera, organizaba robos, insistiendo en la norma de no usar la violencia y controlando a personas que no sabían su nombre. Scotland Yard estaba al tanto de la red criminal, pero no tenía ninguna prueba.

Las cosas empeoraron cuando su hermano John fue enviado a cobrar un cheque falso en París, por el que fue arrestado y extraditado a Inglaterra. Worth consiguió exonerarlo y devolverlo a los Estados Unidos. Cuatro de sus asociados fueron arrestados en Estambul por difundir billetes falsos y tuvo que usar grandes cantidades de dinero para comprar a los jueces y a la policía. Bullard se volvió cada vez más violento y su alcoholismo empeoró, volviendo a Nueva York, seguida poco después por Kitty.

En la noche del 25 de mayo de 1876, robó el Retrato de Georgiana, duquesa de Devonshire, del pintor Gainsborough del Agnew and Sons, una galería de Londres, sin dejar ninguna prueba. Era un glorioso retrato, realizado por un pintor en la cumbre, de una joven y seductora condesa que ocupaba la misma posición en la sociedad y cotilleos de Londres en 1787 que la que mantenía dos siglos después su descendiente colateral, Diana, princesa de Gales, hasta su trágica muerte.

Previo al robo, el retrato había desaparecido durante 50 años, para terminar en la casa de la señora Maginnis, quien había cortado las piernas para que cupiera en la repisa. Fue descubierta en 1841 por un tal John Bentley, marchante de arte de Londres, quien, después de algún regateo, lo compró por 56 libras y posteriormente se lo vendió a un coleccionista llamado Wynn Ellis. A su muerte, el marchante de arte William Agnew lo compró en una subasta al extraordinario precio de 10.000 guineas. Entonces Agnew acordó vendérselo a Junius Morgan, quien quería un regalo "principesco" para su hijo J. Pierpont, por $50.000, el precio más alto que se había pagado por un cuadro. Pero antes de que el señor Morgan pudiera tomar posesión de él, fue cortado de su marco por Adam Worth.

Durante los siguientes 25 años, Worth se aferraría a la duquesa, como si se hubiera enamorado de ella, como lo hizo una vez con Kitty Flynn. Cuando viajó, enrolló el retrato en el doble fondo de su maleta. En Londres, durmió con el cuadro tendido entre dos placas planas debajo de su colchón.

Finalmente Worth fue capturado, quizás por su arrogancia que le llevó a creer que podía hacer cualquier cosa, incluyendo un robo de dinero a la luz del día de una furgoneta exprés en Lieja. Fue capturado por la policía, abandonado por sus cómplices, traicionado por un viejo rival, y pasó cinco miserables años en una cárcel belga. Para colmo de males, uno de sus antiguos cómplices aprovechó su ausencia para seducir a su esposa y robarle todo lo que ella poseía en su camino de joyas y caballos de carreras.

Esto acabó con el espíritu y salud de Worth. En sus últimos y alcohólicos años, forjó una amistad con William Pinkerton, con quien había jugado al gato y al ratón durante casi medio siglo. En 1901, trabajaron en un plan un tanto cuestionable para devolverle a la galería Agnew el retrato por $425.000. Worth volvió a Londres con sus hijos, con quien pasó sus últimos años. Su hijo se aprovechó de un acuerdo entre Allan Pinkerton y su padre y trabajó en la agencia como detective.

En cuanto a la duquesa, fue vendida a J. Pierpont Morgan por un precio que, según el libro de Ben MarcIntyre sobre Adam Worth, son 30.000 libras en una parte y dólares en otra. En 1991, fue adquirida en la subasta en Sotheby's por un apoderado para regalárselo al duque de Devonshire. Ahora, más de 200 años después, cuelga en la sede ducal de Chatsworth House.



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