Eclipses solares totales notables vistos en la península ibérica

Eclipse del 12 de agosto del 2026.

El 12 de agosto de 2026, el 2 de agosto de 2027 y el 28 de enero del 2028 son las fechas del triplete de eclipses solares, el último anular, visibles desde la península ibérica, pero en los territorios que hoy conforman España no son ajenos a este fenómeno astronómico.

Eclipse solar de Sisebuto 

El 2 de agosto del 612, un eclipse solar total cruzó el suroeste de la península. No fue el único, pues, desde el 29 de agosto del año anterior, hubo 2 eclipse lunares totales y dos parciales. El rey Sisebuto (612-621 d.C.). que sucedió pacíficamente ese año a Gundemaro, dando un poco de estabilidad tras cuatro reyes en once años, solicitó a Isidoro de Sevilla que explicara tal fenómeno, produciendo este De natura rerum o Liber rotarum. En respuesta, este le escribió un poema denominado tanto De eclipsi lunae como Astronomicum, Epistula Sisebuti, Praefatio Liber Rotarum, Epistola ad Isidorum de liber rotarum o Carmen de Luna. Se trata de un poema de 61 versos hexámeros latinos con influencia de las églogas de Virgilio. La siguiente es la traducción al español realizada por Santiago Delgado en su desaparecido blog a partir de la traducción francesa:

Acaso suceda que tú, tendido en lo profundo de algún bosque sagrado, estés escribiendo, por casualidad, nuevos versos. Quién sabe si te hallas en medio de las rumorosas fuentes y de las harmoniosas brisas y refrescas así tu alma en las fuentes divinas de Pierio.
Pero, a nosotros, el peso de los enojosos asuntos nos abruma. Nos, no escuchamos sino el ruido importuno del hierro y los gritos de millares de soldados. Las arengas de los generales nos enardecen, y en el foro resuenan los clamores de guerra. Las trompetas suenan y conseguimos volar más allá del Océano. El vascón desde las nieves y el cántabro en sus montañas, no nos dejan ningún reposo. ¡Y es, precisamente, a Nos, a quien se nos ordena ceñir con los laureles de Febo nuestra frente y trenzar, para Nos también, una corona de yedra aún más augusta! ¡Y es a Nos, a quien se llama para surcar con nuestras alas el aire inflamado!
El elefante, aunque tenga el andar pesado, adelantará en la carrera a las águilas de ligeras alas. La tortuga, torpe y gruesa, ganará al perro en velocidad, antes de que nuestros versos puedan elevarse hasta Febo, oh madre del beneficioso rocío.
Empero, sacudiéndome el peso que me encorva hacia la tierra, diré por qué un círculo negro se forma sobre la imagen borrosa del Astro. Por qué su frente de nieve se enrojece a causa de un tinte púrpura. No, no se trata, como cree el vulgo, de una hechicera que, gritando histérica desde las oscuras profundidades de las cavernas infernales, haya arrancado a la Luna de sus moradas celestes. No, la fuerza de un encantamiento nocturno… nunca fue suficiente para hacerla equivocarse por el sonido de la trompeta. En medio del cielo, y rodeada por las regiones donde la calma es tan a menudo turbada por la tempestad, ella continúa ajena a los ultrajes. Pero, cuando el ancho cuerpo de la tierra, colocado en el centro del Universo, intercepta los rayos del Sol, su hermano, entonces… una sombra densa se extiende sobre el pálido disco de la luna, hasta que ésta, liberándose de las tinieblas proyectadas por las rugosidades terráqueas, rueda en libertad por otras partes del campo celeste y recupera los rayos de Febo.
Es plausible que no se sorprenda nadie de que el sol, nueve veces más grande y más visible que el globo de la Tierra, no envuelva a este globo en una capa de luz. He aquí la razón. Ved cómo el Sol se eleva, llegando a la bóveda resplandeciente de los cielos, y ved también cómo desde lo más alto de su carro, cubre con sus rayos la masa enorme dela Tierra. Entonces, sea porque él lanza la luz desde el cenit, sea porque él lo envía oblicuamente, raseando el horizonte, la Tierra refleja una parte de estos rayos. Los otros, al no encontrar ninguna porción de globo que se oponga a su emisión, se prolongan en la inmensidad del vacío, hasta que, vencidos por la tiniebla, van a morir al infinito. Si, entonces la Luna arrea a sus fornidos caballos hacia las vecindades de la Tierra, no logra recibir ya la luz de su hermano y su pálido rostro se desvanece.
Pero, ¿por qué es ella el único ser celeste que está sometido a los eclipses? Este hecho no tiene nada de sorprendente. Ella carece de luz que le sea propia. No está calentada sino por los rayos prestados. Cuando ella cae en la vecindad de un cuerpo opaco, ella se convierte en sombra y ya no es iluminada por los fuegos de su hermano.
Por el contrario, el Coro de los Astros no es en absoluto accesible a las tinieblas. Ellos gozan de un brillo que les es natural. Ellos no le deben nada al sol. Pero...ella es arrastrada en el giro de la esfera celeste, más alejada que el Sol. Es lo que hace que su disco no sea eclipsado durante seis meses completos. Es lo que hace que él –el Sol- describa en su curso oblicuo una línea sinuosa. Y mientras que la Luna vagabunda sigue los derroteros de su invariable trayectoria, el Sol franquea los obstáculos que se oponen a sus rayos. Él aparta el manto de la noche y lanza hacia su hermana torrentes de luz. Todo esto ocurre por una causa análoga a la que apaga, de repente, en la sombra el resplandor sagrado del Sol. La luna extiende su cuerpo privado de luz entre este astro y la Tierra, y ella intercepta sus rayos antes de que lleguen hasta nosotros.

17 de junio del 912

Lo registró Ibn Hayyan en su crónica del califa omeya Abdalá I de Córdoba:
(299 AH) En este año el Sol fue eclipsado y desapareció del todo en el 4º día de la semana [Miércoles] cuando quedaba un día para completar el [mes de] Shawwal. Las estrellas aparecieron y la oscuridad cubrió la Tierra. Pensando que era la puesta de Sol, la mayoría de la gente rezó la oración del Magrib ("Ocaso"). Luego la oscuridad se desvaneció y el Sol apareció durante hora y media y luego se puso. 

Eclipse solar de Jaime I de Aragón

El viernes, 3 de junio de 1239, se oscureció el cielo en el sur de Europa, cruzando la sombra la península desde los Pirineos a la desembocadura del Tajo. En el códice AM805, elaborado en el reino de Aragón durante el reinado de Jaime I, entre 1235-1240 con detalles añadidos dos años después, se incluyen referencias astronómicas mayormente en lengua romance. Este contaba que el primer viernes de junio, murió el Sol a medio día, apareciendo estrellas junto a él y ramas blancas a su alrededor, interpretándose estas últimas como la corona solar.

Eclipses de los Reyes Católicos

Trayectoria del eclipse del 29 de julio de 1478.

El 29 de julio de 1478, en los últimos años de reinado de Alfonso V de Portugal y los primeros de Isabel de Castilla, la sombra del eclipse cruzó completamente la península desde el noroeste al este. Juan de Salaya, que presidió la cátedra de astrología en la Universidad de Salamanca entre 1484 y 1469, cuando se cambió a la de lógica, afirmó: 

Aconteció un horrible eclipse en el que se vieron todas las estrellas y del que se seguirán, entre otros grandes males, muertes de pontífices y príncipes.

En su libro de genealogías Sefer Yubasin, Abraham Zacut, que lo había predicho, informa: 

En el año 5238, el miércoles 29 Av (29 de julio de 1478) a mediodía en España, hubo un eclipse solar distinto a todo lo que se había visto, pues [el cielo se oscureció] como si fuese medianoche.

Tal y como cuenta en Historia de los Reyes Católicos, su autor Andrés Bernáldez fue testigo del eclipse, posiblemente en Salamanca.

El dicho año de mil é cuatrocientos y setenta y ocho, á veinte y nueve dias del mes de julio dia de Santa Marta á medio día, fizo el sol un eclipse el más espantoso que nunca los que fasta allí eran nacidos vieron, que se cubrió el sol de todo é se paró negro é parecían las estrellas en el cielo como de noche; el cual duró así cubierto muy gran rato, fasta que poco á poco se fué descubriendo, é fué gran temor en las gentes, y fuian á las iglesias, y nunca de aquel ora tornó el sol en su color, ni el dia esclareció como los dias de antes solia estar, é así se puso muy calijinoso.

Lorenzo Galíndez de Carvajal recoge este testimonio en una nota manuscrita en Memorial o Registro Breve de los Reyes Católicos. En el manuscrito anónimo Anales Valencianos, lo sitúa tras el nacimiento de Juan en Sevilla:

Miércoles a XXVIII de julio de dicho año entre las XII horas y una del mediodía, hubo un gran eclipse en el sol como jamás se ha visto; todo el sol fue oscurecido, las estrellas aparecieron y duró más de una hora.

El códice ms. ç.IV.11 del siglo XII en la biblioteca del Monasterio de El Escorial tiene una anotación del clérigo A. Cortés:

En veinte e nueve días de jullio año del señor de mil e quatrocientos e setenta e ocho años fizo el sol eclipsi e duró desde las doze en medio dia fasta la una e quart después de la una empeçó a escurecer el sol fasta que enteramente dio su claridad en tal manera que al tiempo que el sol escureció de todo se parecieran gran parte delas estrellas. 

En el opúsculo Senyals del cel, Martí de Viciana el Viejo quiso registrar las señales del cielo que vio entre los años 1448 y 1478, incluyendo el eclipse que desde su posición fue parcial al verlo probablemente desde Barcelona: 

A xxviiii de julio, en el año MCCCCLXXVIII, hubo un eclipse de sol tan grande que de cuatro partes del sol se eclipsaron tres; y lo que es más, la oscuridad fue como de la primera hora de la noche, tanta que no había quien pudiera distinguir el tipo de moneda; en este año fueron matados generales por todo el mundo. 

Al situarse también en Barcelona, Jaume Safont tampoco hubiera observado la totalidad en su comentario dietario de la Generalidad:

Miércoles, a XXVIIII de julio de MCCCCLXXVIII, hubo un eclipse de sol, que dura en torno a una hora y media, es decir, empezó entre las XII y una y duró hasta las II horas tras el mediodía; el sol se volvió muy amarillo y la tierra se volvió muy oscura, en un modo que la gente dijo que no había pasado en años; los astrólogos dicen que este eclipse del sol, según la señales donde ha sido eclipsado, muestra muchas muertes de reyes y príncipes y la destrucción de magnates. Dios nos guarde nuestro señor rey Juan, que está reinando; nos provocaría una gran pérdida si muriese. 

En Gesta Hispaniensia ex annalibus suorum diebus colligensis o Decadas, en el contexto de la sucesión de Castilla, donde Juana, rival de Isabel, fue apoyada por su esposo, el rey de Portugal, Alfonso Fernández de Palencia, que se encontraba en Sevilla, donde se vio parcialmente, contó: 

el día 29 de julio del mismo año de la Natividad del Redentor de 1478, el sol eclipsado durante una hora dejó casi a oscuras a la tierra, hasta después del mediodía. A este eclipse precedieron augurios de los astrólogos con amenazas para muchos príncipes especialmente para la nación de Portugal y sus cómplices.

No hubo otras menciones del eclipse. La Chronica de los muy altos y esclarecidos Reyes Catholicos Don Fernando y Doña Isabel del cronista real Fernando del Pulgar, impresa y traducida al latín por Antonio de Nebrija en 1565, aunque coincidía con el esperado nacimiento del heredero Juan. No obstante, no ignoró el eclipse del 16 de marzo de 1485. Tampoco lo mencionaron Diego Ortiz de Calzadilla, Fernando de Fontiveros o Diego de Torres, que ocuparon la misma cátedra de astrología que Juan de Salaya durante y después del eclipse.

Eclipse de la conquista de Canarias 

En Crónicas de los Reyes Católicos, Diego de Valera indica que la conquista de las islas Canarias culminó con un eclipse, que tradicionalmente se data el 29 de abril de 1483, aunque este territorio se incorporó a la corona el 20 de enero de 1487.

Y otro día siguiente el faycán y los otros canarios salieron de la fortaleza, y los trajo consigo, y se tornaron cristianos, en el cuál día hizo el sol grande eclipse, y después llovió e hizo muy gran viento; y pasaron en aquella isla muchas aves que antes nunca habían visto, las cuáles fueron grullas y cigüeñas y golondrinas, y otras muchas aves que no saben los hombres.
Este eclipse, si fue total, no ocurrió, ni ese día, ni ese año, ni esa década. Los más cercanos geográfica y temporalmente fueron el eclipse anular del 28 de mayo de 1481 al sur y el eclipse total del 16 de marzo de 1485, no cerca de estas islas, sino en el norte de la península y las islas Azores. El eclipse de 1478 tampoco hubiera producido un oscurecimiento de tal magnitud en el archipiélago. Además, Diego de Valera habría estado en el Puerto de Santa María, en la bahía de Cádiz, al sur de la península, por lo que no hubiera sido testigo de haber ocurrido. 

Eclipse del 8 de julio de 1842 

El trayecto de totalidad desde la península a través del sur de Francia, el norte de Italia hasta Mongolia y China.

El trayecto de totalidad del eclipse solar del 8 de julio de 1842 cruzó el continente de Eurasia desde el Atlántico al Pacífico, empezando por la península ibérica. El ingeniero de caminos Jerónimo del Campo y Roselló, director interino del Observatorio Meteorológico de Madrid detalló el fenómeno en el ejemplar del viernes, 15 de julio (nº 2835), de la Gaceta de Madrid, centrándose especialmente en su corona. Entonces, el observatorio aún sufría las consecuencias de la guerra de la Independencia española, cuando el telescopio Herscheliano se convirtió en munición y el edificio se transformó en un polvorín. 

18 de julio de 1860

La sombra pasa desde la frontera occidental de Estados Unidos y Canadá, cruzando este último diagonalmente, hasta la península ibérica. Cruza el Mediterráneo y se adentra en Túnez hasta la costa de Sudán.


El eclipse del 18 de julio de 1860 cubrió la otra mitad del hemisferio norte, desde el Pacífico a través de Canadá, pasando por la península ibérica para llegar al mar Rojo. Para este eclipse, el observatorio de Madrid estaba mejor preparado. Antonio Gil de Zárate envió a los matemáticos Antonio Aguilar y Vela y Eduardo Novella Contreras a entrenarse a observatorios europeos entre 1747 y 1851. En 1851, el primero fue designado director y el segundo como primer astrónomo del observatorio, renovándose el equipo en 1859 y elaborándose el primer informe anual. 

El eclipse ocurrió en un inusual periodo de estabilidad en el reinado de Isabel II, con un gobierno de la Unión Liberal donde Zárate era subsecretario del ministerio de interior. España se situaba en una posición privilegiada, pues la observación del eclipse no implicaba cruzar o rodear el Mediterráneo para llegar al Imperio otomano ni adentrarse en tierras lejanas de Canadá. El país también podía publicitar su progreso a pesar de su monarquía absolutista. El gobierno decretó que las expediciones extranjeras estarían exentas de los gastos de aduanas y tendrían ayuda de las autoridades y universidades locales. Aunque para algunos fue demasiado tarde, en mayo de 1860, Antonio Aguilar escribió a los directores de las expediciones extranjeras para preguntarles sobre sus puertos de llegada, el número de cajas con las listas de su contenido y sus necesidades de conexiones telegráficas.

Las expediciones de Reino Unido Francia, Portugal, Italia, Dinamarca, Rusia, Algeria y Norteamerica se unieron a los observadores españoles, tanto del observatorio de Madrid como del Real Observatorio de la Armada de San Fernando. Como era natural, las expediciones científicas tenían múltiples objetivos: encontrar un planeta más cercano al Sol que Mercurio; detectar posibles variaciones meteorológicas y geomagnéticas; tomar mediciones polarimétricas y de la radiación solar; probar los relojes de los telescopios midiendo las fases del eclipse y comparar la precisión de las tablas lunares; descubrir si las prominencias solares eran una propiedad topográfica del Sol, si se debían a la atmósfera terrestre o a un efecto óptico de difracción, interferencia o radiación.

22 de diciembre 1870

6 imágenes del eclipse de 1870 por cinco observadores, incluyendo una dama en Cádiz.

Este eclipse coincidió con el sorteo de la Lotería de Navidad y el día anterior de la muerte de Gustavo Adolfo Bécquer, cubriendo especialmente Andalucía, en el sur de España. Los puntos de observación fueron el cabo de San Vicente (Portugal), Jerez, Cádiz, Gibraltar (Reino Unido), Orán (Algeria) y Siracusa (Italia). Entonces, un objetivo seguía siendo determinar si la corona era parte del Sol o se trataba de un fenómeno observado tan solo desde la Tierra.

Los eclipses españoles 

28 de mayo de 1900 

Antonio Portela en Madrid viendo el eclipse

El eclipse solar total del 28 de mayo de 1900 volvía a cruzar el Atlántico, pero a latitudes más bajas. El trayecto de totalidad dividió la península ibérica de nuevo y tanto Portugal como España lo utilizaron para proyectar una imagen positiva internacionalmente. 

Hasta entonces, los observatorios tenían una finalidad práctica, pues servían a la navegación, la cartografía y el estudio de la mecánica celeste mediante el cálculo de efemérides y las observaciones meridianas. El registro de manchas solares en el observatorio de Madrid, que se apartaba de estas finalidades, se debió a la visita de Richard Christopher Carrington. Los astrónomos aficionados en España estuvieron más limitados, centrándose en observaciones visuales solares, lunares y planetarias, incluyendo el catálogo de 156 estrellas binarias de Rafael Patxot i Jubert en el Observatorio Catalán en Sant Feliu de Guíxols.

En cambio, en el extranjero, estos observatorios privados, como en el caso de Carrington, se adentraban fuera de estas áreas. Aunque no era una empresa accesible a todos los bolsillos, la tecnología permitió a unos pocos estudiar la física y química celeste y captar imágenes del cielo. De esta manera, la astronomía se fue centrando cada vez más en la astrofísica. España se encontraba rezagada en este aspecto, pero el eclipse del 1900 fue un punto de inflexión. La prensa generó suficiente expectación para que el gobierno español lo aprovechara para mejorar su imagen en el extranjero y los astrónomos españoles presionaran para solicitar inversión para demostrar estar a la altura del suceso. Gracias al ferrocarril pudieron llegar personas de todas las clases, incluyendo expertos de renombre, como Camille Flammarion, que llegó a Elche, que eran alojados con orgullo. 

Los astrónomos españoles contaban la ventaja de "jugar" en casa, pero su éxito radicó en aprovechar la expectación y ser lo suficientemente previsores para solicitar nuevos equipos con tiempo suficiente para que la lenta burocracia no les proveyera tarde. Como resultado, sus trabajos lograron situarse en el foco del público nacional e internacional, ganándose el respeto de una comunidad científica que les aventajaba.

30 de agosto de 1905 

Eclipse del 30 de agosto de 1905 desde España.

El desarrollo de la astronomía en España no acabó ahí, pues otro eclipse solar total oscurecería los cielos de la península el 30 de agosto de 1905 y más valía estar preparado, pues no habría otro eclipse total en todo su recorrido hasta 2026. Gracias al éxito del anterior, se agilizó la construcción del Observatorio Fabra en Barcelona y los observatorios jesuitas de Cartuja y Ebro, en Granada y Roquetas.

Familia real española observando el eclipse de 1905 en Burgos.

La península y Baleares fueron de nuevo lugares favorecidos tanto por las comunicaciones como por verse el eclipse a mediodía. Además, su duración era mayor. En este caso, se designó que Burgos reunía las mejores condiciones logísticas y meteorológicas para la observación. En esta localidad, también se observaría desde los globos Júpiter, Marte y Urano. Aparte de las ayudas gubernamentales habituales, se dispusieron líneas de telegrafía hasta los puntos de observación en la península, que permitirían sincronizar los relojes desde unos días antes con los relojes del meridiano de Greenwich. La atención y participación superó a la de los encuentros anteriores, pero las publicaciones no fueron tan masivas debido a la nubosidad en varios puntos, incluyendo Burgos.

El eclipse del Titanic 

El eclipse del 17 de abril de 1912 fue híbrido, empezando y terminando como anular, pero en la península fue total. Este ocurrió dos días después del hundimiento del Titanic. En este caso tuvieran más facilidades los astrónomos extranjeros que los nacionales, que vieron restringidos sus presupuestos. La crisis económica no favorecía financiar la observación de un eclipse cuya momento de totalidad duraría menos de un segundo y debían situarse en regiones con un clima que perjudicaba tanto la visibilidad como Galicia, Asturias y León. 

Por eso, Tomás de Azcárate y Menéndez reunió y organizó en grupos a vecinos con el mayor nivel de formación para obtener información sobre la franja de totalidad. Les instruyó sobre cómo se produce, cómo observarlos, los tipos de eclipses y qué deben observar, todo acompañado de ilustraciones. De esta manera, tuvo grupos en Oviedo-Olloniego, Villablino y Cacabelos (Pieros a Camponaraya). Paralelamente, Gustavo Luzzati, jefe de Vías y Obras del Ferrocarril en Ponferrada, imitó el plan y organizó a los obreros en tramos de 200 metros, con un encargado del grupo cada dos operarios, en la línea de ferrocarril de 7,5 km entre Toral y Villafranca.

Aunque la posición de la vía no fue útil para el eclipse, los otros grupos pudieron observar con los cielos despejados que el eclipse alcanzó la totalidad durante medio segundo. De esta manera, pudo resolver la incertidumbre previa que existía.

Fuentes

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  • Palomares Calderón de la Barca, M. (2010). La ascensión en globo de Augusto Arcimis en 1905.
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No os diré "No donéis", pues no todos los gastos son amargos