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¿Por qué no nos acordamos de cuando eramos bebés?


¿Por qué no recordamos ser un bebé? ¿Por qué no nos acordamos de nuestros primeros años? ¿Cómo puede ser que un niño de tres años recuerde cosas que han pasado pero esos recuerdos desaparezcan unos años más tarde?

Esas preguntas han intrigado a la humanidad durante siglos. Un nuevo artículo de la revista Science proporciona la primera evidencia del mecanismo físico que explicaría este extraño fenómeno.

El artículo, que estudia roedores, concluye que las nuevas células formandose constantemente en los cerebros jóvenes pueden alterar los circuitos que mantienen las memorias.


Los cerebros de los mamíferos crean células durante su vida en un proceso llamado neurogénesis, aunque las crías de algunas especies, incluyendo a los humanos, producen nuevas neuronas a un ritmo mucho mayor. Este proceso es particularmente activo en el hipocampo, que se ocupa de la memoria y el aprendizaje.


La mayor parte del tiempo, la neurogénesis ayuda a mejorar el lenguaje y la memoria, pero hay un inconveniente. Según el artículo de Science, las extremadamente altas tasas de neurogénesis en cerebros muy jóvenes puede aumentar el olvido. Estas nuevas neuronas pueden estar ocupando los viejos circuitos que mantienen las memorias.

Los científicos lo comprobaron de esta manera: primero, produjeron memorias en varios animales - creando una asociación entre un lugar y una leve descarga eléctrica. Después ajustaron las tasas de neurogénesis en los animales y vieron que pasaba posteriormente con esos recuerdos.

De ratones y recuerdos


Impulsar la neurogénesis en ratones adultos dandoles una rueda para correr durante varias semanas o usando fármacos causaba que recordaran las cosas peor. En contraste, disminuir la tasa de neurogénesis los hacía capaces de recordar mejor.

Entonces los científicos mostraron que eran capaces de detener la amnesia infantil: disminuyendo la creación de nuevas neuronas en ratones jóvenes hace que recuerden las cosas mejor.

También probaron con otras dos especies de roedores más maduros que los ratones al nacer: las cobayas y un animal chileno llamado degú. Las cobayas jóvenes y los degús tienen tasas menores de neurogénesis. Y, resulta, que estas especies normalmente no experimentan amnesia infantil. Pero cuando los investigadores aumentaron la tasa de neurogénesis en especímenes jóvenes, tampoco podían contener los recuerdos.

La amnesia infantil no es tan mala

Ha habido muchas hipótesis sobre la amnesia infantil en la literatura psicológica durante años, como la noción de que surge de la falta de habilidades linguisticas o desarrollo emocional. (Freud pensó que la amnesia infantil ayudaba a reprimir memorias de traumas infantiles, pero esta dejó de ser una de las principales ideas en la psicología). El artículo de Science no descarta necesariamente estas ideas.

"Creo que (la nueva hipótesis) proporciona un mecanismo muy convincente del por qué no recordamos memorias infantiles" dice Mazen Kheirbek, quien estudia el nacimiento de nuevas neuronas en la Universidad de Columbia.

Sin embargo, Kheirbek destada que puede que no sean las nuevas neuronas por si mismas, sino las nuevas capacidades de aprendizaje que permiten las nuevas neuronas las que crean la diferencia. "Quizas el olvido visto aquí se deba realmente a la habilidad aumentada para aprender cosas nuevas," dice. "Por lo que hay una compensación ahí, preservar los viejos recuerdos puede suponer el costo a hacer otros nuevos".

Y la ausencia de recuerdos - tanto en la infancia como en la etapa adulta - no es necesariamente malo. "Cierto grado de olvido es importante para la memoria. Hay una capacidad finita", dice Paul Frankland, un neurobiólogo del Hospital para Niños Enfermos de Toronto, que llevó el estudio. "Necesitas aumentar la señal en relación al ruido. Necesitas deshacerte de toda la basura, si quieres recordar las características y sucesos importantes".

Por supuesto, hay una gran advertencia: estos experimentos no se realizaron en personas. Lo fueron en roedores, por lo que estrictamente hablando, nos habla sobre esos roedores. Pero dada la similitud entre los cerebros mamíferos, es razonable pensar que ocurre algo similar en los humanos. Lo malo es que no puedes ir por ahí cortando los cerebros de la gente para contar las nuevas neuronas como haces con los ratones. Por lo que realizar el mismo mecanismo en humanos sería mucho más difícil.

Fuente: Vox

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