Irene, diosa de la paz para tiempos de guerra
Los antiguos griegos pasaban tanto tiempo en guerra que, en Leyes de Platón, Clinias de Creta decía que la paz es tan solo una palabra y que, en su lugar, las polis tan solo se mantenían en una guerra sin declarar. No quiere decir que no la conocieran, la apreciaran ni nunca abogaran por la paz (Ἐιρήνη, Eirḗnē), la quietud (ἡσυχία, hēsykhía) y la concordia (Ὁμόνοια, Homónoia), pero su diosa prosperó cuando estuvo más ausente.
Temporada de paz
La Teogonía de Hesíodo incluye a Irene o Eirene entre las Horas (Ὧραι, Hôrai, "Estaciones") Eunomia (Εὐνομία, "Orden") y Dice (Δίκη, Díkê, "Justicia"), hermanas de las Moiras (Μοῖραι, Moîrai, "repartidoras") e hijas de Zeus y Temis, diosa del derecho consuetudinario y el orden. Por ello, mientras unas controlaban el destino de los humanos, el trío de las Horas, en la 13ª Oda Olímpica (464 a.C.) de Píndaro, dominan la riqueza de estos, combatiendo la arrogancia. Así, en la tragedia Cresfontes (c.430-424 a.C.) de Eurípides la presenta como la estación anhelada, rica, la más bella de los dioses, rebosante de gracia femenina, deseada por sus hermosas danzas, sus festividades y protectora ante el placer de Eris por el acero afilado. Aunque Irene se podía equiparar con el invierno, en contraposición al verano como temporada militar, su posición como estación era más abstracta, una época de paz con fecha indeterminada.
En la comedia La paz de Aristófanes, un coro de trabajadores y granjeros rescata a Irene, la diosa de la cosecha Opora (Ὀπώρα, Opṓra, "otoño, fruto") y Teoría (Θεωρία, Theoria, "festiva, espectáculo") de Ares, describiendo a la primera como la mejor deidad, de cara bella, la que más ama el vino, dadora de uvas y señora de las danzas y bodas. Con ironía, el granjero Trigeo sacrifica una oveja en su casa porque a Irene no le gustan las matanzas y no va a manchar su altar con sangre. Esto ocurrió en el 421 a.C., antes de firmarse la paz de Nicias que concluyó la primera parte de la guerra del Peloponeso (431-404 a.C.).
Desprecio por la guerra
Parece evidente, pero los griegos preferían la paz a la guerra. El trato de Ares, despreciado incluso por otros dioses, en la Ilíada de Homero es una muestra de ello. Se resalta el despropósito de la guerra y hasta los troyanos detestan a Paris por conducirles a la batalla. La guerra y la paz se contrastan en las ciudades del escudo de Aquiles, indicándose el ansia de los guerreros por volver a la paz previa a la guerra de Troya y disfrutar de nuevo de la amistad y juramentos confiables. En Obras y días de Hesíodo, se reitera el contraste entre la pacífica y próspera ciudad justa y la ciudad que sufre guerra, hambre, enfermedad e infertilidad. El vínculo de paz y prosperidad se mantiene en la Odisea de Homero y la edad de oro de Hesíodo.En el periodo clásico, tras las guerras médicas (492-449 a.C.) y durante la guerra del Peloponeso (431-404 a.C.), Herodoto (484-425 a.C.), Eurípides (484/480-406 a.C.), Tucídides (460-396 a.C.) y Aristófanes (445-385 a.C.) compartían esta preferencia. Según Herodoto, Creso, último rey de Lidia, dijo que nadie es tan insensato para preferir la guerra a la paz, pues en una los hijos entierran a los padres y en la otra los padres a los hijos. También compartió que el general persa Mardonio criticaba la propensidad de los griegos para enfrentarse entre ellos. En Las suplicantes (422 a.C.), Eurípides señala la falsa confianza y esperanza que conduce los hombres a votar por la guerra en lugar de la paz. En Los acarnienses (425 a.C.), Aristófanes muestra al granjero Diceópolis negociando su paz privada con el enemigo, mientras en Lisístrata (411 a.C.), la protagonista homónima motiva a las mujeres a renunciar al sexo con los hombres hasta que acuerden la paz. Coincidiendo con los sofistas, Tucídices denunciaba la patología de la guerra civil, y lo que hoy conoceríamos como polarización, para la que Demócrito (460-460 a.C.) razonaba que no tenía ganador real, aspirando a la concordia. Después de todo, las élites eran quienes encontraban beneficios en los conflictos.
Materialización de la paz
La paz y su deificación eran reconocidas desde hacía siglos, pero hasta el IV a.C., no tenía un significado diplomático en términos legales. Es decir, era un estado beneficioso que requería una amistad bilateral. En el discurso de Andócides en el 391 a.C. se va materializando el concepto de paz, pues distingue entre la tregua, donde el ganador puede imponer sus condiciones por la fuerza, por restrictivas que sean, con las discusiones de paz, implicando una coexistencia entre los participantes del acuerdo.
Herramienta propagandística
Irene va convirtiéndose en una diosa independiente y ganando importancia. En Las bacantes (409 a.C.) de Eurípides, se presenta como la diosa de la prosperidad (ὄλβος, olbos) y matrona de niños, compañera ideal para otros dioses, como Dioniso, que la ama. En la tragedia Orestes (408 a.C.) de Eurípides, Apolo invita a los personajes, y al público, a honrar a Irene, implicando un culto privado. En torno al 375 a.C., tras la victoria del general Timoteo sobre los lacedemonios en la isla de Córcira (Corfu), se estableció en Atenas un culto a Irene, supervisado por generales, con sacrificios animales anuales en su altar. En torno al 354 a.C., el retórico Isócrates justificaba la creación del culto cívico en agradecimiento por los beneficios recibidos por ambas ciudades. Según las inscripciones, la venta de las pieles de los bueyes sacrificados muestra que tuvo un éxito equiparable al festival de las Dionisias Urbanas. Esto contrasta con el olímpico Ares que, a pesar de su presencia desde la edad de bronce micénica, apenas tenía presencia en el culto estatal antes de la segunda mitad del siglo IV a.C.
Irene se presentó como cuidadora (κουροτρόφος, kourotrophos) de Pluto (Πλοῦτος, Ploûtos, "riqueza"), hijo de Deméter, por lo que este podría representarse en sus brazos. Cefisodoto el Viejo aplicó este popular motivo en la obra que lució en el ágora ateniense en torno al 370-360 a.C. Pudo deberse a la paz con Esparta en el 375 a.C., la introducción de su culto, la paz panhelénica de Calias de 371 a.C. o la paz común con Esparta de 362/361 a.C. Según Pausanías, en el siglo II d.C., la escultura de Irene acompañaba a la olímpica Hestia en el Pritaneo, la sede del poder ejecutivo en Atenas. El mismo autor indicó que Jenofonte de Atenas y Calistónico de Tebas replicaron este motivo clásico en Tebas con Tique (Τύχη Túkhē, "Fortuna") y Pluto.
En Locros Epicefirios, en el sur de la península itálica, se acuñó un estatero con la cabeza de Zeus en el anverso e Irene sentada en un altar con el caduceo en la mano derecha en el reverso. Como las monedas solían acuñarse para pagar a los soldados, pudo ocurrir tras agradecerle con un sacrificio en su altar una victoria militar. El caduceo en su mano podía simbolizar su protección sobre los mensajeros. En las ánforas panatenaicas se muestra en contrapposto, con una diadema, sosteniendo un cetro real en su mano derecha y una balanza en la izquierda, en cuyo brazo hay un niño pintado de blanco sosteniendo una cornucopia, a la que mira ella.
A pesar de todo, el culto a Irene en Atenas era una muestra de propaganda para mostrarse como defensora de la paz en comparación con otras polis, pues no dudaba en imponer su fuerza. La religión iba ligada a la política, con cultos locales y una mentalidad que buscaba una finalidad práctica de la relación con la deidad. Durante siglos se encadenaron tratados de paz que se grababan en placas, con la esperanza de que se mantuvieran indefinidamente o, al menos, varias décadas. A pesar de ello, el conflicto resurgía recurrentemente y, en esa situación, el culto a Irene se mantenía fuerte. Fue el rey Filipo II de Macedonia quien logró la paz común definitiva, multilateral e temporalmente indefinida, con la batalla de Queronea en el 338 a.C., poniendo fin a la independencia de las ciudades-estado.
El rey Filipo II de Macedonia puso fin a la independencia de las ciudades-estado en la batalla de Queronea en 338 y forzó una paz común final, ilimitada en el tiempo y multilateral, frente a las breves paces que se llegaban antes. Desde entonces, la importancia de Irene fue disminuyendo.
Fuentes
- Hannah, P. A. (2016). Eirēnē: Ancient Greek Goddess and Concept of Peace. En Visions of Peace (pp. 11-28). Routledge.
- Raaflaub, K. A. (2009). Conceptualizing and theorizing peace in ancient Greece. In Transactions of the American Philological Association (Vol. 139, No. 2, pp. 225-250). Johns Hopkins University Press.


