Los casos de los dientes explosivos

El Dr. George Viau en su consultorio dental, de Édouard Vuillard.

En 1859, el dentista de Pennsylvania William Henry Atkinson publicó en Dental Cosmos, antigua Dental News Letter, que posteriormente se fusionaría con Journal of the American Dental Association, tres casos extraños que conoció durante su carrera. Aparte de suceder en el condado de Mercer, Pennsylvania, todos tenían un punto en común: dientes que explotaban como un rey inglés.

Casos registrados 

Informa que el primer caso que tiene constancia le ocurrió al reverendo D. A. de Springfield, el 31 de agosto de 1817. A las nueve de la mañana empezó a sentir un dolor insoportable en el canino superior izquierdo que persistió hasta la mañana siguiente a la misma hora, cuando se escuchó un sonido como un disparo y su diente se partió en pedazos, aliviándolo y permitiéndole dormir el resto del día y casi toda la noche. El segundo caso le ocurrió a Leticia D. en 1830 en un molar superior y el tercero a Anna P.A. en el canino superior izquierdo.

En 1874, J. Phelps Hibler describió otro caso en el libro Pathology and Therapeutics of Dentistry, donde una mujer que, cuando le explotó el primer molar inferior derecho, haciéndola caer, se le alivió súbitamente el intenso dolor que la había estado dar vueltas durante horas, aunque perdió audición durante un tiempo.

Una carta al British Dentist Journal del 21 de septiembre de 1965 contaba como al hijo de siete años y a la hija de cinco de una paciente le habían explotado los dientes, pero no en la boca como en los casos anteriores. Se cayeron de la manera habitual, sin presentar daños aparentes, manteniéndose durante varias horas sobre la repisa de la chimenea.

El 5 de octubre del mismo año, otra carta a la misma publicación señaló que, entre 1920 y 1925, un dentista canadiense también informó de un caso similar. Un leñador se dirigía a caballo al dentista más cercano a 161 km de distancia. El dolor en su muela aumentó progresivamente hasta que cesó con una explosión. Al llegar al dentista, este descubrió que se había partido longitudinalmente a través de la corona y raíces, debiendo retirar las piezas. Entonces se sugirió que la presión sanguínea, aumentada por el esfuerzo del viaje, aumentó la inflamación en la pulpa dentaria.

La misma carta contaba en primera persona que, en 1918, un comandante de la marina solicitó sus servicios para aliviar las molestias en un molar, situado en distribución dental normal. Observó una fractura cerca de la raíz, posiblemente debida a un golpe en un combate de boxeo la noche anterior, cuando notó que el diente explotó.

En diciembre de 1965, desde Nueva York, el autor señalaba que Percy Howe le contó como, mientras desarrollaba el tratamiento de nitrato de plata amoniacal denominado con su apellido, muchos dientes con dicha fórmula explotaron, atribuyéndolo a la reacción química.

Explicación

Se han sugerido varias explicaciones. Atkinson sugirió la acumulación de calórico libre, causada por la generación de gases inflamables de la caries, que aumentó la presión en el diente. El calórico era como denominaban al calor en la teoría calórica, que interpretaba que este era un fluido. Como Howe, también se sugiere que fuera una reacción electroquímica de los empastes antes de que contuvieran mercurio. Por otra parte, pudo ser una cuestión de percepción, donde la fractura dentro de la boca al morder algo duro hiciera el sonido más dramático. 

Fuentes

  • Morris, T. (2019). The Mystery of the Exploding Teeth: And Other Curiosities from the History of Medicine. Penguin.
  • Hyson, J. M., Whitehorne, J. W., & Greenwood, J. T. (2008). A history of dentistry in the US Army to World War II. Government Printing Office. 
  • Eady, B. (2015). From the archive. British Dental Journal, 219(8), 377. 
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No os diré "No donéis", pues no todos los gastos son amargos