El químico que hizo margarina con carbón
Los alquimistas buscaban convertir el plomo en oro, pero los nazis convirtieron el carbón en mantequilla, aunque no directamente. Fue un desarrollo de Arthur Imhausen (1885-1951) para reducir la dependencia de recursos del exterior.
De lavar a alimentar el país
Arthur Imhausen fue un químico de alimentos que logró dirigir la empresa jabonera Märkische Seifenindustrie en 1912 con Clemens Stallmeyer. Esta se expandió y produjo sustancias para la fabricación de explosivos durante la Primera Guerra Mundial. Tras esta, produjo detergentes e Imhausen creó la empresa Imhausen & Co, dedicándose a la producción de ácidos grasos sintéticos en la década de 1930.
En 1937, la fábrica alemana de ácidos grasos (Deutsche Fettsäure-Werke), que fundó con Hugo Henkel, comienza a producir dichos ácidos grasos a partir de parafina, que a su vez era un subproducto de la producción de hidrocarburos a partir de carbón mediante el proceso Fischer-Tropsch. Imhausen contactó con Wilhelm Keppler, uno de los primeros patrocinadores de los nazis, para hablarle de una manera de cubrir la demanda de grasas comestibles del país, pues Alemania tan solo era capaz de cubrir la mitad, dependiendo de importaciones. Su plan, que posiblemente planteó su hijo Karl-Heinz, consistía en elaborar grasa alimentaria (Speisefett) sintética, pues tan solo necesitaba añadir glicerina a los productos previos para obtenerla. Gracias a ello, el mismo año, aunque no era totalmente ario por la ascendencia judía de su madre, Hermann Göring contactó con Adolf Hitler para considerarlo a él y a su hijo como arios de pleno derecho por sus contribuciones por la patria. Entonces cambió su nombre de Artur a Arthur.
En 1938, se fusionaría con la empresa química IG Farben, generando ácidos grasos de alta calidad. Entre 1941 y 1942, construyó una planta que llegó a albergar 3000 trabajadores y producir 250 toneladas mensuales en una época donde la demanda era de 2 millones de toneladas anuales. Por otra parte, como ocurre a menudo con los alimentos sintéticos, incluso logrando su meta, no podía competir con la margarina ni la mantequilla. Era blanca e insípida por lo que se le añadió agua, sal, diacetilo y betacaroteno, estos últimos para otorgarle sabor y color, respectivamente. Tampoco sabía si era segura, por lo que utilizó a 12000 prisioneros en campos de concentración de Sachsenhausen como sujetos de prueba durante 3 años para comprobar su inocuidad, publicando los resultados y la elaboración de la margarina en Colloid and Polymer Science en 1943. Al mismo tiempo, también contribuyó militarmente con aceites para torpedos y lubricantes.
Para cuando acabó la guerra, su modelo de negocio fracasó. Se había vuelto dependiente de los nazis, la guerra y el objetivo inalcanzable de cubrir la demanda de grasas comestibles. Para empeorarlo, no solo requería un recurso finito, sino que el proceso era extremadamente ineficiente. Para producir tan solo un kilogramo de margarina, debía usar 60 kilogramos de carbón. En consecuencia, cerró la fábrica.
Fuentes
- Bülow, R. (1991). Aus der Pionierzeit der deutschen Chemie. Nachrichten aus Chemie, Technik und Laboratorium, 39(4), 439-440.
- Van Tulleken, C. (2024). La epidemia de los ultraprocesados: por qué comemos cosas que no son comida y cómo dejar de hacerlo. Ediciones Urano.
- Breitman, R. (1992). The architect of genocide: Himmler and the final solution (Vol. 14). Brandeis University Press.

