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El mito del error de la espinaca de Popeye

Todos conocemos a Popeye y su obsesión por la espinaca que le otorga una fuerza extraordinaria. También es bastante conocida la razón de esta relación: cuando en 1871 el químico alemán Emil Von Wolf calculó originalmente el contenido de hierro de la espinaca, se equivocó al transcribir sus notas y situó la coma en el lugar incorrecto, multiplicando por 10 la cantidad real de hierro que había calculado. Por lo tanto, la fuerza de Popeye se basaría en un mito. Lo que no es tan popular es que esta corrección también lo es.

Es fácil recordar una historia así, ya que parte de dos elementos muy conocidos y relacionados entre sí  (Popeye y la espinaca) y un error muy sencillo. No hay que recordar una gran cantidad de datos para transmitir esta corrección falsa. La gracia es que asumimos que Popeye obtenía la fuerza de sus espinacas por su contenido en hierro y nos creemos sin más que hubo un error con los decimales.

La fuerza de Popeye

Popeye apareció por primera vez en la tira cómica Timble Theatre de Kings Features Syndicate, en la edición del The New York Evening Journal del 17 de enero de 1929. La primera vez que Popeye se comió sus espinacas en 1931. Fue el año siguiente cuando explicó la causa de su fuerza. ¿El hierro? No, la vitamina A. Popeye dice textualmente "Spinach is full of vitamin A an' tha's what makes hoomans strong an' helty" (La espinaca está llena de vitamina A y eso es lo que hace a los humanos fuertes y sanos). Hasta entonces, su característica principal no era la superfuerza sino la resistencia sobrehumana que obtenía acariciando a una gallina mágica.

Popularización de las espinacas


Diréis: "Pero al menos popularizó las espinacas". Tampoco, puesto que estas ya estaban ganando popularidad antes de que el marino de Segar las incluyese en su dieta. En Texas, las hectáreas de espinacas llevaban una década aumentando.

La coma

Artículo original de Wolff
Lo único real es que, inicialmente, el cálculo de hierro en las espinacas no era el correcto, pero no por un fallo de transcripción, sino por un método defectuoso de medición. En la década de 1890, otro investigador alemán concluyó que la estimación era demasiado alta. Los análisis posteriores casualmente redujeron los valores a un nivel aproximadamente 10 veces menor. No pasó tiempo hasta que el químico analítico de la Universidad de Columbia Henry Clapp Sherman aclarara los problemas con el resultado original. Para 1930, los investigadores conocían tanto los verdaderos niveles de hierro de la espinaca como que el organismo no era capaz de absorberlo todo. A esto se le suma que las espinacas contiene oxalatos, que se unen con los iones de hierro (II) para formas cristales de oxalato de hierro (II) e impidiendo su uso por el organismo.

Además, existe otra versión del bulo que atribuye el error a Gustav von Bunge en un artículo de 1892. Aunque Bunge no corrigio el error en sus datos, sí concluyó que los datos de Wolff eran muy superiores a los reales.

Origen de la falsa corrección

El bulo del fallo de transcripción pudo haberlo causado varias décadas después el nutricionista y autodenominado cazador de mitos Arnold Bender, quien dejó caer la idea en una conferencia de 1972. En 1981, Terence Hamblin escribió una versión de la historia sin citar en una columna del British Medical Journal, convirtiéndose en la mejor fuente posible para todos los que citaran la historia.

Quienes citaban la historia, no mencionaban al primero que la contó, sino que hacían referencia a Hamblin, ya que parecía el más fiable, o citaban a alguien que, a su vez, mencionaba a Hamblin. El problema de no consultar las fuentes originales no es nuevo, como le sucedió a varios científicos con un grupo de cucarachas  o al hipotálamo, que desde 1779 a 1829 fue llamado erróneamente hipopótamo, y favorece a que se extiendan unos datos falsos.

Fuente: FiveThirtyEight, Histories of ecology

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