El viaje a pata de una jirafa a través de Francia
Durante la Guerra de Independencia de Grecia (1821-1829), el Imperio otomano quiso evitar el apoyo francés e inglés a los griegos. Por ello, Bernardino Drovetti, cónsul general francés de Egipto y consejero privado de Mehmet Alí, valí del eyalato de Egipto, le sugirió hacerles un obsequio diplomático: unas jirafas para Carlos X de Francia y Jorge IV del Reino Unido.
Viaje
Salida de Egipto
Ya le había obsequiado previamente una jirafa al sultán otomano Mahmud II, que murió en Constantinopla cuando no la alimentaron con leche fresca de vaca o camello como se le indicó. Era un error que no podían permitirse pero, además, ahora contaban con un problema adicional y evidente: Francia y Reino Unido estaban al otro lado del Mediterráneo. No obstante, salvo por las dimensiones del animal, esto no era un problema para Drovetti, quien había hecho fortuna con todo lo que demandaran sus clientes europeos, traficando con animales exóticos, antigüedades egipcias y momias al peso.
En primer lugar, era necesario contar con elemento fundamental: las jirafas. Se capturaron dos ejemplares (Giraffa camelopardalis camelopardalis) de ocho meses en tierras altas etíopes, llevándolas con camellos a Sennar, cuyo sultanato homónimo había sido conquistado recientemente por Egipto. De ahí partieron en faluca hasta Jartún, en la confluencia del Nilo Blanco con el Nilo Azul, donde pasaron 16 meses en una guarnición, recién construida, para que madurasen.
Entonces, siguió la ruta de esclavos río abajo, en parte navegando y en algunos tramos en caravanas. Hay discrepancias en los relatos sobre si pasaron por El Cairo o llegaron directamente a Alejandría, donde Drovetti asignó sus cuidados a su sirviente árabe y a su esclavo sudanés Atir. Pasaron tres meses en los terrenos del palacio de Mehmet Alí, en Shubra.
Viaje por el Mediterráneo
La dos jirafas estaban preparadas para el viaje, ambas portando un amuleto con un verso del Corán, pero tan solo Zarafa (1), que se dirigía a Francia, estaba en buenas condiciones. La otra se quedó en Alejandría, pues no podía sostenerse en pie sin ayuda. Zarpó el 29 de septiembre de 1826 en el bergantín I Due Fratelli, con un agujero en la cubierta, acolchado con paja y cubierto con lona, para sacar la cabeza. Le acompañaban tres vacas para alimentarla, una pareja de antílopes ruanos sennar (Hippotragus equinus bakeri) y una pareja de caballos.
Anclaron en el puerto de Dieudonnée, en Messina, en la isla de Sicilia, donde pasaron una cuarentena. El 23 de octubre de 1826, alcanzaron la isla de If, en el archipiélago de Frioul, frente a Marsella, donde de nuevo tuvieron que pasar tiempo en el lazareto desde el día 27. Una muestra de que los asuntos de palacio van despacio. Aprovechando ese tiempo, el conde Christophe de Villeneuve-Bargemon encargó la construcción de un establo con dimensiones aptas para la jirafa.
El 31 de octubre, los animales desembarcaron al fin en el continente. Pasarían el invierno en el establo a la espera de las condiciones óptimas para el viaje. Para evitar llamar la atención, se transfirieron a este entre las 10 y 11 de la noche, el 14 de noviembre de 1826, con la jirafa siguiendo a un caballo al que no perdió de vista. Por entonces, el conde recibió una pareja de muflones (Ovis gmelini), con una hembra embarazada. Una de las vacas dejó de dar leche, por lo que se vendió. En el establo, el 4 de marzo de 1827, el antílope macho, que tenía una enfermedad desconocida y era agresivo, mató a la hembra, que había engordado y sufría gastritis.
Rumbo a París
A finales de febrero, al mediodía, siguiendo a las vacas, la jirafa paseó diariamente con 6 hombres que la dirigían con cuerdas. Sus paseos fueron alargándose más de una hora conforme mejoraba el tiempo. Estos no solo servían para comprobar y mantener su condición física, sino para que se acostumbrara al nuevo ambiente, con carruajes y otros animales, y preparar a los conductores de los primeros para que se apartaran para evitar accidentes. Sus caminatas ya estaban convirtiéndose en un fenómeno que atraía a multitud de curiosos, requiriendo la intervención policial el 3 de marzo. En los caminos, el único incidente fue una mula herida y dos carruajes dañados.
Pero el objetivo no era que llegara a Francia, sino alcanzar París. La cuestión es cómo. Francia tenía la mejor red de caminos de ripio, pero se consideraba peligroso realizar el camino por tierra. La otra opción era volver a tomar el mar, rodear la península ibérica y desembarcar en El Havre, en Normandía. La tercera opción era navegar por el Ródano, pero también se consideró peligroso. Cuando el frío fue abandonando Marsella, el 19 de marzo, el conde se decidió por la primera opción, pero no sería él quien dirigiría el viaje, sino el prestigioso naturalista Étienne Geoffroy Saint-Hilaire.
Saint-Hilaire llegó el 4 de mayo y estuvo estudiando a la jirafa y al antílope durante varios días. Encargó una capa de hule en dos piezas para proteger el cuerpo y cuello de la jirafa. Contrató al joven Youseff Ebed, hijo de refugiados egipcios para que hiciera de intérprete de Hassam y Atir, a Barthélemy Chouquet y al conductor del carruaje, que cargó con cebada, salvado, maíz y alubias de sobra hasta Lyon. En jaula se llevaría al antílope y a los dos muflones. También se quedaría la piel y huesos del antílope hembra. Youseff dirigiría a las vacas, delante de la jirafa, sujeta con tres cuerdas: Hassam delante y Chouquet y Atir a los lados.
Comenzó el viaje el 20 de mayo de 1827, un domingo lluvioso. Entró en Aix-en-Provence a través del arco de árboles de Cours Mirabeau, donde la gente se arremolinó a su alrededor y le pidieron espectáculos públicos y privados. Después de un descanso, salieron por la mañana y se presentaron en Orgon tres días después. Aunque no tomaron el Ródano, fueron siguiéndolo, cruzando St. Cannat, Lambesc, Avignon, Orange, Lapalud, Montélimar, Valence, Tain hasta Lyon, donde el Saona vierte sus aguas en el Ródano, donde llegó el 5 de junio. En Lapalud, parió el muflón y, en Tain, la jirafa se clavó un clavo en la pezuña, pero pudieron sacárselo sin mayores consecuencias.
Las multitudes se juntaban cada día junto a la jirafa y había que acomodar los establos en cada parada. La policía resultaba insuficiente para sus paseos matutinos y vespertinos. En Lyon, que entonces tenía cerca de 100000 habitantes, se reunieron 30000 en la plaza de Bellecour para verla, incluyendo una anciana de 113 años que esperó dos horas en un banco. Youseff tuvo que unirse a los otros tres hombres para manejar a la jirafa. Los caballos que la escoltaban se asustaron de ella, por lo que, cuando uno corrió entre la multitud, la jirafa la siguió, arrastrando a los cuatro. Los soldados montados que la siguieron se llevaron a varios espectadores por delante, incluyendo a Saint-Hilaire
Aunque la jirafa gozaba de buena salud, el cansancio de notaba en todos los presentes, especialmente tras el incidente en la plaza, pues Saint-Hilaire tenía 55 años, reumatismo y gota. Saint-Hilaire solicitó permiso para navegar por el Saona hasta Chalon, pero el ministerio de interior se lo denegó. De esta manera, cruzaron la Borgoña por el camino romano, con el Saona a su derecha. Su itinerario deja de ser tan detallado al llegar a Chalon.
Llegada a París
Aunque quería descansar en Fontainebleau, Saint-Hilaire llegó a Montereau-Fault-Yonne sin recibir respuesta. Cuando estaban a 50 km, su amigo Stendhal organizó una excursión por el Sena para ver el animal. El 30 de junio, Stendhal llegó a Villeneuve-St.-George esperando encontrarselo por la noche, pero su amigo se había adelantado y llegaría a París a las 17:00.
1400 millas náuticas (2600 km) en 24 días atravesando el Mediterráneo. 21 días de viaje de Lyon y 41 desde Marsella, recorriendo un total de 885 km a pie. La jirafa creció hasta los 3,7 m cuando alcanzó su destino. Fue alojada en el invernadero de los terrenos del Jardín del Rey (actual Jardín de plantas), pero el rey no la vio inmediatamente. María Teresa de Francia, duquesa consorte de Angulema, indicó que, por protocolo, el rey no se desplazaría por el obsequio de un gobernante menor. De esta manera, el 9 de julio desfilaron escoltados por la caballería real durante 29 km, desde las 6:00 a las 10:00, hasta Saint-Cloud, donde se uniría a una delegación con su rival George Cuvier y la administración del Jardín del Rey para hablarle al monarca del animal. El rey y la familia real llegó al mediodía, observando a la jirafa caminar y galopar, mientras preguntaba a Saint-Hilaire sobre la jirafa. A las 3:00, la jirafa comenzó el viaje de vuelta a París, para desasosiego de Saint-Hilaire.
Jirafamanía
Como se diría en la actualidad, la jirafa creó tendencia. En las localidades que cruzó se nombraron calles en honor al animal. Tavernas, posadas y otros establecimientos sin más relación que encontrarse en el mismo país se renombraron, como hizo el claviarpa como piano-Giraffe. En las últimas tres semanas de julio de 1827, 60000 personas fueron a ver a Zarafa al Jardín del Rey. Se le dedicaron poemas, canciones, música, sátiras de la censura de prensa por parte del rey, dulces de jengibre con su forma, parodias de vodevil, peinados, lazos y corbatas à la Giraffe, colores, telas, jabones, muebles y topiaria.
El recuerdo de Zarafa y Atir, que se quedó cuidándola, libre de su condición de esclavo, permaneció en la memoria de los franceses incluso décadas después de sus muertes. Aunque en 1839 se transportó una segunda jirafa, también hembra, por lo que Zarafa pudo vivir sus últimos seis años en compañía de un congénere.
La jirafa inglesa
¿Y la compañera de Zarafa que se quedó en Alejandría? Después de un viaje por el Mediterráneo, con una parada de seis meses en Malta, llegó a Londres en agosto de 1827. A pesar de la espera, mantuvo su debilidad y murió en 1829 en el Sandpit Gate del Windsor Royal Park, sin ser exhibida. Por lo tanto, la respuesta no fue la misma, pues fue caricaturizada en repetidas ocasiones para ridiculizar al rey Jorge IV, que sufría de gota y obesidad.
Objetivo no cumplido
La misión de las jirafas tenía un fin político, pero fue un fracaso. El 26 de junio, Francia se alió con Bretaña y Rusia para emitir un ultimátum de paz al sultán otomano, que este rechazó. Zarparían flotas de los tres países. El 6 de julio, las potencias europeas firmaron un tratado contra los otomanos. Aunque Mehmet Alí mandó a Drovetti para cambiar de bandos, traicionar a su emperador y retirar sus fuerzas de Grecia, su flota había partido en agosto para apoyar el ejército de su hijo en el puerto de Navarino, quien ignoró las exigencias europeas para cesar la descarga de tropas y provisiones. Su flota fue destruida el 20 de octubre.
A cambio, Drovetti, quien no logró cumplir su misión desesperada, recibió los elogios del público del Jardín del Rey y entregó al rey su segunda colección de antigüedades egipcias, recibiendo hasta 150000 francos en tres años.
Nota
- Este nombre no se usó hasta el siglo XX. Realmente, era referida como el "gato salvaje", la "bella egipcia", la "bella africana" o la"hija de los trópicos".
Fuentes
- Allin, M. (1999). Zarafa: a giraffe's true story, from deep in Africa to the heart of Paris. Delta.
- Lebleu, O. (2020). In the Footsteps of Zarafa, First Giraffe in France: A Chronicle of Giraffomania, 1826–1845. Bloomsbury Publishing PLC.
- Clayton, A. (2024). “That ancient and modern wonder”: Giraffes, imperialism, and the making of the American menagerie, 1830–1840. Atlantic Studies, 21(1), 30-52.




