Los contactos antiguos de Japón más allá de China
Situado en el extremo oriente, Japón es conocido principalmente por el periodo Edo (1601/1603-1868), caracterizado por el cierre de fronteras o sakoku (1639-1853), y su desarrollo posterior. Pero ese archipiélago que para Marco Polo era la isla mítica de Cipango, y que los europeos no verían en primera persona hasta 1543, tuvo contactos previos más allá de la sinoesfera.
Textos
El Nihon Shoki (720) y su continuación el Shoku Nihongi (797), ambas crónicas históricas japonesas, mencionan visitas de extranjeros de tierras lejanas, como tocarios, kosalas y persas, que llegaron a través de las rutas de la seda. Esto ocurre con la dinastía Tang (618-690, 705-907) en el continente como intermediario necesario. El Nihon Shoki presenta dos naufragios con personas de Tocaristán (Bactria). El primero ocurre en el cuarto mes del 654, durante el reinado del emperador Kōtoku (545-654), que contaba con dos hombres y dos mujeres de esta región. El segundo sucede en el séptimo mes del 657, durante el segundo reinado de la emperatriz Saimei (642-645, 655-661), que tenía a dos hombres y cuatro mujeres.
Dārāy
En uno de estos pudo haber participado Kenzuhashi Dachia, quien ofreció sus respetos al emperador y, volviendo a su país en el 660., solicitó escolta, dejando atrás a su esposa a cambio, partiendo con varias decenas de hombres. Su nombre sería la versión japonesa de Dārāy, mientras que Hashi (波斯) se referiría a Persia. Sobre Kenzu hay más debate, pudiendo ser la palabra persa Hindūg o Hindūgān (Hindustán, es decir, la India) sinicizada, una mención al topónimo Kunduz o Samarcanda. La hipótesis que lo incluye en el primer naufragio plantea que fuera de sangre real, aliado militar de Peroz III (636-678), último rey sasánida, y que estuviera casado con su hija, con quien tendría una hija-nieta. Este razonamiento parte de muchas suposiciones, incluyendo que la tripulante que se consideraría como su hija y esposa fuera la única cuyo origen no se indicara en el texto, ignorando la lectura que permite encontrarlo en parte de lo que interpreta como su nombre.
Ri Mitsuei o Li Mi-i
En el Shoku Nihongi, en el octavo mes del 736, Nakatomi no Nashiro, viceenviado de la dinastía Tang, lideró un grupo de tres chinos y Ri Mitsuei o Li Mi-i, un persa, para obtener una audiencia con el emperador Shōmu (724-749), recibiendo ascensos, correspondientes al rango social en el lugar al que pertenecían, en el undécimo mes cuando esta llegó. Aunque no se menciona su nombre, es probable que el persa que tuvo una audiencia con el emperador meses antes fuera el mismo, pues también se mencionó la presencia de Nakatomi no Nashiro.
Una hipótesis popular es que fuera un misionero cristiano siriaco, debido su nacionalidad se puede interpretar así pero, de ser correcto, sería el único en mencionar su religión en lugar de su nacionalidad. En la misma línea, se alude a un error del escriba y que su nombre persa habría sido Mīlis o Mīles, el sacerdote homónimo y padre de Yazdbōzīd, quien erigió la estela nestoriana de Xi'an en el 781. No obstante, las pruebas a su favor son inexistentes y, si fuera el caso, sería referido con títulos que señalaran su posición eclesiástica. Su ausencia entre los visitantes budistas extranjeros en los textos budistas contemporáneos, como ocurre con varios de sus compañeros, podría descartar que lo fuera. A pesar de todo, se desconoce tanto su posición religiosa como su misión. Teniendo en cuenta que el emperador se reunió con sus compañeros Dōsen y Baramon, quienes tenían roles religiosos, y no solo no estuvo incluido en esta audiencia sino que ningún monje o sacerdote recibió un rango imperial en toda la obra, su posición debió ser secular. En las reconstrucciones de su nombre (Rāmyār, Mihr-ay, Mihr-ey, Mihr-ag, Rēv-Mihr, Mihr-dād, Mihr-ād) predomina el teónimo Mihr, popular entre maniqueos y zoroastrianos.
En la escritura alternativa de su nombre como Rimitsui, el carácter para i (醫) alude a los profesionales sanitarios. Junto con las prácticas médicas del emperador, tendría sentido que fuera un médico que hubiera participado en sus reformas. Aunque más convincente, no es gramaticalmente correcto, pero tampoco es descartable del todo. Al mencionarse los ascensos, su compañero Kōho Tōchō, quien participaría en la música de la corte, lo recibe antes, sugiriendo que Ri Mitsuei sería más joven o de menor rango. Al no aparecer posteriormente con Kōho, probablemente no era músico.
Una hipótesis sugiere que se trataría de un familiar o el propio Hashi no Kiyomichi ("Kiyomichi de Persia") mencionado en un mokkan o tabla del 765 ncontrada en un sitio arqueológico. Este habría sido contratado de manera extraordinaria como administrador del turno nocturno de la universidad imperial Daigaku-ryō, cumpliendo funciones que nadie más en Japón podría cubrir.
Sadr ud-Din, el primer musulmán en Japón
Tras la fallida invasión mongola en 1274, Kublai Khan envió al año siguiente con un mensaje a Dù Shìzhoung, ministro de ritos; Hé Wénzhù, ministro de guerra, y Sadr ud-Din, consultor jefe de planificación. Según el Yuan Shi, fueron asesinados en 1280 sin enviar un informe. El Xin Yuan Shi de Ke Shaomin, del siglo XX, difiere en la fecha de ejecución, reduciendo su estancia a cinco meses. Este lo describe como un uigur de 32 años.Objetos y religión
En Japón, el budismo llegó en el siglo VI a través de China, siendo un religión de origen indio. De esta manera llegaron los siete dioses de la fortuna (七福神 Shichifukujin), donde tan solo Ebisu, dios de los comerciantes y el mar, es japonés. Tres son chinos: Hotei, de la abundancia y salud; Fukurokuju de la felicidad y longevidad, y Jurōjin, de la sabiduría. Otros tres, como revela el sufijo -ten, derivado del sánscrito deva, son hindúes: Bishamonten, basado en Vaiśravaṇa o Kubera, dios de los guerreros y convertido en defensor del dharma; Daikokuten, basado en el temible Mahakala, y Benzaiten, basada en Saravasti.
Los textos budistas no podían transmitirse si los japoneses no tenían una escritura, por lo que llegaron de la mano, con el Kojiki (711-712) como obra escrita más antigua. Por ello es importante tener en cuenta los objetos que llegaron desde el exterior para conocer su historia.
Por medio de la ruta marítima de la seda alcanzaron el archipiélago recipientes de vidrio tallado o cerámica esmaltada del Imperio sasánida (224-651) y postsasánida en la región persa, desde los siglos V al X. Muchos de sus fragmentos se concentran en la bahía de Hakata, frente al estrecho de Tsushima del estrecho de Corea, y la prefectura de Fukuoka, que tenía un importante comercio con el exterior.
La tesorería imperial Shōsō-in en el templo Tōdai-ji en Nara contiene 9000 obsequios diplomáticos, la mayoría añadidos en la segunda mitad del siglo VIII, tras fallecer el emperador Shōmu. Al menos dos se pueden datar y apuntar su origen con confianza a Oriente Medio en los siglos V-VI. También se encuentran ejemplos en el santuario Kamigamo, fundado en el 678, y el santuario Munakata de Okinoshima. En el templo Hōryūji hay un bloque de incienso de comienzos del siglo VII con escritura pahlavi y un sello sogdio que, por alguna razón, nunca se usó.
En los kofun, unos túmulos funerarios del periodo homónimo (300-538), se han encontrado objetos de tierras lejanas. En un kofun del siglo V de Nagaoka, se encontraron cuentas anulares de vidrio y pan de oro producidas cerca del Imperio romano. En el kofun Fujinoki de Nara, se encontró un espejo de bronce adornado con dragones y fénix de posible origen escita; una corona dorada similar a las encontradas en Afganistán; arreos para caballos con imágenes chinas e indoiranias de animales exóticos, como leones, tigres y elefantes, y objetos con motivos de diseño como la palmeta floral irania y el hexágono romano. En el periodo Yayoi (300 a.C.-300 d.C.) llegaron brazaletes o ajorcas de vidrio azul del sudeste asiático y que se han conservado en la prefectura de Fukuoka o en la tumba I de Oburo-Minami en Kyōtango, en la península japonesa de Tango.
Fuentes
- Morris, J. H. (2020). A New Analysis of Persian Visits to Japan in the 7th and 8th Centuries. Journal of International and Advanced Japanese Studies, 12, 105-120.
- Morris, J. H. (2018). Some reflections on the first Muslim visitor to Japan. American Journal of Islam and Society, 35(3), 116-130.
- Priestman, S. (2016). The Silk Road or the Sea? Sasanian and Islamic Exports to Japan. Journal of Islamic Archaeology, 3(1).
- Munson, T. (2021). Beyond the Sinosphere in Early Japan. Education About ASIA, 26(3).
- Mizuguchi, A. (2002). From Ancient to Modern Times: A Retrospective of Japan's Relationship with the Middle East. Asia Pacific Review, 9(2), 93-103.
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