La hipótesis francesa que decía que los americanos eran chinos
Cuando los europeos llegaron a América no tardaron en hacerse una pregunta inevitable: ¿cómo habían llegado los pueblos que ya vivían allí? Durante siglos, hubo varios razonamientos pero uno sobresalió entre los demás: los chinos llegaron primero.
Contexto
Esta no es la ridícula propuesta de Gavin Menzies, que no tenía más razón de ser que sacar dinero en base a la ignorancia. Nos tenemos que remontar a la Ilustración en Francia. Entonces, veían a la ciencia natural china como un reflejo de la propia. Aunque reconocían sus diferencias, percibían que eran fruto de sus diferentes perspectivas. Por eso, era de esperar encontrarse con quienes querían que los textos chinos tuvieran mayor reconocimiento, aunque a menudo se malinterpretaban las ideas de oriente.
Existía interés por China, pero el conocimiento directo era muy limitado. Eran populares los diarios de viaje, estudios jesuitas y obras de geografía, como Novus Atlas Sinensis (1655) de Martino Martini o Nouvel atlas de la Chine (1737) que acompañaba a Description de la Chine de Jean-Baptiste Du Halde. Gracias a los jesuitas, la Biblioteca del Rey tenía numerosos volúmenes y pergaminos chinos de las dinastías Ming y Qing, pero durante un siglo aumentaban en número y en polvo. En 1711, Arcadio Huang (1679-1716), un chino cristiano, llegó a París y trabajó durante cinco años en el catálogo chino. De su labor se beneficiaron Nicolás Fréret (1688-1749) y Étienne Fourmont (1683-1745), con quienes publicó sobre historia e idiomas para las Memorias de la Academia de las Inscripciones y Lenguas Antiguas. Fourmont le sucedió en el puesto y tuvo dos alumnos, donde uno de ellos enseñó chino a su sucesor Joseph de Guignes (1721-1800).
Geografía china
Joseph de Guignes fue una de las dos personas en su época que sabía leer chino en Francia. Gracias a ello, exploró sistemáticamente los cientos de obras chinas de la biblioteca, siendo muy minucioso y ofreciendo precisas traducciones más completas que sus antecesores. Interesado por el Clásico de las montañas y los mares (山海經, Shanhaijing(1)), tuvo como objetivo estudiar la geografía (地理, dili) en sentido amplio, pues en China englobaba también fenómenos naturales, astronómicos, historias de plagas y hambrunas y economía. Reconocía que la geografía en Europa estaba más avanzada, pero consideraba necesario dar voz a los conocimientos chinos.
Afortunadamente, ya se había adelantado una parte fundamental del trabajo: encontrar un puente entre la geografía occidental y china a través de una unidad de longitud estandarizada (li). El jesuita Antoine Gaubil (1689-1759) publicó Observations mathématiques, astronomiques, géographiques, chronologiques et physiques, tirées des anciens livres chinois (1729-1732) donde, entre otras cosas, contaba la historia de la astronomía china, basándose mayormente en el Shujing que él mismo había traducido. Contaba que, si con un reloj solar cuyo gnomon medía 8 pies, se medía la sombra al mediodía a dos latitudes a 1000 li de distancia, habría una pulgada de diferencia. Esta medida estandarizada permitía tanto reconocer los logros de los conocimientos chinos como interpretar de manera exacta las distancias de los textos.
De China a América
En 1761, en las Memorias de la Academia de las Inscripciones y Lenguas Antiguas, se publicarían dos trabajos complementarios para responder a los enigmas planteados: Mémoire sur le li, mesure itinéraire des Chinois de Jean-Baptiste Bourguignon d'Anville (2), sobre el valor del li en tiempos antiguos, y Recherches sur les navigations des Chinois du côté de l'Amérique et sur quelques peuples situés à l’extrémité orientale de l’Asie de Joseph de Guignes, sobre el origen chino de los americanos.
La investigación de Guignes partía del Examen integral de la literatura (文献通考, Wenxian Tongkao), una obra enciclopédica de Man Duanlin (1245-1322) que recopilaba y resumía gran cantidad de literatura china. En este cuenta la historia del monje Huisheng que volvió en el 499 d.C. de la tierra de Fusang, llamada así por los árboles homónimos que allí crecían. Los nativos eran un pueblo civilizado que producían papel y ropas de la corteza del fusang; se alimentaban de su fruta y brotes; construían cabañas de la madera de mora roja (Morus rubra); criaban ciervos para obtener carne y leche; montaban a caballo y usaban ciervos, búfalos y caballos como animales de carga. Tenían un gobernante, pero no ejército. Tenían una cárcel al sur y otra al norte, yendo a esta última los condenados a cadena perpetua, que podían casarse y tener hijos, pero nacían como esclavos y criadas. Casarse era tan fácil como construir una casa junto a la mujer que se quería sin que te echara durante un año. Tenían luto de 3 a 7 días, durante los cuales no comían, solo bebían. Aunque vivían sin religión, eso cambió 14 años antes gracias a cinco monjes budistas. La tierra de Fusang estaba a 20000 li al este de Dahan y, a otros 1000 li, estaba la tierra de las mujeres, donde estaban cubierta de pelo, caminaban erguidas y hablaban mucho entre ellas, pero eran tímidas con los humanos.
Aunque la versión más antigua de la historia que cita es de Historia de las dinastías sureñas (南史, Nan shi), ya se contaba previamente en el Libro de los Liang (梁書, Liangshu) del 635 d.C. El fusang es aún más antiguo, mencionándose en mitos solares milenarios. El dilema estaba en la longitud del li. ¿Era el li de la dinastía Tang (618-690, 705-907 d.C.), cuando se contó la historia, o de la dinastía Liang (502-557 d.C.), en torno a la que se sitúa? Casualmente, la historia tenía una distancia conocida: los 12000 li entre la península de Liaodong en Manchuria y el centro de Japón. Asumiendo que carecían de técnicas de navegación para el mar abierto, el trayecto bordeaba la costa. Los primeros 12000 li lo formaban dos tramos de 7000 y 5000 li. Luego se dirigía 7000 li al norte a un lugar llamado Ieso, que podría ser Hokkaido. Le seguían 5000 li hasta Dahan, que situaron en la península de Kamchatka. A partir de ahí, los otros 20000 li bordearían Alaska y Canadá hasta alcanzar el norte de California.
Propósito
El primer objetivo era responder al origen de los nativos americanos. No era una pregunta meramente científica, sino también religiosa. América se había percibido como el jardín del Edén pues, como la tierra de Fusang, se situaba en el extremo oriente. En Historia natural y moral de las Indias (1588), José de Acosta propuso que los tártaros, chinos y americanos eran descendientes de Jafet, hijo de Noé, quienes habrían llegado a través de algún punto próximo (el estrecho de Bering sería descubierto por Simeon Deshnev en 1648). Mientras tanto, Isaac de la Peyrère era partidario de la hipótesis preadamita por la que Dios creó otros hombres en otros lugares antes que a Adán. Era un tema sin consenso y peligroso, pues podía chocar con la doctrina cristiana.
El segundo objetivo era demostrar la validez de la geografía china. En este aspecto, su mayor defensor fue Philippe Buache, pues, como él, los chinos tradicionalmente dividían el mundo en regiones divididas por ríos y cadenas montañosas. Creía en la geografía como una ciencia predictiva, vaticinando la presencia de un continente en el hemisferio sur. En base a ello, creía que Eurasia y Norteamérica tenían forma de triángulos isósceles de igual tamaño con posiciones invertidas entre sí, por lo que Norteamérica debía ser mucho más grande para igualar a Eurasia. Por raro que parezca, hay que entender que entonces seguían buscando el paso del norte y las tierras en torno a los polos eran desconocidas. En ese contexto, creía en el mar del Oeste, una bahía donde se sitúa la costa occidental de Canadá. Confiaba en que una supuesta expedición del inexistente almirante Bartholomew de Fonte en 1640, que se publicó en Londres en 1708. Creía que conectaba los océanos Pacífico y Atlántico a través de la bahía de Hudson o una entrada por la Canadá francesa.
Desacreditación
Guignes y Buache colaboraron en esta propuesta desde 1652. Cuando Guignes le envió sus ideas a Antoine Gaubil, este consideró que no tenía sentido desde el punto de vista histórico. Guignes le respondió que algunos mapas antiguos japoneses con fuentes chinas mostraban a América, pero Gaubil le indicó que eran recientes y reflejaban el interés japonés por la cartografía europea. Como no pudo encontrar pruebas de una actividad comercial activa entre China y Fusang, Guignes culpó a la ignorancia geográfica de Huishen y, posteriormente, admitió que las distancias probablemente estaban exageradas, pero sin rechazar la posibilidad del viaje. A pesar de todo, Gaubil no lograría convencerlo. Después de todo, Guignes también defendía que los chinos descendían de los egipcios, por lo que su cosmovisión debía estar muy enraizada. Con quien sí tuvo éxito fue con Joseph-Nicolas Delisle, inicialmente muy entusiasta, con quien se escribió hasta el final de sus días.
Inicialmente, la teoría de Fusang tuvo éxito, pero no sobrevivió a sus proponentes. Los mapas de Buache fueron los primeros en descartarse. En 1831, Julius Klaproth desmontó la propuesta de Guignes punto por punto. A pesar de ello, desafiar las ideas preconcebidas es atractivo y el tema resurge periódicamente. No solo con la infame obra de Menzies, sino también con Fusang: or, The discovery of America by Chinese Buddhist Priest in the Fith Century (1875) o el informe de 1901 de la revista T'oung Pao.
Notas
- El Clásico de las montañas y los mares es una obra del siglo IV a.C. lleno de lugares y criaturas mitológicas. Suele ser el primer testimonio escrito de muchas criaturas, como el fenghuang o el tian gou. Aunque Guignes no lo cita, aquí se menciona por primera vez la tierra de Fusang.
- D'Anville fue alumno de Guillaume Delisle y, en su taller, compañero de Philippe Buache. Juntos se especializaron en mapas de China. Buache fue encargado del mapa que publicó Guignes. Guillaume Delisle fue padre de Joseph-Nicolas Delisle.
Fuente
-
Statman, A. (2016). Fusang: The Enlightenment story of the Chinese
discovery of America. Isis, 107(1), 1-25.