Las hipótesis del primer idioma del mundo
La humanidad ha buscado la pureza en el idioma para encontrar la lengua primordial, aquella que no ha sido alterada. La primacía implicaba la antigüedad del pueblo que lo hablaba, un interés similar al que existía en Sumeria con la ciudad más antigua, y su cercanía a Dios.
Experimentos de aislamiento
Herodoto contaba que, según los sacerdotes de Hefesto (Ptah) en Menfis, los egipcios de tiempos de Psamético I (664-610 a.C.) creían que ellos eran el pueblo más antiguo, pero que el faraón decidió averiguar si era cierto. Como no obtuvo respuesta de ningún hombre, entregó a dos recién nacidos ordinarios a un pastor, pero no debían oír ninguna palabra y vivir en solitario en una habitación. A los dos años, los niños extendieron los brazos y gritaron becos, que era una palabra desconocida para el pastor. Cuando la noticia llegó al faraón, este preguntó qué significaba y descubrió que los frigios llamaban de esta manera al pan. Por lo tanto, los frigios debían ser aún más antiguos que los egipcios. Se considera que una versión de este relato pudo conocerse primero a través de Genealogías de Hecateo de Mileto.
No se trata de un razonamiento aislado. En el Vibhaṅga-aṭṭhakathā budista cingalés, se cuenta que un niño aprenderá el idioma del primer padre que oiga pero, si no oye ninguno o si habita en un bosque donde no se pronuncia ninguna palabra, hablará magadhi.
En Crónica del monje franciscano Salimbene di Adam (1221-1290) cuenta que Federico II de Hohenstaufen, emperador del Sacro Imperio Germánico, replicó el experimento de Psamético I, obligando a las madres adoptivas y nodrizas a no hablarles para averiguar si hablaban hebreo, griego, latín, árabe o la lengua de sus padres, pero se comunicaban con gestoso. No obstante, Salimbene no tuvo contacto con el emperador y fue crítico con el emperador excomulgado por el papa Gregorio IX, por lo que la veracidad de la historia es cuestionable.
En The Historie and Chronicles of Scotland, 1436-1565 de Robert Lindsay de Pitscottie, Jacobo IV de Escocia (1488-1513) repitió el experimento criando a unos niños con una mujer muda en la isla de Inchkeith, en el fiordo de Forth, Escocia. Los niños hablaron hebreo, pero lo ponía en duda. Era viable realizar el experimento teniendo en cuenta la fecha y lugar y, como Federico II, Jacobo IV tenía interés en las rarezas, pero no solo no hay otro testimonio de ese uso de la isla, sino que se cuenta en un segmento del texto basado en rumores.
En cambio, el experimento del emperador mogol Akbar el Grande (1556-1605) está avalado por documentos contemporáneos. Según Abu'l-Fazl, en 1578, el emperador dijo que el habla llegaba a todas las tribus a través de la audición, y que así había sido desde el principio de la existencia. Por ello, si no oían el habla, no la desarrollarían. Si lo hiciera, lo consideraría un habla divina. Mandó construir un recinto donde no se oyera el sonido de la civilización y se situara allí a un recién nacido, con guardias activos y honestos. Tendría cuidadoras que no dirían ni una palabra y el lugar se llamaría Gang Mahal. El 9 de agosto de 1582, tras cazar, pasó la noche en Faizabad y al día siguiente lo visitó. Había pasado 4 años allí y no se oía otro ruido que el del niño. Como no especifica más, el resultado es ambiguo.
Badayuni, que no tenía tan buena opinión de Akbar como Abu'l-Fazl, cuenta que un día trajeron a un hombre sin orejas ni orificios ni canal auditivo visible, pero que oía todo lo que le decían. Para verificar sus circunstancias, se ordenó que unos 20 bebés lactantes se mantuvieran en un recinto cerrado, lejos de las habitaciones y de sus madres, con cuidadoras disciplinadas para que no dijeran ni una palabra. En tres o cuatro años, todos los niños se quedaron mudos o murieron.
Jerónimo de Ezpeleta y Goñi, que estuvo en la tercera misión jesuita en 1598, cuenta que, 20 años antes, hicieron callar a 30 niños antes de que pudiera hablar y pusieron a guardias para que las cuidadoras no pudieran enseñarle el lenguaje. El objetivo era seguir la ley y costumbres aquel país cuyo idioma hablasen, pero ninguno lo hacía claramente, por lo que Akbar no siguió más ley que la propia.
Las fuentes no contemporáneas, aunque añaden datos adicionales, difieren con el tiempo, pero coinciden en que los niños no hablaron.
Auge y caída del hebreo
Hubo cierto consenso de situar al egipcio o al hebreo como candidatas a ser las lenguas más antiguas. La primera por reconocerse la antigüedad de su civilización, mientras que la segunda tenía un motivo puramente bíblico: el Antiguo Testamento se escribió en hebreo, por lo que debió ser el idioma del jardín del Edén, antes de la construcción de la torre de Babel (Génesis 11) o la descendencia de Noé (Génesis 10). Como indicó Agustín de Hipona (354-430), a partir de la descendencia de Sem, Cam y Jafet surgirían las lenguas semitas, camitas y jafetitas, cuyo número se corresponde con los hijos de cada uno (27, 30 y 15, respectivamente). A pesar de ello, la Biblia no indicaba qué se hablaba antes, sino que lo hacía la obra apócrifa del Libro de los jubileos y el Libro de los Números de Orígenes de Alejandría (184-253), que apuntaban al hebreo. En Mithridates sive de differentiis linguarum (1555), Conrad Gessner intentó vincular a este a 55 de las 71 lenguas corrompidas. Sin embargo, aunque fue el planteamiento aceptado en la Edad Media, Gregorio de Nisa (330/335-394/400) lo rechazaba y Efrén de Siria (306-373) y Teodoreto (393-457) apuntaban al sirio como más antiguo.
Como decía Ibn Hazm (994-1064), debía existir un idioma previo que contuviera a todos los demás, una lengua madre (lingua matrix, progenitrix o Ursprache) y el estudio de lenguas como el copto, etíope, árabe, fenicio y púnico despoja de santidad al hebreo. Aparte, en el estudio comparativo Diatriba de Europaeorum linguis, José Justo Escalígero (1540-1609) propone un origen múltiple de los idiomas, con los grupos mayores del latín, griego, germánico y eslavo y menores del albanés, tártaro, vasco, húngaro, fino-lapón, irlandés y bretón. Respecto al hebreo, razonaba que debieron hablar una variedad de asirio que cambió con el contacto fenicio-cananeo, perdiéndose su lengua original. En De quator linguis commentatio, Méric Casaubon cuestiona el origen babélico de los idiomas, sitúa al hebreo como una más y remarca la inaccesibilidad de la lengua originaria. Philipp Clüver (1580–1623), Stephen Skinner (1623–1667) y Joachim Périon (1499–1559) subrayan que debió desaparecer completamente, sin tener relación con las lenguas posteriores.
El idioma de Adán suele quedar cerca
Junto con la Reforma protestante surgieron voces nacionalistas que tendían a exaltar lo propio como lo mejor y primero o destacaban con una nota discordante, aunque no necesariamente acertada. Una opinión común es que el cambio suponía una corrupción del lenguaje, por lo que un idioma inmutable era puro, candidato a ser el origen de los demás y meta a recuperar para recuperar un código de comunicación universal. Esta mentalidad sería responsable, por ejemplo, de arreglos que explican algunas incongruencias del inglés.
Neerlandés
Johannes Goropius Becanus (1519-1572), el nombre latinizado de Jan van Gorp, argumentaba en el voluminoso Origines Antwerpianae, sive Cimmeriorum Becceselana (1569) que el dialecto brabantino, que se hablaba en el Ducado de Brabante, era el idioma más antiguo y perfecto debido a su simpleza, pues sus palabras eran más cortas que en el latín, griego o hebreo. Afirmaba que los neerlandeses, y más concretamente la gente de Amberes, provenía de los Atuátucos, que según Julio Cesar descendía de los cimbrios de Jutlandia. Estos serían idénticos a los cimerios o gómeres de la región del mar Negro, citados por Homero en la Odisea, e hijos de Gomer, nieto de Noé a través de Jafet. Por lo tanto, conservaban el idioma que les transmitió el patriarca bíblico sin alteración, pues no ayudaron a construir la torre de Babel. Los eruditos habrían ignorado esta conexión, que le había revelado Mercurio, debido a su desprecio al idioma, cuyo nombre deriva de la palabra "arquitecto". Gracias a su descubrimiento, quedaban claro los significados de los nombres bíblicos (p.ej. Noé, noot, "necesitar" y acht, "prestar atención"; Adán como [h]at/dam, "barrera contra el odio").Becanus fue admirado por sus contemporáneos. El escritor Gerbrandt Bredero (1585-1618) alabó su trabajo, el autor del primer libro de gramática no latino de neerlandés (1584) lo admitió como su inspiración y Abraham van de Myle (1563-1637) elogió su erudición. Este último decía que el belga, refiriéndose al neerlandés, había permanecido inmutable y que Breno (s. IV-279 a.C.) hubiera podido entender a un noble o campesino de su época. No obstante, Justo Lipsio (1547-1606), quien consideraba la búsqueda de la lengua del Paraíso como una pérdida de tiempo, lo ridiculizó citando salmos bajofranconios antiguos para mostrar los cambios.
A pesar de ello, su prestigio se desvanecería. Abraham Heidanus (1597-1678), aunque coincidía en que Adán debió hablar una lengua perfecta, cuyas palabras fueran sencillas, armónicas y no arbitrarias, no veía lógico que incluyera términos posteriores a la caída, como los referidos a la agricultura, la guerra, la navegación, o la forja. Gottfried Wilhelm Leibniz (1646-1716) coincidía que el "cimbrio" tenía raíces comunes con el hebreo, con más vestigios de la lengua original, pero acuñó el verbo goropise con el significado "hacer uso de etimologías extrañas y a menudo ridículas". Carolus Tuinman (1659-1728) lo criticó por basar sus teorías en conjeturas vagas y suposiciones sin fundamentos, pues no discutía ni sus principios ni métodos.
Español
Aunque Antonio de Nebrija (1444-1522) argumentaba que el español era un latín degradado, que para Bernardo José de Aldrete (1565-1641) era una hija noble, existió una teoría tubálica por la que los primeros habitantes de la península ibérica hablaban en castellano. Esta teoría recibe su nombre por Túbal, quinto hijo de Jafet, a quien Jerónimo de Estridón (342-420) cambió de la Iberia caucásica a la ibérica, idea que consolidó Isidoro de Sevilla (560-636) en Etimologías basándose en Antigüedades judías de Flavio Josefo.
El falsificador Annio de Viterbo dedicó un libro de su obra a Hispania (De primis temporibus et quatuor ac viginti regibus Hispaniae et eius antiquitate) sufragado por los Reyes Católicos para que demostrara la antiquísima estirpe de su monarquía a través de Túbal, el primero de los 24 reyes legendarios. De esta manera popularizó la teoría tubálica hasta el siglo XVII, a pesar de llevar décadas desacreditado, y esta estirpe es mencionada por Florián de Ocampo en Crónica General de España (1543) y el padre Mariana en Historia de rebus Hispaniae libri XXV (1592). En Portugal, Fernão de Oliveira defendió la teoría tubálica en Grammatica da lingoagem portuguesa (1536), pero con el portugués.
Debido a esto, por un lado se presentaba que Túbal habría traído el caldeo o arameo a la península. En cambio, Benito Arias Montano lo sustituye por Sefarad, a quien sitúa como su hermano, que llegó deportado por Nabucodonosor y quien trajo el hebreo o cananeo. Con todo, un origen semita no encajaba con el antijudaísmo ni con la defensa del plurilingüismo prerromano. Aparte, dada su peculiaridad, era inevitable la tesis vasquista durante el reinado de los Austrias, donde la rama vascoibérica aunaba la teoría tubálica, identificando al eusquera con el ibero, descendiente, como no, de Túbal.
La tesis vasquista, que básicamente era una justificación política para enaltecer el noble linaje vasco y defender sus privilegios forales, chocaría en el siglo XVII con la tesis de Gregorio López Madera en Discursos de la certidumbre de las reliquias descubiertas en Granada desde el año 1588 hasta el año 1598 (1601), donde el castellano era la lengua tubálica primigenia del reino. Esta obra usaba un pergamino atribuido a Cecilio de Granada, discípulo del apóstol Santiago, con la traducción al castellano de la profecía de san Juan sobre el fin del mundo, encontrada entre las reliquias de la torre Turpiana de Granada, como prueba de que el castellano era la lengua de Túbal. El pergamino no disimulaba su castellano idéntico al contemporáneo a la obra, pues era inmutable. En Arte de la lengua española castellana, Gonzalo Correas presenta que los romanos, al ser menos en número, la influencia latina era despreciable.
Con esta base y criticando a Becanus, pues necesitaba distinguirse al partir de la misma idea, Juan Caramuel Lobkowitz (1606-1682) situó al español como lengua primigenia. En Hebraeus Iberus (1635) y Declaracion Mystica de las armas de España, invictamente belicosas (1636) defiende con etimologías absurdas su reescritura de la historia universal. Sus objetivos son ensalzar a España, el nombre de esta, su monarquía y el catolicismo. En consecuencia, Adán era español y el jardín del Edén estaba en Castilla. De hecho, la creación del mundo comenzó con España, pues no había una tierra más importante ni soberana. Aunque en la primera obra señala al idioma prerromano como íbero, al final defendería que el español se habló en la península desde Adán hasta el diluvio, siendo Jafet quien conservó el idioma y pobló España. Esto implica que el resto de pueblos descendientes de Jafet, también lo son de España y, como no participaron en la construcción de la torre de Babel, los libraba del pecado de soberbia. De esta manera, Roma fue fundada por españoles. Personajes bíblicos como los Reyes Magos, el centurión que pidió a Jesús que curara a su criado (Mateo 8:5-13) y el centurión que presenció su muerte eran españoles. No solo eso, sino que esta tierra era católica antes de Cristo. La etimología del propio nombre de España derivaba del nombre de Dios.
Como podía encontrarse en problemas por contradecir a la iglesia en la primacía del hebreo, interpretó que era indistinguible del español, como demostraba el topónimo Iberia, derivado del príncipe Hebreo de Hispania cuyo nombre ser conserva en el río Ebro. En su madurez, Caramuel adoptaría la tesis canónica y no volvería a apoyar las afirmaciones que publicó en los Países Bajos.
Chino
Debido a las misiones jesuitas, los informes de viajeros y el comercio, hubo un gran interés en Inglaterra en el siglo XVII a la magnificencia de China. John Webb (1611-1672), quien había mostrado su interés por la historia con sus publicaciones sobre Stonehenge y las lenguas orientales, publicó An historical essay endeavouring the probability that the language of the empire of Chine is the primitive language (1669) dedicado a Carlos II de Inglaterra. Basándose en el mito chino del diluvio, argumentó que el arca de Noé se construyó allí y alojó a su gente. Los chinos serían descendientes de Sem y habrían conservado su idioma y costumbres, ajenos a conflictos y viviendo en contemplación. Por su antigüedad, Joseph Edkins (1823-1905) defendió en The Evolution of the Chinese Language (1887) que el chino debía ser el idioma original.
Teoría jafética
Nikolay Yakovlevich Marr (1864-1934) relacionó las lenguas kartvelianas del Cáucaso, el hamito-semita (hoy afroasiático) y el vasco como la familia jafética, argumentando que formaba el sustrato que precedió el indoeuropeo en Europa occidental. Posteriormente, lo extendió a que todos los idiomas descendían de un único ancestro y que ese protomundo se desarrolló desde un conjunto de cuatro exclamaciones prelinguísticas: las sílabas sal, ber, yon y rosh. Aprovechándose del clima marxista de la unión soviética, caracterizó al lenguaje como un fenómeno superestructural, afirmó que las distintas clases sociales tenían lenguajes diferentes. De esta manera, había más proximidad en el lenguaje de una misma clase social, aunque tuviera idiomas distintos, que entre los distintos registros de una misma lengua. En 1950, inspirado por el principal opositor a Marr, el propio Stalin refutó su teoría en Pravda
Turco
Esta creencia se desarrolló lentamente con el nacionalismo y los cambios políticos en el Imperio otomano y posteriormente Turquía. En Les Turcs Anciens et Modernes (1869), Mustafa Celaleddin Pasha vinculó los lenguajes túrquicos con los idiomas de los arios o indoeuropeos. Defendía la antigüedad del turco, los agrupaba con las lenguas europeas y refutaba su inferioridad racial. Como se suele repetir con ejemplos similares, las conexiones etimológicas que proporciona carecen de una metodología aceptable y se basan en parecidos superficiales. Aunque no vendió mucho, su hijo siguió propagando sus principios y su nieta estuvo casada con el primer presidente del Instituto del Lenguaje Turco, fundado en 1932, por lo que resurgió la afirmación del turco como un idioma indoeuropeo.
El siguiente paso lo realizó Ahmet Cevat Emre (1876-1961), quien hizo campaña por romanizar el turco, lográndolo en 1928. No creía simplemente que el turco fuera una lengua indoeuropea, sino que el túrquico antiguo era el idioma indoeuropeo original y, además, la escritura cuneiforme del sumerio, no relacionado ni con las lenguas indoeuropeas ni semitas, era una invención turca.
La identificación del turco como la lengua adámica, madre de todas las demás, la realizó Ahmet Cevat Emre (1876-1961) en 1894. Su yerno Samih Rıfat mantuvo viva su creencia, siendo ridiculizado, pero a su muerte se le reconocieron sus aportaciones e, influenciados por la teoría jafética, en 1935 se abandonarían las precauciones científicas y se promulgaría la teoría del lenguaje solar. Apoyada por Mustafa Kemal Atatürk, primer presidente de Turquía, argumentaba que los humanos primitivos adoraban el Sol y pronunciaban la sílaba aǧ al verlo, convirtiéndose en el primer morfema.
No fue el único caso donde se pretendió extender la influencia del turco. De manera independiente, Ethel Stewart sostenía que los hablantes de las lenguas atabascanas de Alaska, el noroeste de Canadá, la costa de California y Oregón y los navajos y apaches del suroeste de Estados Unidos, huyeron de Asia central por la conquista mongola del Imperio tangut (1038-1227 d.C.). Su razonamiento era cuestionable. Como estos pueblos vivían en zonas sin serpientes o con ofidios inocuos con un tamaño corriente, pero contaban historias de serpientes monstruosas, concluía que se trataba de una memoria remota de aligátores del Yangtsé (Alligator sinensis). Esta especie y el río no estaban en el Imperio tangut sino en los territorios de la dinastía Song (960-1279 d.C.). Adicionalmente, comparaba la tonalidad de las lenguas atabascanas con el chino, por lo que debían tener un nexo común, pero es una coincidencia que no implica lazos y las reconstrucciones de sus predecesoras no son tonales. Al situarlos en Asia central, los asociaba a través de los pueblos túrquicos con Turquía, pero el chino no llegó a esta región del continente hasta el siglo XIII.
Arameo
Noah Webter (1758-1843) propuso en 1830 que la lengua primordial era el arameo, lengua nativa de Jesús.
Varios idiomas
Louis Le Laboureur (1615-1679) afirmó en 1667 que el español, el italiano y el francés estaban en el origen del mundo: Dios prohibió en español a Adán tocar las manzanas, el diablo usó el italiano para persuadirle a comérselas y Adán y Eva, que le creyeron, usaron el francés para pedir perdón por su desobediencia.
El filólogo sueco Andreas Kempe (1622-1689), a menudo apellidado erróneamente como Kemke, satirizaba en el panfleto Die Sprachen des Paradises (1688) a los autores que dedicaban sus esfuerzos a estas tareas y aseguró que, en el jardín del Edén, Dios hablaba sueco, Adán danés y la serpiente francés, pues con este idioma pretendía seducir a la enmudecida Eva.
Segundo lugar o empate
Hay casos que, sin rechazar la preeminencia del hebreo, exaltaban a su idioma por encima del resto. Guillaume Postel en De originibus seu de Hebraicae linguae et gentis antiquitate (1538) establece a Gómer como fundador de los celtas y galos, por lo que el rey Francisco I (r. 1515-1547) sería descendiente directo de Noé y podría ostentar el título rey del mundo. Para Louis de Thomassin d'Eynac (1619-1695), todas las lenguas provenían del hebreo, pero el francés era el más próximo a él. Por ello, en la Encyclopedia de Diderot y d'Alemberg, Nicolás Beauzée (1717-1789), autor de la entrada de Lenguaje en 1765, afirmó que el francés se conecta con el hebreo a través del celta.
En Commentaria bibliorum (1533), Konrad Kürschner destaca la superioridad del alemán, pero no se moja sobre si este es el original o lo es el hebreo. Georg Philipp Harsdörffer (1607-1658) y Justus Georg Schottelius (1612-1676), que trabajó en la estandarización del alemán, destacaron su antigüedad, su pureza y su parecido a la lengua original, pues encontraban coincidencias en las raíces de sus palabras a las de la lengua sacra. A pesar de ello, mantenían la primacía del hebreo.
En cambio, Adriaan van Schrieck (1560-1621), que defendía la primacía del hebreo, presentaba al flamenco como progenitora de las lenguas germánico-celtas y destacaba su antigüedad.
En el momento en el que Suecia afianzó su posición como potencia Europea, Georg Stiernhielm (1598–1672) intentó demostrar que los godos eran los antepasados directos de los suecos y, siendo el resto de pueblos europeos sus sucesores, el sueco era la lengua más antigua de Europa. Olaus Rudbeckius (1630–1702) identificó a Suecia con la Atlántida, sede de Jafet y sus hijos, donde se ramificaron las lenguas góticas, es decir, las de los godos vagos.
Fuentes
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