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Mostrando entradas de junio, 2013

La historia de Jesucristo en Japón

En la cima de una empinada colina, en un distante rincón del norte de Japón yace la tumba de un pastor itinerante que, hace dos milenios, se asentó allí para cultivar ajos. Se enamoró de la hija de un granjero llamada Miyuko, que le dio tres hijos, y murió a los 106 años. En la aldea de montaña de Shingo, él es recordado por el nombre de Kaitenku Taro Jurai. En el resto del mundo se le conoce como Jesucristo.

Resulta que Jesús de Nazaret - el Mesías, hacedor de milagros y líder espiritual de una de las religiones más extendidas del mundo - no murió en la cruz en el Gólgota, como se suele creer. Según la cultura local, ese fue su hermano pequeño Isukiri, cuya oreja cortada fue enterrada en un túmulo funerario adyacente en Japón.

El hombre que se levantó de su tumba y viajó 320 km en busca de venganza

El cine nos ha dado muchos tipos duros como Rambo, John McClane o Chuck Norris (interpretándose a sí mismo). No obstante, como se dice infinidad de veces, la realidad supera a la ficción. Sirva de ejemplo el Oeste Americano donde no solo había vaqueros, como el interpretado por el eternamente sonriente Clint Eastwood, sino también los llamados "mountain man", exploradores y tramperos que vivían en las tierras salvajes.

Uno de ellos, Hugh Glass, que convivió con los indios Pawnee y fue pirata junto con Jean Lafitte, se ganó a pulso el título de tipo duro. Como muchos otros "mountain man", se beneficiaba del lucrativo negocio de la venta de pieles. Con este mismo objetivo participó en la expedición de 1822 del general William Henry Ashley y su socio Andrew Henry, a quienes se les conocería como los "Cien de Ashley".

La historia tras el museo más antiguo del mundo

En 1925, el arqueólogo Leonard Woolley descubrió una curiosa colección de artefactos mientras excavaba un palacio babilonio. Eran de muchas épocas y lugares diferentes, y aún así estaban cuidadosamente organizada e incluso etiquetadas. Wooley había descubierto el primer museo de la historia. 
Es fácil olvidar que los habitantes del mundo antiguo también estudiaban historia - los babilonios que vivieron hace 2500 años fueron capaces de mirar hacia milenios previos de experiencia humana. Esa es la parte que hace el museo de la princesa Ennigaldi tan singular. Su colección poseía maravillas y artefactos tan antiguos para ellas como la caída del imperio romano para nosotros. Pero también es un símbolo siniestro de una civilización moribunda consumida por su vasta historia.

Frederic Tudor, el rey hielo

El ruido de 100 irlandeses rompió la soledad de Henry David Thoreau en su santuario de Walden Pond durante el duro invierno de 1856. El excéntrico trascendentalista miró por la ventana de su rústica cabaña donde había ido a "chupar la vida hasta la médula" y observó como los trabajadores inmigrantes de la Compañía de Hielo Tudor empezaban a sacar 10.000 toneladas de hielo de Walden Pond.

El hielo obtenido durante tres semanas fue embarcado para los ávidos consumidores de lugares tan lejanos como Carolina del Sur, Louisiana e incluso la India. "Los sofocantes habitantes de Charleston y Nueva Orleans, de Madras y Bombai y Calcuta, beben en mi pozo", escribió Thoreau en "Walden".  Por supuesto, quienes usaban el hielo en sus bebidas no sabían que también se estaban tomando el agua de la bañera de Thoreau, pero a las masas tampoco le importaba. Hasta la mitad del siglo XIX, el hielo fue un bien de lujo disfrutado tan solo por los ricos, pero todo eso cambió …

Dos ilusiones de la lengua

Al igual que existen las ilusiones ópticas, hay ilusiones en las que se engañan a otros sentidos como la propiocepción. La propiocepción es el sentido que permite conocer la posición de los segmentos corporales. Aquí te enseñaré un par de sencillos trucos en el que solo necesitarás una lengua, un tenedor y un dedo (preferiblemente de la mano).

Sobre el sabor picante y la capsaicina

El ser humano es competitivo por naturaleza, por lo que siempre queremos ser mejores que los demás a toda costa. La expresión "a que no hay huevos" también ha promovido un sano comportamiento cafre hasta niveles extremos (de extrema estupidez, por supuesto). Seguramente, mucho tiempo atrás, entre los heroicos retos a los que se enfrentaba la humanidad, estaba el de comerse el pimiento más picante. Podemos pensar que, después de largas jornadas de competición amistosa, algunos morirían por quemaduras de tercer grado o combustión espontánea.