jueves, 3 de abril de 2014

Stamatis Moraitis, el hombre que se olvidó de morir

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En 1943, un veterano de guerra griego llamado Stamatis Moraitis llegó a Estados Unidos para ser tratado de su brazo mutilado. Sobrevivió a un disparo, escapó de Turquía y cruzó el Atlántico en el Queen Elizabeth, que entonces sirvió para el transporte de tropas. Moraitis se estableció en Port Jefferson, Nueva York, un enclave de compatriotas de su isla natal, Ikaria. Rápidamente consiguió un empleo haciendo trabajos manuales. Más tarde, se trasladó a Boynton Beach, Florida. De camino se casó con una mujer greco-americana, tuvo tres hijos, compró una casa de tres dormitorios y, en 1951,  se hizo con un Chevrolet.

Un día en 1976, a Moraitis le costaba respirar. Subir escaleras era un reto; tuvo que dejar de trabajar al mediodía. Viendo las radiografías, el médico concluyó que Moraitis tenía cáncer de pulmón. 9 médicos más confirmaron el diagnóstico. Le dieron 9 meses de vida. Estaba en la sexta década de vida.

martes, 1 de abril de 2014

El mago asesinado por su propia autopsia

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En el cementerio Green-Wood de Brooklyn, en una lápida muy gastada, puedes leer, aunque con dificultad, la inscripción "The Martyr" (El martir) sobre el nombre Washington Irving Bishop. El resto del epitafio está demasiado deteriorado para leerlo, pero Bishop fue conocido en su época como uno de los grandes mentalistas del siglo XIX. Aunque su mayor misterio fue su muerte.

miércoles, 12 de febrero de 2014

¿Cual es el origen del gag de la cáscara de plátano?

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De alguna manera, ver a alguien caerse puede arrancar unas risas de forma instantanea, como en aquellos interminables programas donde se sucedían decenas de vídeos domésticos, como Vídeos de primera en España o America's Funniest Home Videos en EEUU. Conociendo esto, la comedia convirtió a una inocente cáscara de plátano en un cliché tan manido como las arenas movedizas en las series de los 60.

El origen del cliché comienza en 1866, cuando Carl B. Frank empezó a importar plátanos a Nueva York desde Panamá. No era la primera vez que esta fruta llegaba al país, pero sí la primera vez que se comercializaba en grandes cantidades. Una década después, en la Exposición Universal de Filadelfia, se vendieron plátanos envueltos en hojas de estaño por 10 centavos cada una. En pocos años, se convirtió en una comida popular para consumir en la calle. Cada vez que se organizaba un evento sin papeleras o un mínimo servicio de limpieza, las cáscaras de plátano se acumulaban, descomponiéndose y volviéndose más resbaladizas.

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