La geranomaquia, la lucha entre los pigmeos y las grullas
Los antiguos artistas griegos y romanos recurrieron a menudo al tema de la geranomaquia, la batalla entre pigmeos (πυγμαῖοι) y grullas (γέρανοι). Como las representaciones de zoofilia homosexual, es inevitable preguntar por qué. ¿Había un mito que lo explicara? ¿Qué les habían hecho las grullas a esta pobre gente, o viceversa?
Etimología
Los pigmeos reciben su nombre por su tamaño, pues deriva de "puño" o "codo" (πυγμή, pugmè) como unidad de medida, pues se medía hasta los nudillos.
La batalla eterna en el arte
En el arte griego, las grullas podían mostrarse solas pero era menos común que lo hiciese un pigmeo. Su primera representación conocida ocurre en una jarra bicroma chipriota del siglo VII a.C. Desde entonces, se ha reiterado el tema en los vasos griegos de pinturas negras desde la época arcaica (c. 800-480 a.C.) hasta la romana. Se representaron principalmente en recipientes de vino, aquellos usados por deportistas y mujeres. También aparecen una diadema dorada de Rodas y en un altar portátil corintio.
En batalla, los pigmeos usaban espadas, hondas, garrotes o garfios, cabalgando animales como cabras y, en un ánfora de Northampton, una grulla. A veces los representaban con la morfología de las personas con acondroplasia, pero a menudo tienen cuerpos musculados.
Presencia en la literatura
Su primer testimonio escrito ocurre en el tercer canto de la Ilíada de Homero (s. VIII a.C.), comparándose el avance de los troyanos hacia los silenciosos aqueos con las voces de las grullas al huir sobre el océano del frío invierno y las lluvias torrenciales, que traen la ruina y la muerte a los pigmeos. En Catálogo de mujeres, Hesíodo (s. VIII-VII a.C.) meramente los agrupa con los maságetas, hemicinos, catudeos, mélanos y libios, aunque Estrabón resaltaría que nadie podía acusarlo de desconocer a los semiperros, macrocéfalos y pigmeos. En la fábula de El granjero y las grullas de Esopo (600-564 a.C.), cuando finalmente las espanta lanzándole piedras, este les espetó "¡Volved a la tierra de los pigmeos!".
Dudas e identificación
En Periegesis, Hecateo de Mileto (550-476 a.C.) es el primero en estimarlos como granjeros, situándolos cerca del nacimiento del Nilo, influenciando a otros autores, para quienes cultivan trigo tan alto como los árboles. Al tratar las migraciones en Historia de los animales, Aristóteles (384-322 a.C.) explica que las grullas migran desde las llanuras de Escitia a las marismas del Alto Egipto, mencionando rumores de que aquí les atacan los pigmeos. No obstante, cree que los pigmeos son una fábula y que simplemente se trata de una raza de hombres de baja estatura que cabalgan caballos y viven en cuevas. En Geografía, Estrabón (64/63 a. C. -23/24 d.C.) también los considera una leyenda, que habitualmente los situaba en tierras etíopes más allá de Egipto. No obstante, cree que los seres vivos de los extremos fríos y cálidos del norte y sur, respectivamente, tienen sus necesidades atrofiadas, pues en tierras etíopes los animales domésticos son pequeños y las personas son nómadas, viviendo casi desnudos, por lo que naturalmente son pequeños y pudo idearse la idea de los pigmeos a través de ellos.
Este razonamiento encajaría con el relato de Heródoto de Halicarnaso (484-425 a.C.) que, aunque no habla de pigmeos, narra que unos jóvenes aristócratas nasanones cruzaron el desierto y se encontraron a unos hombrecillos negros que, tras guiarlos por unos pantanos, les llevaron a una ciudad con un río, donde había cocodrilos, que cruzaba hacia occidente. Heródoto también los menciona en el viaje de Sataspes, que bordeó la costa africana y vio a personas pequeñas vestidas con hojas de palmera que huyeron a las montañas cuando llegaron los marineros. En Historia de Nonnosus (fl. 530 d.C.), citado por Biblioteca de Focio, sitúa a unas tímidas personas pequeñas negras, peludas, tímidas y desnudas, salvo por taparrabos de piel, en una isla en la costa oriental de África, que no eran salvajes pero hablaban una lengua ininteligible para sus vecinos
Explicación mitológica
Ovidio (43 a.C.-17 d.C.) mencionó que su reina, al perder su desafío contra Hera, fue condenada por la diosa a luchar contra su gente. Antonino Liberal (s. II-III d.C.) expandió la historia en Metamorfosis. Oinoe fue una bella, pero torpe y arrogante princesa pigmea, que engendró a Mopsos con Nicodamo, un hombre sensato. La princesa no honró ni a Artemisa ni a Hera, por lo que esta la convirtió en grulla, obligándola a volar alto e incitando la guerra con los pigmeos. De esta manera, cuando se acercara a ver a su hijo, se encontraría con la hostilidad de los suyos. En cambio, en Historia de los animales, Eliano (175-235 d.C.) la llama Gerana, que se convirtió en reina de los pigmeos por falta de heredero masculino. Siendo venerada como una diosa, creía que superaba en virtudes a Hera, Atenea, Artemisa y Afrodita. De esta manera, Hera la convirtió en el ave más horrenda, haciéndole perder la cordura y enfrentándola con los pigmeos. Sin embargo, este mismo autor, citando a Alejandro de Mindo (s. I d.C.), señala que, debido a su piedad filial con sus padres, las grullas, en su vejez, son convertidas como recompensa en humanos en una isla de Océano.
Tamaño y localización, batalla y migración de las grullas
Ctesias (fl. V a.C.) informa que medían entre un codo y medio y dos codos, tenían la nariz chata, pelo largo y genitales enormes que colgaban hasta los tobillos. En cambio, para Basílides eran tan pequeños que cabalgaban perdices. En cambio, Plinio el Viejo (23-79 d.C.) indica en Historia natural que los trispítamos ("tres palmos") y los pigmeos no superaban los tres palmos o dodrantes de altura. Plinio es quien los sitúa en más lugares. En el pasado habrían vivido en Tracia, junto a la costa del mar Negro, con Gerania, donde habrían sido expulsados por las grullas, y junto a los ríos Eudón y Tebaites, afluentes del río Menderes en Caria. Contemporáneamente, los sitúa en las montañas de los prasios más allá de la India, antes del río Indo, que les protegía del viento aquilón. Cuando las grullas migran en otoño, están en paz, pero en primavera bajan en tropa al mar en una expedición de tres meses, donde destruyen sus huevos y polluelos. Esto serviría para construir sus viviendas, pues indica que sus chozas están construidas con barro, plumas y cáscaras de huevo, citando la discrepancia con Aristóteles.
En el Banquete de los sabios, Ateneo de Náucratis (170-s. III d.C.) menciona que Menecles de Barca (II d.C.), en su primer volumen de Collectanea, cuenta que los pigmeos luchan tanto con las grullas como con las perdices.
En Imágenes, Filóstrato de Lemnos (190-230 d.C.) describe una imagen en Neápolis de Heracles entre los pigmeos. Sitúa la escena en Libia, donde Heracles duerme en la arena, acompañado de Hipno en forma visible, tras derrotar a Anteo, a quienes los pigmeos buscan vengar por su relación filial. Aunque no tan poderosos, también tienen la bendición de su madre Gea. Por ello la tierra forma olas conforme salen de ella como hormigas y, liderados por su rey, cubren a Heracles, a quien perciben como una fortaleza debido a su tamaño. Sin embargo, el héroe simplemente se levanta, se sacude, se cubre con la piel de león y decide llevárselos con Euristeo.
En Vida de Apolonio de Tiana de Filóstrato de Atenas (170-245 d.C.), tras responder sobre la mantícora, los esciápodos y la piedra pantarbe, el sabio indio Yarcas, señala que los pigmeos habitaban bajo tierra, en la otra orilla del Gánges. Posteriormente los sitúa en Etiopía, pues siempre hubo confusión entre esta y la India. En Contra Hierocles, Eusebio de Cesarea (263-339 d.C.) menciona los mismos datos.
En Haliéutica, Opiano (s. II d.C.) menciona en un verso la misma migración desde Etiopía y los torrentes de Egipto. También está la tendencia a situarlos en Caria, India, Tracia o Thule, donde se ven migrar a las grullas.
Finalmente, en Dionisiacas, Nono de Panópolis (s. V d.C.) explica que las grullas tracias cruzan como una nube el cuerno de Océano y, en torno a las aguas de Tetis, atacan a los pigmeos. En Ethnika, Esteban de Bizancio (s. VI) tan solo recalcaba que fueron nombrados en honor a Pigmeo, el hijo de Doro y nieto de Menfis y Épafo, quien era hijo de Ío, quien huyó al Nilo de los celos de Hera.
Posible significado
Como decía Juvenal (60-128 d.C.) en sus Sátiras, si vieras en tus propias tierras la batalla de los pigmeos, de un palmo de altura, siendo llevados en vuelo fácilmente por las aves tracias, te reirías, pero en esa tierra, donde ocurre diariamente, nadie lo hace. Las batallas recuerdan el pasado mítico donde Heracles arrasó con las aves de Estínfalo. Sin embargo, aunque luchen diligentemente, compartiendo incluso sus armas, contra unas aves que se muestran enclenques, estas siempre vecen, incluso picoteándoles los genitales. De esta manera, la geranomaquia en el arte pudo ser una parodia.
El pueblo nombrado en su honor
Aparte, los pigmeos son africanos reales. Como ocurría con los gorilas, su primera mención pudo ocurrir en en Purchas, his Pilgrimes (1614) de Samuel Purchas, donde se cuenta lo que vio el pirata Andrew Battell medio siglo antes, que fue capturado y llevado a San Pablo de Luanda, hoy en Angola, y fue liberado posteriormente en Loango. En el noreste del reino de Kesock, ascendiendo por el río Ngonga, encontró un grupo de personas carnívoras del tamaño de niños de doce años, llamados Matimbas, que cazaban con flechas y dardos. No entraban en las casas de otros grupos, abandonando las propias si alguien pasaba por ellas. Pagaban tributo al rey de Kesock con colmillos y las colas de elefantes. Battell los llamó Matimbas, pero Purchas se refirió a ellos como pigmeos.
Charles Walkenauer (1771-1852) indicó que Battell descubrió el pueblo de los pigmeos, pero aún no había sido dado a conocer al mundo. El primer europeo en contactar con ellos fue Paul Belloni Du Chaillu, quien hizo tres viajes terrestres en Gabón entre 1855 y 1865 para cazar los recién descubiertos gorilas. En el último, entre 1863 y 1865, subió por el río N'Gounié y se dirigió al este a través de los montes de Cristal. Los Ishogo (Tsogo) le contaron que había pueblos de gente de baja estatura, siendo invitado a visitarlos en el territorio de los Ashangos (Sangu), en Niembouai. Cada vez que llegaba, sus habitantes abandonaban sus casas hechas con ramas. En una encontró a gente que logró arrastrar por las piernas, aterrorizándolos. En sus visitas posteriores tan solo pudo contactar con una anciana que no podía huir. Él no los llamó pigmeos, sino Obongo (Bongo), publicando su descubrimiento en The Country of the Dwarfs (1872), aunque mencionó la relación con el pueblo conocido por Heródoto y Homero.
Georg August Schweinfurt viajó al Alto Nilo entre 1868 y 1871, oyendo de los nubios historias de personas enanas que cazaban elefantes. Los encontró en el reino de Mombuttus (Mangbetu), nombrándolos pigmeos en base a la descripción de Aristóteles. Las primera vez que vio a los Akka, como se llamaban a sí mismos, fue entre marzo y abril de 1870, cuando el rey Mounza de Mangbetu los envió a buscar un perro para el explorador alemán. Tuvo encuentros esporádicos y el rey Mounza le entregó un Akka a cambio de un perro, pero murió 18 meses después.
La expedición cartográfica alemana de la costa de Loango, liderada por Adolf Bastian, exploró el norte de Angola y el sur del Congo entre 1873 y 1876. Encontrarían y estudiarían a los Obongo (Bongo) y Julius Falkenstein, que participaba en la expedición, publicó una placa con su imagen en 1874 en Zeitschrift für Ethnologie.
En el siglo XX, serían llevados a Europa y Estados Unidos, donde serían fotografiados, exhibidos en ferias, educados y adoptados. Desde entonces, se definió el término pigmeo para aquellos pueblos nómadas del África tropical con una estatura media inferior a 1,55 m con una economía de subsistencia. Los pigmeos del este incluyen a los grupos Asua, Efe y Sua, englobados como Mbuti, y los BaTembo de lago en la frontera de Ruanda. Los pigmeos del oeste incluyen a los Baka, Bedzan, Aka, Kola, Bongo, Koya y Twa del lago Tumba en Camerún, Gabón, Congo, República Central Africana y el oeste de la República Democrática del Congo. Todos tienen un origen común, partiendo de grupos africanos no pigmeos hace 60000 años, separándose en grupos occidentales y orientales hace 22000 años. Los primeros experimentan un crecimiento reducido a partir de los tres años, mientras los segundos nacen pequeños.
Fuentes
- Ovadiah, A., & Mucznik, S. (2017). Myth and Reality in the Battle between the Pygmies and the Cranes in the Greek and Roman Worlds. Gerión, 35(1), 141-156.
- Rozzi, F. V. R. (2023). History of the name Pygmy and its importance for the Pygmies themselves. JASs. Journal of anthropological sciences, 101, 171-183.
- Karageorghis, V. (1972). Une représentation de pygmée et de grue sur un vase cypriote du VII e Siécle avant J.-C. Revue archéologique, (Fasc. 1), 47-52.
- Dasen, V. (1993). Dwarfs in ancient Egypt and Greece. Oxford University Press.
- Rozzi, F. V. R. (2023). History of the name Pygmy and its importance for the Pygmies themselves.
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