Karl Heinrich Ulrichs: la homosexualidad como un tercer sexo

El nacimiento de Venus de Adolph Hirémy-Hirschl.

Durante siglos, la religión ha despreciado a los homosexuales, pasándole este testigo a la medicina. Como con las mujeres, el racionalismo impulsó un lento y no siempre exitoso progreso. El abogado Karl Heinrich Ulrichs (1825-1895) fue un pionero al proponer que los hombres homosexuales son un tercer sexo con un alma femenina en un cuerpo masculino.

Interés por estudiar la homosexualidad 

Cuando el político Johann Baptist von Schweitzer fue detenido el 4 de agosto de 1862 en el parque del Palacio de Mannheim por seducir a un joven, que huyó, para cometer un acto indecente, Ulrichs le escribió y envió una defensa, pero fue interceptada por las autoridades. Siendo homosexual, esto pudo impulsar a Ulrichs a publicar una monografía sobre lo que llamaba el "acertijo del amor entre hombres", que había ocupado sus pensamientos desde la adolescencia, titulada provisionalmente "La raza de los hermafroditas uranios, es decir, los medio-hombres que aman a hombres". Por cautela, escribió previamente a ocho familiares sobre su proyecto, recibiendo su oposición, aunque publicó su primer volumen en 1863, retrasándose por cuestiones legales hasta el año siguiente, bajo el pseudónimo Numa Numantius.

Publicó doce volúmenes titulados conjuntamente "Investigaciones sobre el acertijo del amor entre hombres": cinco entre 1864 y 1865; otros cinco entre 1868 y 1869 y, finalmente, los dos últimos en 1870 y 1879. Al principio, creyó que su experiencia sería extrapolable a otros homosexuales, pero los contactos que conoció le revelaron que no eran tan homogéneos como pensó. Su teoría fue adquiriendo complejidad para abarcar las divergencias que había conocido, adquiriendo su forma final en 1868, coincidiendo con el fin de su anonimato, y recibiendo pequeñas revisiones en 1879.

En su juventud, razonaba que sentía un magnetismo animal, un concepto desfasado pero que había resurgido con la fuerza ódica de Carl von Reichenbach. De esta manera, cuando él y su amigo se tocaban el pene en un banco, percibió una chispa que se planteó como una electricidad animal positiva o el od de Reichenbach.

En sus publicaciones, desechó el magnetismo animal y se basó en la embriología contemporánea. Argumentó que el deseo sexual tendría un mecanismo similar a la determinación del sexo, donde el embrión tiene aún el potencial de producir órganos masculinos y femeninos, pero donde toma un camino suprimiendo el otro. Situó esta diferenciación del deseo en la adolescencia pero indicó que en algunos niños prepúberes se podían observar signos de homosexualidad, como sus interacciones con las niñas o jugar con muñecas, siendo indicativo de su naturaleza innata. Debido a su lectura de publicaciones sobre hermafroditas, planteó que la naturaleza no siempre sigue sus propias normas, razonando que, mientras que un desencadenante lleva a la determinación de un sexo, otro desencadenante podría dirigir el deseo sexual por otro camino distinto. Es lo que expresaba como "un alma femenina confinada en un cuerpo masculino", equiparando dicha alma con el psique o mente de la persona. 

Categorías 

El discurso de Pausanías en El banquete de Platón le sirvió para nombrar sus categorías: 

El Amor no camina sin Afrodita, es decir, que no se explica sin la belleza; primera indicación de este lazo estrecho, que se pondrá después en evidencia, entre el Amor y lo Bello. Hay dos Afroditas: la una antigua, hija de Urano y que no tiene madre, es la Afroditas Urania o celeste; la otra, más joven, hija de Júpiter y de Dione, es la Afrodita Pandemos o popular. Hay por tanto dos Amores, que corresponden a las dos Afroditas [...] Todo amor en general no es ni bello ni digno de encomio, sino únicamente el que nos incita a amar honradamente. El Amor de la Afrodita Pandemos es popular también y no inspira más que bajezas; el Amor que reina entre los malos, que aman sin selección lo mismo a las mujeres que a los jóvenes, al cuerpo más que al alma, mientras más insensato se es, se es tanto más solicitado por los malos, que sólo aspiran al goce sensual, y con tal de conseguirlo poco les importan los medios con que lo logran.  De aquí procede el que hagan cuanto se les ocurre, lo mismo lo bueno que lo contrario, porque su Amor es el de la Afrodita más joven, que nació del varón y de la hembra. Pero como la Afrodita Urania no nació de la hembra, sino sólo del varón, el Amor que la acompaña no busca más que a los niños. Afecto a una diosa de más edad y que por tanto no tiene los fogosos sentidos de la juventud, aquellos a quienes inspira no aman más que al sexo masculino naturalmente más fuerte y más inteligente. [...] no se sienten atraídos por una gran juventud, sino por jóvenes cuya inteligencia comienza a desenvolverse, es decir, a los cuales les apunta el bozo. Porque su objeto no es, a mi parecer, aprovecharse de la imprudencia de un joven amigo y seducirle para dejarle después, y riéndose de su victoria correr tras cualquier otro; se unen con el pensamiento de no separarse más y pasar toda la vida con el que aman. Sería verdaderamente deseable que existiera una ley que prohibiera amar a mancebos demasiado jóvenes para evitar emplear su tiempo en una cosa tan incierta, porque ¿quién sabe en lo que se convertirá un día esa juventud?, porque con los niños el porvenir es dudoso, se ignora cómo se volverán el cuerpo y el espíritu y si sus inclinaciones los encaminarán hacia el vicio o la virtud

Germanizó los epítetos para formar Urning y Dioning (en primera instancia, eran Uranier y Dionder) para hombres homosexuales y heterosexuales, respectivamente, permitiéndole añadir la terminación -in para las mujeres. Estos términos se ramificaron, pues en el Urning descubrió un espectro a cuyos extremo denominó Mannlinge y Weiblinge. El Mannling es completamente masculino, pero con alma y deseo femenino. El Weibling tan solo tiene el cuerpo masculino, mientras el resto es femenino. Aparte, los hombres bisexuales eran Uranodioning, que podían ser conjuntivos (konjunktiver), que tenían un sentimiento tierno y apasionado hacia los hombres, y los disyuntivos (disjunktiver), con sentimientos de ternura hacia los hombres pero pasión con las mujeres.

Esquema del uranismo.

A pesar de los conflictos de estas ramificaciones con su explicación embriológica, defendía la condición innata de la homosexualidad, por lo que postuló que hubiera desencadenantes incorpóreos diferenciados e independientes para el amor tierno y el pasional. Además, señalaba que, aparte, algunos Urnings se han forzado a actuar como Dionings, llamándolos virilisierte Mannlinge, pero que esto no era posible para todos los Urnings. Asimismo, también estaba el uranisierter Mann o Uraniaster, que actúa como Urning, por ejemplo, en ausencia de mujeres, como en prisiones o en los cuarteles militares. Todo esto también se reflejaría en las mujeres, pero sus explicaciones encontrarían más dificultades cuando las personas no pertenecían a un sexo u otro. Él mismo reconocía el caos, pero esperaba que un futuro investigador pudiera encontrar una ley ante tal arbitrariedad. Un error de base, por el que ya fue criticado por James Mills Peirce en 1891, fue asumir un argumento circular donde el amor sexual por un hombre debía contener un componente femenino.

Sus investigaron le llevaron a admitir que el cuerpo y el psique se influenciaban mutuamente, llevando a la búsqueda de signos que determinaran el deseo sexual. De esta manera, Ambroise Tardieu identificó al receptivo por su ano en forma de embudo y al penetrador por su pene puntiagudo. Estos signos podían ser identificados con malicia, como ocurrió con Carl Værnet, médico del campo de concentración de Bunchenwald que trató de curar la homosexualidad, y Gunter Dörner, para quien era una discapacidad prevenible.

Rechazo contra el sexo no procreativo 

El único propósito de la cópula era concebir descendencia. Las personas que se entregaban a la masturbación o la homosexualidad demostraban la degeneración de la sociedad, postulada por Bénédict Auguste Morel, y sufrirían las consecuencias. Aunque, en 1879, Richard von Krafft-Ebing mostró interés por las ideas de Ulrichs, su influyente Psychopathia sexualis (1886) mantendría la homosexualidad como enfermedad, aunque con un punto de vista relativamente atenuado.

Los médicos rechazaron a Ulrichs por no compartir su profesión, considerándolo parcial, pues él mismo era homosexual y, por lo tanto, un enfermo. A pesar de ello, Johann Ludwig Casper y Claude François Michéa compartían de manera independiente la concepción de la homosexualidad como innata. Ulrichs argumentaba que sus detractores habían observado la homosexualidad en manicomios, pero no a homosexuales sanos. Como abogado, procuró defender que la actividad homosexual en las relaciones mutua y libremente consentidas debería ser legal, pues son naturales. No obstante, Ulrichs admitió que, en su experiencia, los homosexuales rara vez se sienten atraídos entre sí y que algunos actos homosexuales eran depravados. Consideraba que, más que penar la homosexualidad en sí, lo que debía mantenerse eran las leyes de edad de consentimiento y el uso de la fuerza.

Sin embargo, el avance de los prusianos y la extensión de sus leyes antihomosexuales con la unificación alemana, le obligaron a huir primero de Hanover y luego de Bavaria a Aquila, en Italia. Aunque murió exiliado, Ulrichs es conocido por defender la homosexualidad, a pesar de costarle oportunidades laborales, dinero, su candidatura a alcalde de Uslar en 1865 y ser encarcelado en dos ocasiones por sus protestas. También protestó por las minorías religiosas, étnicas y las mujeres, incluyendo las solteras con hijos.

El término Urning(in) no cuajó, como tampoco lo hicieron similisexual, intermedio sexual, invertido, homogénico o el instinto sexual contrariado. El término pederastia ("amor de chicos"), usado por Casper, se sinonimizó erróneamente con paedicatio ("sexo anal"), resultando en la actual violación infantil. Homosexual fue un término contemporáneo usado anónima y públicamente por primera vez en 1869 por Karl Maria Kertbeny, quien también lo usó en sus cartas con Ulrichs el año anterior. 

Fuentes

  • Kennedy, H. C. (1984). The “third sex” theory of Karl Heinrich Ulrichs. In The Gay Past (pp. 103-111). Routledge.
  • Kennedy, H. C. (1997). First theorist of homosexuality. Science and Homosexualities/Ed. V. Rosario– New York, 26-45. 
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No os diré "No donéis", pues no todos los gastos son amargos