El unicornio, el animal de identidad múltiple, pero un solo cuerno
A diferencia de Pegaso, el unicornio no es un animal mítico, sino que nació de la convergencia de varias descripciones de varios animales supuestamente reales. Por eso, si buscamos en qué se basaba, no vamos a encontrarnos a un único candidato.
Revelado por una fuente poco fiable
Indika de Ctesias de Cnido (s. V a.C.) nos desvela la existencia de esta criatura. Por una parte, desde la antigüedad, este autor tenía más fama de mentiroso que Herodoto. A él se deben las leyendas de razas humanas extraordinarias, grandes serpientes, mantícoras y otras criaturas en el lejano oriente. Por otra, lo conocemos a través de citas, generalmente criticándolo. Una desventaja de ello es que estas posiblemente tengan aportes de los copistas. A pesar de todo esto, tuvo la suficiente influencia para que su obra dejara vestigios más allá de la Edad Media. Cuando habla del unicornio, se refiere a él como un asno salvaje:
En la India hay ciertos asnos salvajes que son tan grandes como caballos, si no mayores. Sus cuerpos son blancos, sus cabezas rojo oscuro y sus ojos azul oscuro. Tienen un cuerno en la frente, que tiene un pie y medio de longitud. La base de este cuerno, a dos palmos sobre la frente, es blanco puro; la parte superior es afilada y de un carmesí brillante, y el resto, o porción media, es negro. Aquellos que beben de estos cuernos, convertidos en recipientes de bebida, no son sometidos, dicen, por las convulsiones o la enfermedad sagrada (epilepsia). De hecho, son inmunes incluso a los venenos si, incluso antes o después de tomar estos, beben vino, agua o cualquier otra cosa de estos recipientes. Otros asnos, tanto domados como salvajes, y de hecho todos los animales con pezuñas sólidas, no tienen astrágalos ni vesícula en el hígado, pero estos tienen ambos. Este hueso es el más bello que he visto, es como el de un buey en el aspecto general y tamaño, pero tan pesado como el plomo y del color del cinabrio. El animal es excepcionalmente veloz y poderoso, por lo que ninguna criatura, ni caballo ni ningún otro, puede superarlo. Cuando comienza a correr, comienza lento, pero aumenta gradualmente su velocidad y, cuanto más lejos, más rápido va. Esta es la única manera de capturarlos: cuando llevan a sus crías a los pastos, debes rodearlo con muchos hombres y caballos. No abandonarán a su descendencia y lucharán con cuerno, dientes y cascos; y matan a muchos hombres y caballos. Son abatidos por flechas y lanzas. No pueden ser capturados vivos. La carne de este animal es tan amarga que no puede comerse; se caza por su cuerno y su astrágalo.
Este animal fue revisitado por las principales figuras del mundo grecorromano. En primer lugar, Aristóteles (384-322 a.C.) en Historia de los animales, dice que la mayoría de animales con cuernos son bisulcos, pero el órice es bisulco y tiene un cuerno, mientras el asno indio tiene cuernos y es el único solípedo con astrágalo. Dado cómo descartaba otras afirmaciones de Ctesias, probablemente sería este el único dato al que otorgaba utilidad. El astrágalo es el hueso del tobillo que le sería muy reconocible por el juego de las tabas, donde se usan astrágalos de oveja, por eso descarta su presencia en animales donde su forma es diferente. En su octavo volumen de Historia natural, al hablar de los animales terrestres de India/Etiopía, Plinio el Viejo (23-79 d.C.) lo llamó monoceros y le dedicó una descripción completamente diferente:
En la India nacen también los bueyes de pezuña compacta, con un solo cuerno, y la fiera llamada axis, con piel de cervatillo con manchas más abundantes y más blancas, apropiada para los sacrificios al padre Líber. (Los indios orseos cazan monos blancos en todo su cuerpo.) Sin embargo la fiera más salvaje es el monocerote, similar al caballo en el resto del cuerpo, en la cabeza al ciervo, en los pies al elefante, en la cola al jabalí, con un mugido grave, un solo cuerno negro en el centro de la frente, el cual sobresale dos codos. Dicen que esta fiera no puede ser capturada viva.
Claudio Eliano (175-235 ad.C.) es excepcional porque no critica a Ctesias y, en Sobre la naturaleza de los animales, extiende su descripción del asno indio, pero sin dar detalles nuevos. Además, en el contexto de que en la India hay equivalentes salvajes a animales domesticados, como perros, ovejas, cabras y ganado, que vagan sin pastor, introduce al Cartazonus. Se trata de un caballo con crin roja, patas no articuladas de elefante y cola de cerdo, con un afilado cuerno negro entre las cejas que crece con anillos/espirales (εἱλιγμός, heligmós). A esta animal solitario, que recuerda al monoceros de Plinio, le otorga una voz poderosa y un trato amable con otros animales, pero agresivo con sus congéneres, salvo durante el apareamiento. El Cartazonus es idéntico al rinoceronte indio (Rhinoceros unicornis). De hecho, en Etimologías, Isidoro de Sevilla (560-636 d.C.) equipara rinoceronte, monoceros y unicornio, asegurando que se enfrenta al elefante. A pesar de ello, Eliano asegura que no son lo mismo, pues los griegos y romanos reconocen al rinoceronte por su cuerno en la nariz.
En Topographia Christiana, Cosmas Indicopleustes (s. VI d.C.) añade que es invencible gracias a su cuerno, lanzándose de los acantilados cuando es perseguido y cayendo sobre este de tal forma que amortigua el impacto para poder proseguir su huida.
Sacralización
Estos animales tienen un cuerno y el nombre del monoceros de Plinio comparte significado con el unicornio pero posiblemente no los reconozcas como tal. Durante la Edad Media ocurriría el proceso para que se convirtiera en el corcel blanco y puro.
La presencia del unicornio en la Biblia es resultado de la Septuaginta, donde los traductores alejandrinos, en la traducción al griego, usaron monoceros (μονόκερως) en lugar de buey salvaje (re êm). Este intercambio estuvo presente en traducciones posteriores, como la Vulgata y la Biblia del rey Jacobo. El unicornio bíblico indomable, poderoso y peligroso.
Para Samuel Bochart (1599-1667), el re êm de la Biblia no podía ser ni un rinoceronte ni un buey salvaje porque no eran nativos de Palestina. Basándose en Aristóteles y Plinio, razonó que se trataba de una cabra relativamente grande y fuerte de un cuerno, que aún era común en Arabia, donde la conocían como rim. Probablemente se trataba de un órice blanco (Oryx leucoryx), que tiene dos cuernos orientados hacia atrás, pero que en una vista lateral. En cuanto al término bíblico, cuando Henry Rawlinson (1810-1895) descifró los antiguos textos cuneiformes de inscripción de Behistún se desveló la palabra rimu, que se refería al uro (Bos primigenius) y se pudo relacionar con tel término hebreo. En cualquier caso, en Contra los gentiles, Tertuliano de Cartago (160-220 d.C.) ya comparaba tanto al unicornio como al toro con Jesús en Deuteronomio 33:17 porque puede ser tanto mansos como brutales y los consideraba símbolos de la cruz. Ambrosio de Milán (340-397 d.C.) equiparó directamente a Cristo con el unicornio y, por ello, habría estado presente desde el jardín del Edén.
Su identificación con Cristo permitió aludir a la Virgen en el Physiologus y los bestiarios que parten de él, pues el conocimiento de la naturaleza era una manera de entender a Dios. De esta manera, el unicornio o monoceros era una criatura rápida, perspicaz y bella o tan pequeña como un niño o chivo expiatorio, pero tan fuerte que el cazador no puede acercarse a él. En su lugar, usan a una virgen casta, colocándose en su regazo, donde es alimentado y calentado, para luego llevarlo al palacio de los reyes. En la lección, su cuerno (Juan 10:30; Lucas 1:69; Salmos 22: 21), tamaño (Mateo 11: 29) y perspicacia (Juan 1:14) se justificaban en base a palabras y alusiones a Jesús en el cristianismo. Era un niño o chivo expiatorio, hecho de carne pecadora, pero combatiendo el pecado. El encuentro con la virgen es la encarnación de Cristo y, con su muerte, puede ascender con Dios.
En los siglos XIV y XV, la captura perdió importancia y se ligó a la virgen como símbolo de pureza, castidad y feminidad inaccesible, mientras se añadió al león como el deseo masculino. Posteriormente, el unicornio pierde presencia y representa la inaccesibilidad de lo fantástico.
Propiedades curativas
Hildegarn de Bingen (1098-1179 d.C.) en Physica fue la primera en hablar de sus propiedades curativas:
Pulveriza el hígado de un unicornio, disuelve este polvo en grasa preparada con yema de huevo y haz un ungüento, y no habrá lepra... La lepra, por supuesto, a menudo proviene de la bilis negra y de la sangre negra estancada. Si haces un cinturón con la piel del unicornio y te ciñes con él, ninguna plaga, por grave que sea, ni ninguna fiebre te dañará. Además, si haces zapatos con la piel y los usas, siempre tendrás pies, piernas y articulaciones sanas, y ninguna peste te dañará mientras los uses.
Posteriormente se añadió:
Si un hombre teme ser envenenado, debe colocar la pezuña de un unicornio debajo del plato donde está la comida o debajo de la taza que contiene su bebida, y si hay veneno en ella, se pondrán hirviendo si están calientes, pero si están frías comenzarán a humear y así sabrá que hay veneno mezclado con ellas.En las fuentes árabes, Al-Biruni (973-1050 d.C.) describió al karkadann con el aspecto de un rinoceronte, pero las ilustraciones podían mostrarlo como un equino con un largo cuerno en la frente. Para autores posteriores, su cuerno era como el khutu, un fantástico antídoto, propiedad que no compartiría con los cuernos de rinocerontes en los textos árabes hasta el siglo XIII. El khutu era un material relacionado con la cuchillería en su primera mención en Hudud al-’Alam (982), que Al-Biruni usa para llamar al cuerno de rinoceronte, que equipara con el hueso frontal de un toro de las tierras de los kirguises. En este observa propiedades alexifármicas, es decir, puede detectar los venenos. La difícil identificación del khutu se debe a que se usó para referirse también a dientes, raíces de árboles y serpientes, pudiendo ser blanco o negro. Al rastrearse sus orígenes, se interpreta que pudo ser un diente de morsa (Odobenus rosmarus), cuando era curvo, o de narval (Monodon monoceros), cuando era recto y hueco.
En la Europa cristiana, el cuerno de unicornio o alicornio (árabe: al, "el"; francés: li, "el"; latín: cornus, "cuerno") era muy apreciado por sus cualidades alexifármicas y tenían un precio reservado tan solo para reyes y papas. Habitualmente, se trataban de colmillos de narvales, que todavía se vendían en los siglos XVII y XVIII. Los negros cuernos espirales del antílope indio (Antilope cervicapra) también se ofrecieron como alicornios. En el siglo XVI, cuando se vendía en forma de polvo, podían ser huesos, cuernos, pezuñas, estalactitas o estalagmitas molidas. Aunque Ole Worm (1588-1654) ya señaló públicamente que los cuernos que traían del mar eran de un mamífero marino, tardó en desinflarse su venta. Después de todo, persistía la creencia de que el mar tenía especies equivalentes a las terrestres, por lo que los narvales lógicamente demostraban que debían existir unicornios.
Revelación
Cualquier criatura de la historia natural y los bestiarios acaba conociendo el mismo proceso: después de la Edad Media y conocer mejor el mundo, o se revela su verdadera identidad o se descubre que nunca existió. Georges Cuvier (1769-1832) argumentó que no merecía la pena buscar animales míticos de anatomías imposibles, pues nunca había observado un animal con un cuerno simétrico o situado en la sutura de dos huesos.
Cuando se mencionaba la mera posibilidad de su existencia, lo hacía en un contexto que podríamos llamar criptozoológico, como el tso’po de un manuscrito tibetano del que informó Barré Latter (1777-1822); la ilustración de los khoikhoi en Sudáfrica mencionada por Anders Sparrman (1748-1820) o el ndzoodzoo de los makua de Mozambique. Siempre era en zonas inexploradas, principalmente en África y Asia. Después de todo, animales, como el gorila y el okapi, abandonaron las leyendas del mismo modo.
Creación de un unicornio real
Plinio el Viejo en su undécimo volumen de Historia Natural decía que los cuernos de los bueyes se podían deformar en cualquier dirección si se calentaban con cera ardiente. En Voyage dans l'intérieur de l'Afrique (1790), François Levaillant (1753-1824) contó que algunos cafres modificaban los cuernos de su ganado, deformándolo o ramificándolo. En The Uncivilized Races, or Natural History of Man (1868), John George Wood (1827-1889) corroboró esta práctica. En 1906, el rey de Nepal regaló al príncipe de Gales, futuro Jorge V de Reino Unido, dos carneros barwal que tenían un solo cuerno central. Chandra Shumsher Jung Bahadur Rana (1863-1929), primer ministro nepalí, aclaró en 1911 que no hay una raza especial de ovejas con un cuerno, sino que carneros azules (Pseudois nayaur) que, cuando tienen dos o tres meses, y le están saliendo los cuernos, se les quema con un hierro candente y se les cura la herida para qu ambos cuernos se formen juntos. Walter Sydney Berridge habló de ellos en Marvels of the Animal World (1921)William Franklin Dove (1897-1972), que contradijo a Cuvier al indicar que los cuernos no crecen en el hueso, sino que en su desarrollo se unen a él, señaló que la cauterización del barwal tan solo produciría que los huesos crecieran más separados. En estos carneros, los núcleos de los cuernos realmente estaban en el centro. Por eso, Dove planeó crear su propio unicornio. Adquirió en marzo de 1933 una ternera recién nacida de raza Ayrshire y le cortó las yemas de los cuernos, uniéndolos con tiras de piel. Luego, colocó una yema sobre la otra sobre la sutura de los huesos frontales. De esta manera, le creció un grueso cuerno sobre la frente.
La práctica de deformar los cuernos de los animales está documentada en varios pueblos del mundo. No es descartable que ocurriera en la antigüedad, como decía Plinio, el carnero de Pericles (495-429 a.C.) o de Daniel 8. En el arte antiguo se muestran ungulados con un solo cuerno, pero es difícil determinar si es algo más que simplicidad o mera perspectiva.
Por otra parte, ninguna identificación del unicornio es absoluta porque bajo este nombre se han presentado descripciones independientes e incompatibles. El propio asno salvaje de Ctesias podría ser simultáneamente un kiang (Equus kiang) o un chirú (Pantholops hodgsonii) de la meseta del Tíbet, pero solo en lecturas parciales. Él mismo podría haber combinado información de varias fuentes mezclando varios animales.
Fuentes
- Lavers, C. (2014). The natural history of unicorns. Granta Books.
- Strubel, A. (2015). The Unicorn. In Companion to Literary Myths, Heroes and Archetypes (pp. 1145-1150). Routledge.
- Lavers, C. (2017). Origin of myths
related to curative, antidotal and other medicinal properties of animal
“horns” in the Middle Ages. In Toxicology in the middle ages and renaissance (pp. 101-114). Academic Press.