Ir al contenido principal

William Buckland, saboreando el corazón del rey de Francia

William sosteniendo lo que parece ser un Ammonite
A veces da la impresión que entre los hombres de ciencia se encuentran los mayores locos. Solo hay que nombrar a Newton y como se metió una aguja entre el hueso y el ojo para ver que pasaba. O también cuando se quedó mirando al Sol, quedándose posteriormente varios días en una habitación a oscuras. Otro que podría competir con Newton es Henry Cavendish, quien medía la intensidad de la corriente eléctrica aplicándosela a sí mismo. Sin embargo, sus trabajos no fueron descubiertos hasta después de su muerte. La ley de la Conservación de la Energía, la Ley de Ohm, la Ley de Dalton del gas ideal, la Ley de Richter de Proporciones Recíprocas, la Ley de Gases de Charles y los principios de la conductividad eléctrica llevarían su nombre si hubiera publicado sus investigaciones.

No obstante, entre los locos, como en todo, siempre hay uno que sobresale, y no porque los demás se lo dejen fácil. William Buckland, geólogo y paleontólogo, fue conocido por sus gustos culinarios. Era una persona que comía de todo. Y cuando digo de todo, no me refiero solo a que no despreciara a las verduras y otros alimentos, a veces, poco apreciados. Aunque eso no quiere decir que todo le gustase por igual, ya que asado de topo y guiso de moscardones no eran de su agrado.


Sus exquisitos gustos le ayudaron a identificar el origen de la supuesta sangre de un santo en un iglesia de Italia, que se renovaba diariamente. Para ello, como haría cualquiera, se arrodilló y chupó la mancha de sabor inconfundible. Tras ello, cual Ace Ventura, identificó la mancha como orina de murciélago. De ahí que volviera aparecer todos los días.

Pero llegados a este punto, te preguntarás a cuento de qué viene el título de la entrada, aunque de cualquier manera, ya supongo que te lo puedes imaginar. Durante la revolución francesa, el corazón del Luis XIV quedó en manos de unos saqueadores, quienes se lo vendieron a Lord Harcourt. Este se encontraba en un cofre de plata.

Harcour mostró el corazón, ya del tamaño de una nuez pequeña, en una cena donde se encontraba William. El corazón fue pasando por la mesa para que lo vieran todos. Cuando llegó el turno de William, dijo "He comido muchas cosas extrañas, pero nunca antes el corazón de un rey" y sin pensarlo dos veces, se lo tragó.

Hay también quien dice que quien se lo comió fue su hijo, Francis Buckland, quien lo encontró delicioso. Tampoco es algo descabellado, ya que al parecer heredó el gusto por las comidas exóticas y tenía un acuerdo con el zoológico para que le entregaran los cadáveres de los animales que murieran. Otras fuentes afirman que tenía un acuerdo con el personal de un hospital para que le entregaran partes anatómicas humanas.

Fuentes: Strange history, Denunciando, Terra magazine, e-ciencia

Comentarios

Lo más popular de la semana

101 curiosidades sobre las cucarachas

1. Una estirpe de rancio abolengo. Los fósiles más antiguos de cucarachas datan del Carbonífero inferior (hace 360-310 millones de años). Eran tan abundantes en este período que a menudo se le conoce como la Edad de las cucarachas.

2. La diversidad de las cucarachas. Se conocen unas 3.500 especies de cucarachas (aunque hay otras fuentes que hablan de 3.700 o incluso 5.000 especies), agrupadas en 6 familias (blátidos, blatélidos, blabéridos, polifágidos, criptocércidos y nocticólidos). Sólo 40 habitan en las casas.
3. El increíble grupo cambiante. Antiguamente, las cucarachas (blatoideos o blatarios) estuvieron incluidas en el orden de los ortópteros, junto con los grillos y los saltamontes, aunque ahora pertenecen a un orden diferente, dictiópteros, que comparten —como suborden— con las mantis religiosas y, según algunas clasificaciones, las termitas. Otras clasificaciones consideran a los dictiópteros como un superorden y a los blatoideos como un orden. A pesar de ello, en la RAE no…

¿Pueden los ojos cambiar de color?

Es ampliamente conocido que los bebés suelen nacer rubios y con los ojos azules debido a que aún no poseen el pigmento que les da el color. Cuando producen melanina los ojos y el pelo se oscurecen. Esto cambio suele producirse en niños blancos que no sean rubios ni tengas ojos azules. Lo que no es tan conocido es que el color de los ojos no es fijo.

Puede ser que conozcas algún caso. Puede que, al haber pasado en un lapso de tiempo tan largo, ni te fijaras o pensaras que es una percepción tuya, pero es real. Las causas pueden ser el envejecimiento normal, una enfermedad o un medicamento, como el latanoprost. La enfermedad puede ser una  ciclitis heterocrómica de Fuchs (CHF), el síndrome de Claude-Bernard-Horner o un glaucoma pigmentario, entre otros.

Preguntas tontas, respuestas estúpidas

Yahoo respuestas es un buen lugar para preguntar cualquier duda que se nos pase por la cabeza. Pero como en el resto del mundo, aquí hay de todo. Por eso siempre hay cuestiones estúpidas que, o se hacen a modo de broma o han sido formuladas por un chimpancé borracho (Sin querer insultar a los chimpancés).

Estas son las 9 preguntas más estúpidas que he encontrado yo.

El hombre globo que no podía defecar

Entrada originalmente publicada en Medizona Algo que siempre fascina de la medicina son los casos raros, los que superan los límites de lo que creíamos posible. Como espectadores de un museo de los horrores o un circo de monstruos, observamos lo que escapa a nuestro entendimiento.  Ese interés impulsó los circos de fenómenos y, aunque perdieron su popularidad, el interés persiste, solo que ahora no deshumaniza a quien es diferente.

El "hombre globo" o la "bolsa de viento" nació con normalidad, sin mostrar nada anómalo hasta los 18 meses, exceptuando un gran abdomen, irregularidades intestinales y estreñimiento. Conforme crecía, también lo hacía el tamaño de su abdomen y su estreñimiento. A los 16 su colon podía pasar un mes sin exhibir movimiento y a los 20 se exhibió en un Dime Museum(1) con los nombres con los que empecé este párrafo.

¿De dónde vienen los nombres de los elementos?

Tabla en espiral diseñada por el profesor Theodor Benfey
Ni se le hubiera pasado por la cabeza a Mendeliev pensar que la tabla periódica que él diseñó llegaría a albergar 118 elementos. Cuando miramos la tabla, nos encontramos con nombres conocidos como el oxígeno, el hierro y el oro, y otros que no tanto, como el molibdeno, hafnio y el itrio. Estos nombres no han sido elegidos al azar, ni en un concurso de nombres raros (aunque lo parece), cada uno de ellos tiene un origen y un significado. Por eso, para culturizarnos un poco conoceremos el origen del nombre de algunos elementos.
Hidrógeno (H): que mejor manera de empezar que con el primero de la lista. El nombre proviene del griego Hydro y genos, "formador de agua". Este nombre fue propuesto por el químico francés Antoine Lavoisier.Litio (Li): su nombre proviene de Lithos, piedra (para que calentarse más la cabeza al ponerle un nombre).Rubidio (Rb): descubierto por Bunsen (Derecha) y Kirchhoff por espectroscopia. Su nombr…

¿Por qué los gatos tienen 7 o 9 vidas?

A veces los gatos son un misterio. Se dice que los gatos tienen siete vidas, pero en otros países tienen nueve. En principio parece seguir la típica tendencia por la que todo es mejor en otros países y hasta los gatos duran más. Es normal que nos liemos, si nos angustiamos buscándole tres patas. Pero, ¿de dónde viene sus múltiples vidas?

¿Por qué el café da ganas de cagar?

Sí, lo sé, "cagar" no es un término muy elegante y podría haber escogido multitud de alternativas (Defecar, excretar, evacuar, deponer, así como tantos otros), pero resulta el más reconocible. Al fin y al cabo, ¿quién no se ha hecho esta pregunta con estas mismas palabras? Desde luego, la ciencia la ha contemplado y presentado una respuesta. Es una situación que no todos han experimentado, ni siquiera la totalidad de bebedores de café, pero quien lo ha notado conoce perfectamente la sensación.

Es un fenómeno que no va mucho más allá de lo que sugiere el título: cuando se bebe café, al poco tiempo se produce una sensación que incita a ir al baño. Si lo conoces de primera mano, el trayecto al retrete es tu rutina, parte de tu día a día. Te tomas tu café y sabes que la sensación no tardará en llegar, aunque no sepas por qué.