Cuando te comías las hostias con los ojos
En la Edad Media, los sentidos se entendían de otra manera. Así, se planteaban cinco sentidos interiores equivalentes a los exteriores o que la Virgen María quedó embarazada por la oreja. En este contexto, la visión se convirtió en el medio para demostrar la divinidad del dios invisible.
Una hostia que se veía de lejos
El primer canon del IV Concilio Lateranense estableció la transubstanciación, por la que el pan y el vino se convertían en la manifestación del cuerpo y sangre de Cristo, respectivamente, cuando, durante la eucaristía se repetían las palabras del mismo durante la Última Cena (Mateo 26:26-30; Marcos 14:22-26; Lucas 22:15-20; 1 Corintios 11:23-25) y se elevaba la hostia. Además, el 21º canon formalizó la limitación a una única confesión anual obligatoria de los pecados durante la Pascua.
Junto con los relatos con moraleja sobre las consecuencias de una preparación inadecuada, tuvo un efecto disuasorio para la comunión ordinaria, por lo que los cristianos buscaron alternativas. Si antes de consumir el fruto prohibido, el pecado comenzó con una transgresión visual, la salvación también podía comenzar con la vista. En este momento, destacan dos desarrollos enfocados en este sentido. Por una parte, el retablo, habitualmente con la imagen del Cristo crucificado, al que se le expone la hostia, reforzando el momento de la transubstanciación. Por otro, la custodia u ostensorio que expondría la hostia al público durante la festividad del Corpus Christi, que en este momento aún estaba en expansión. Sin embargo, como quien traga sin saborear, fue necesario enfatizar que, aunque la comunión era beneficiosa, no era suficiente limitarse a mirar, pues había feligreses que abandonaban la misa una vez vista la hostia.
Ver para creer
Este espectáculo visual llevaba un par de siglos vigente, pues el interés por la reliquias produjo un auge de las peregrinaciones, impulsando a invertir en atraer a más creyentes y educarlos a través del arte. Del mismo modo, también se produjeron casos de imitatio Christi, siendo la estigmatización de Francisco de Asís ante el Cristo de San Damián el ejemplo más famoso. Es decir, se trata de la identificación y transformación en Cristo. Por ello, la popular obra franciscana Meditaciones sobre la vida de Cristo de pseudo-Buenaventura invitaba al lector a imaginarse la escena de la crucifixión y sentir todos sus detalles. Juliana de Norwich, Gertrudis de Helfta, Ángela de Foligno y Catalina de Siena informaron experimentar sensaciones sobrecogedoras, identificándose con las imágenes de Cristo o Santo Domingo, como hizo Pablo de Tarso (Gálatas 2:20)
Fuente
- Biernoff, S. (2002). Ocular Communion. En Sight and embodiment in the Middle Ages (pp. 133-164). London: Palgrave Macmillan UK.
