¿De dónde viene la idea de los cinco sentidos?

Persona tocando el agua en la orilla del mar.

Visión, audición, olfato, gusto y tacto. Cinco sentidos, ni uno más ni uno menos. Ha sido parte de la cultura general durante tanto tiempo que se idearon otros cinco sentidos interiores, pero realmente tenemos muchos más, aunque nos falte alguno que creamos tener. Siendo así, ¿de dónde surgió la idea de que tenemos cinco sentidos?

Sistema pentasensorial 

La idea de los cinco sentidos que aún se conserva surgió en la Academia, en la Grecia clásica. Platón discutía en Timeo sobre la percepción, incluyendo la visión, la audición, el olor, el color, el placer y el dolor, estos dos últimos como sensaciones antagónicas. En Sobre el alma, Aristóteles discute los cinco sentidos que conocemos, asociándolos con la teoría de los cuatro elementos de Empédocles. De esta manera, asocia la vista, y el ojo, con el agua, que absorbe la luz; la audición con el aire; el olor con el fuego y el tacto con la tierra. Para su discípulo Teofrasto, el tacto consistía tanto en aire como en agua. 

Para Aristóteles, los órganos sensoriales externos eran intermediarios y dependientes del sentido central, que lo percibía todo, cuyo órgano era el corazón. En este sistema, el gusto era una variedad de tacto que no dependía de un órgano externo. Este tacto, al encontrarse en todos los animales, era jerárquicamente inferior a los demás y bastaba para el estar, pero no para el bienestar. Esta jerarquía no fue ampliamente aceptada. Cicerón y Agustín de Hipona reflejaban una tradición donde todos los sentidos estaban al mismo nivel. En Historia Natural, Plinio el Viejo refleja cómo la agudeza de los sentidos difiere entre las distintas especies animales. Así, mientras los humanos destacábamos en el tacto y el gusto, las águilas veían con más claridad, los buitres olían con más fineza y los topos oían con mayor precisión.

Sentidos presocráticos

Previamente, se mencionaban de manera individual. Alcmeón de Crotona consideraba el ojo como un órgano del pensamiento conectado por unos conductos especiales al cerebro. Empédocles usaba el término "garra" o "tacto" (παγάμαι) para los sentidos en general, pues entendía los sentidos como aquellos que agarran a su "objeto" como si fueran una mano, aludiendo a la visión y el tacto. 

Para Demócrito, los órganos sensoriales tenían poros por donde se captaban las señales, por lo que también lo asimilaba al tacto. En el caso de la visión, era producida por un fuego dentro del ojo que enviaba haces de luz al exterior. Fue el primero en distinguir entre percepción y cognición, señalando la subjetividad de los sentidos, sujetos a ser alterados por nuestras propias experiencias, y la objetividad que podía lograrse a través de la mente.

Como Aristóteles, Empédocles y Demócrito favorecían la localización del alma en el corazón, que estaba conectado con el resto de los órganos. Era una opinión que no compartían ni Pitágoras ni Platón o Hipócrates, que posicionaban al cerebro como el órgano más importante. 

Otras culturas

La preservación del corazón en las prácticas funerarias egipcias, así como el juicio y pesado en el Libro de los Muertos, evidencian la importancia de este órgano sobre los demás. Dado que, tras la muerte, el difunto debía ser capaz de realizar sus actividades cotidianas, como hablar, moverse y comer, el sacerdote sem realizaba el ritual de la apertura de la boca y los ojos para reactivar el cuerpo. Este recuperaba la visión, la audición y el olfato, pudiendo disfrutar del alimento más que en vida.

En Mesopotamia, los textos acadios no tienen un término para "sentidos", pero sí tienen términos que aluden su ámbito. Para la visión tienen ver (amāru), mirar (palāsu), inspeccionar (naplusu) o vista (naṭālu, niṭlu, dagālu, diglu), que en prólogo de la Epopeya de Gilgameš se relaciona con el conocimiento. Para la audición poseen el verbo oír (šemû), relacionándose con la comprensión y sabiduría, como alguien que puede oír la voluntad divina. Para el tacto, tienen tocar (lapātu, liptu), en un sentido positivo como negativo, incluido dañar, y relacionándose con la autoridad, como las enfermedades causadas por la "mano de" un dios. Para el olor, oler (eṣēnu) junto con aroma (erēšu, erīšu). Sobre el gusto, el término se usa en la farmacopea, cuando se indica que algo tiene el sabor (ṭēmu) de otra cosa concreta.

En el poema acadio Ludlul bēl nēmeqi ("Loaré al Señor de la Sabiduría"), donde un fiel lamenta a Marduk que, a pesar cumplir con sus deberes con los dioses, solo ha recibido sufrimiento, presenta su agonía incluyendo sus sentidos. Aunque sus ojos miraban, no podía ver; a pesar de tener los oídos abiertos, no podía oír; la cerveza se le había vuelto desagradable. Al final, al expresar su recuperación, su visión se ilumina, alejando el manto de la muerte que nublaba sus ojos; eliminó la cera que tapaba sus oídos; alivió la enfermedad con cuya fiebre se bloqueó su nariz. Estas quejas no incluyen los sentidos actualmente reconocidos, sino también la capacidad de moverse y hablar.

Fuentes

  • Howes, D. (Ed.). (2005). Empire of the senses: The sensual culture reader. Routledge.
  • Toner, J. (Ed.). (2014). A cultural history of the senses in antiquity. Bloomsbury Publishing.
  • Brandt, T., Dieterich, M., & Huppert, D. (2024). Human senses and sensors from Aristotle to the present. Frontiers in Neurology, 15, 1404720. 
  • Loisel, A. C. R. (2020). Beyond the five senses: human senses according to Akkadian cuneiform texts (2nd-1st millennium bce). En Flesh and Bones (pp. 89-102). Brepols Online. 
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