La historia del villancico no solo concierne a la Navidad
Cada año, cuando descongelan a Mariah Carey y el Burrito Sabanero invade los establecimientos, se recuerdan los villancicos, canciones navideñas tradicionales: la Marimorena, Campanas de Belén, los Peces en el río, Hacia Belén va una burra, Noche de paz...Son muchos los que nos han acompañado durante generaciones, pero, ¿de dónde vienen?
¿Qué significa "villancico"?
Su etimología señala su origen. El villancico, junto con el villancete o villancejo, antes que la copla era el labriego, que provienen del arcaico villán. Por supuesto, este labriego era el villano, del latín vulgar vīllānus, el habitante de la casa de la villa. Las villas eran las casas de campo romanas, un tipo de finca que tenía unas características comunes a los cortijos más modernos.
Historia
El villancico era parte de la música devocional que se cantaba en lengua vulgar desde el siglo XV junto con chanzonetas, ensaladas, cantadas, pastorelas y letrillas en piezas como los momos, teatros cortesanos nombrados en honor al dios homónimo y se celebraban en festividades como la Pascua y la Navidad. Esta música se practicaba en público y en privado, con grandes multitudes o grupos más discretos, pudiendo incluirse en la liturgia religiosa de las festividades.
El desarrollo de la música devocional es común con Europa, pero el catolicismo, la corona y la política durante los siglos marcarían su devenir. A su vez, en todo su recorrido, tendría una influencia recíproca por otras obras culturales, empezando por las teatrales, profanas y de cámara. Por ello, aunque este término surgió en la segunda mitad del siglo XV para referirse al estribillo de canciones seculares con raíces en la danza y desarrollado por autores cultos, su definición y estructura evolucionaría. No tardaría en nombrarse el todo por la parte y denominarse villancico a la canción entera, mientras el estribillo era la "cabeza" y los versos los "pies", con una asimetría entre la letra y la música de ambas que señalaría sus futuros cambios.
Los villancicos no se convirtieron en las canciones de Navidad que conocemos actualmente hasta mediados del siglo XIX. En principio, para música devocional tenías las coplas y chanzonetas o chançonetas. El villancico se caracterizaba por su estructura, no tanto por su contenido ni función. Comenzaba con una introducción o tonada donde presentaba en pocos versos y música repetitiva, a modo de estribillo, el tema. Le seguía el responsión, cantada por varios coros que desarrollaban el tema, y las coplas, cada una acabada en una tonada.
El villancico se institucionaliza, dependiendo del favor de la monarquía y estando presente en la Capilla Real y en las catedrales. En 1640, tendrían un estribillo más largo, con diálogo y menos repeticiones, seguida de las coplas, donde prevalece la poesía sobre la música. Entre 1670 y 1730, influenciados por los estilos de cámara, surgen dos tipos formales. En uno sigue la misma estructura pero se le añade un recitado y una aria, y en otro tiene una introducción, el estribillo, el recitado y la aria. En este periodo, la aplicación de los términos "villancicos", "villanescas" y "canciones" se extendió a las canciones sagradas en lengua vernácula, mientras que "letra" o "tono" se utilizaban para las seculares. No obstante, también se mantenía un uso más preciso y restringido de la palabra.
El villancico tenía un público heterogéneo, siendo una herramienta persuasiva para entretenerlos y atraerlos a las ceremonias religiosas, pues no eran exclusivos de Navidad, aunque tenían mayor presencia, sino también de la Epifanía, Asunción de la Virgen, Corpus Christi, Pentecostés, la Inmaculada Concepción, la Transfiguración y santos locales. Se podían cantar series de villancicos, como los 8 que se cantaron en la beatificación de Teresa de Jesús en 1614. Además, tenían autores de la talla de Juana Inés de la Cruz (1648/1651-1695) o Lope de Vega (1562-1635) que creaban escuela y mantenían sus estilos.
1750 fue un punto de inflexión, cuando la Real Capilla de Madrid dejó de imprimir villancicos. Le siguió la catedral de México en 1757, la catedral de Cuenca en 1768 y la catedral de Zaragoza fue reduciendo los villancicos compuestos en los pliegos entre 1773 y 1776. La catedral de Pamplona proclamó un edicto en 1751 para que la música se ajustara la encíclica Annus qui hunc (1749) de Benedicto XIV, pues se percibía que la interpretación de los pasajes bíblicos era soez y burlona, pero acabaron prohibiendo igualmente los villancicos en 1777. En la catedral de Santo Domingo de la Calzada, se intentó contener usando los pliegos antiguos que habían pasado la censura, pero fracasando igualmente, sustituyéndose en 1827 por los responsorios en latín. En Calahorra primero se redujeron el número de villancicos por festividad e igualmente se prohibieron en 1793. Los villancicos tuvieron el mismo destino en otras catedrales y conventos. Del mismo modo, mientras en siglos anteriores predomina el villancico teatral, en el siglo XIX predomina el lírico, mientras que el villancico teatral que se mantiene es oratorio, más fiel a los pasajes bíblicos, en lugar de los villancicos previos de jácara y mojiganga.
A pesar de ello, el humor no desaparece y en el espacio privado se conservan los villancicos navideños cómicos que no se restringen a ámbitos religiosos ni profanos. Aunque no es el mismo en estructura, resurgen desde la piedad de los fieles y no de los clérigos, que despojaron al villancico de su esencia debido a la censura, recuperando a personajes toscos como los mesoneros y situaciones cotidianas.
Fuentes
- Corominas, J. (1983). Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico: Ri-X. Editorial Gredos.
- Knighton, T., & Torrente, A. (Eds.). (2007). Devotional music in the Iberian world, 1450-1800: the villancico and related genres. Ashgate Publishing, Ltd..
- Feller, P. G. (2022). El villancico en la encrucijada: Nuevas perspectivas en torno a un género literario-musical (siglos xv–xix) ed. by Esther Borrego Gutiérrez and Javier Marín López. Notes, 78(3), 410-413.


